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 domingo, 27 de marzo de 2005  
Arrepentido. Los familiares de la víctima recibieron con estupor la confesión
"Es imposible que una actitud tan cobarde tenga perdón"
La hija de Manuela leyó la carta escrita por Angel, elhombre que hace 11 años atropelló a su mamá y huyó

Carina Bazzoni / La Capital

Sólo después de leer la carta del hombre que huyó tras atropellar a su madre hace 11 años, Carmen Costa pudo creer lo que le estaba pasando. Terminó el último párrafo escrito con inestable letra cursiva y lanzó un suspiro profundo, como una queja. "No lo puedo perdonar", dijo con los ojos llenos de lágrimas. Y fue taxativa: "Es imposible que una actitud tan cobarde tenga algún perdón".

Carmen tiene 58 años y es una de los cuatro hijos de Manuela Lemos, la mujer que perdió su vida después de que Angel Ortolani la arrollara con su auto y se diera a la fuga, el 1º de mayo de 1994, en la esquina de Uriburu y pasaje Mellián.

El lugar está a sólo dos cuadras de la casa de Carmen, pero ella estuvo años sin pasar por allí. "Sólo yo sé lo que me costó reponerme de la muerte de mamá. Y ahora este hombre se acuerda de arrepentirse después de 11 años. ¿Por qué no pudo dar la cara en su momento?", se preguntó, pegando la espalda en uno de los sillones de la peluquería que montó en el garaje de su casa.

Durante los 30 minutos que La Capital habló con Carmen, la mujer se mostró profundamente conmovida. Pero nunca atinó ni un gesto de revancha. Ni siquiera preguntó quién era el hombre que escribió la carta, cómo se llamaba, o dónde vivía. No pareció interesarle.

"La vida de mi mamá no me la devuelve nadie", señaló más de una vez con los ojos húmedos. "¿Qué busca esta persona con todo esto? ¿Por qué me obliga a recordar todo lo que nos pasó ese día?", se preguntó.

Cuando Ortolani la atropelló, ese 1º de mayo de 1994, Manuela iba camino a visitar a su hija, como hacía religiosamente todos los días. El accidente ocurrió a dos cuadras de la casa de Carmen, que fue la primera en enterarse de la desgracia.

"Mis vecinos vieron todo el choque. Todos saben lo que pasó", dijo Carmen y repitió el relato que escuchó decenas de veces después de ese día. Conocía todos los detalles, los recordó con los ojos cerrados, como si hubiera estado allí.

Contó que su mamá cruzaba Uriburu, que llovía, que llevaba un paraguas, que un coche la chocó, que cayó hacia un costado, que la volvió a golpear una camioneta que venía atrás, y que el primer vehículo huyó sin detenerse. "Hasta sé de qué color era ese auto: era amarillo", apuesta la mujer profundamente conmovida. Y no se equivoca.

Ni bien se produjo incidente, los vecinos golpearon la puerta de Carmen. Ella y su hija salieron corriendo hasta Uriburu y pasaje Mellián, donde encontraron a Manuela tendida en la calle.

"Lo que hizo ese hombre no tiene perdón. No puedo perdonarle que haya salido corriendo. Quizás el accidente fue una fatalidad. Quizás ella cruzó sin mirar, era una mujer grande. Pero que ese tipo la haya dejado tirada es imperdonable", advirtió Carmen.


La abuela Manuela
A pesar de que hace 11 años que no está, en el barrio todos recuerdan a Manuela. "Era un excelente persona. Y esa es la mejor herencia que me puede haber dejado", apuntó su hija y rápidamente volvió a preguntarse: "¿Sabría este tipo quien era mi mamá?".

En los días siguientes al accidente, Carmen intentó imaginarse más de una vez la cara que tendría ese hombre y le puso a su actitud cientos de calificativos. Sin embargo nunca pensó que podría saber el nombre de esa persona. Y mucho menos que alguna vez le pediría perdón por escrito en forma pública.

Que eso sucediera la dejó sin palabras. "Nunca creí que fuera a aparecer. Ni entiendo por qué lo hace ahora después de tanto tiempo. Seguramente no podría dormir con eso en la cabeza. Tendría todo el tiempo un martillo golpeándole la conciencia", intentó explicar Carmen.

Y después buscó otras razones. "Quizás huyó porque tuvo miedo, porque quiso evitarse un juicio, o pensó que le querríamos sacar plata. Pero nosotros no hubiéramos hecho nada de eso. Porque nada de eso nos hubiera devuelto la vida de mi madre".

Cuando falleció, Manuela tenía 83 años. "Quizás aún estaría viva", dijo su hija. Después pidió disculpas. "No quiero hablar más de esto. Ya pasó. Prefiero guardar otros recuerdos de mi mamá. Prefiero recordar lo buena madre que era".
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