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 domingo, 21 de noviembre de 2004  
Autógrafos, abrazos y flashes al por mayor en las puertas de El Círculo
Los más fotografiados: Fontanarrosa y El Quijote de hojalata de la vereda

Laura Vilche / La Capital

"Fontanarrosa. Dame un autógrafo para mi hija". Las palabras no pertenecen a un curioso de los tantos que se amontonaron ayer en las puertas del teatro El Círculo. Salieron de boca del director del Instituto Cervantes, César Molina, quien en la entrada del teatro desplegó un libro del Martín Fierro recreado e ilustrado por el dibujante rosarino. Allí nomás el Negro respondió al pedido: "A Laura" escribió antes despedirse con un abrazo de quien lo acompañaría minutos más tarde en el panel de cierre del III Congreso Internacional de la Lengua Española.

Y esta no fue la única postal que registró las decenas de "hasta luego", "chau", "nos vemos" y "hasta la vista" que se escucharon en la puerta de calle Laprida al 1200. El punto más cercado por los cholulos que munidos de lápiz y papel se acercaron a todos sin excepción.

"¿Quién es ese que habla allí", se escuchó desde un rincón cuando la prensa entrevistaba al ex presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti. Y alguien rápido de reflejos contestó: "No sé, pero si le están haciendo una nota debe ser conocido. Pedile que te firme".

El uruguayo no se percató del comentario porque estaba evaluando su paso por el Congreso y por Rosario. "Me voy encantado con esta ciudad, hacía tiempo que no estaba: sus edificios están restaurados y su talante es agradable, además yo soy de Peñarol y por supuesto acá soy de Rosario Central, pero no entremos en conflicto por favor, aunque no haya más remedio. Quiero que quede claro que fue un acierto hacer este Congreso acá".

No hubo alfombra roja como en los shows de los Oscar. Pero sí flashes -de reporteros gráficos y vecinos- que cayeron indiscriminadamente sobre choferes, funcionarios -extranjeros, nacionales, provinciales y locales- y personalidades de la talla de María Kodama.

Sin duda hubo dos personajes entre los más fotografiados: uno, Fontanarrosa; el otro, el Quijote de hojalata que dejó en exposición y en la vereda un artesano vernáculo. Si hasta un fotógrafo de la agencia France Press en Buenos Aires, Pablo Cuarterolo, le pidió a un colega que por primera vez en los últimos cuatro días apretara por él el obturador de su máquina. Otra despedida.

A pocos metros de allí y mirando toda la escena estaba Silvana, la recepcionista que cada día se paró en la puerta principal del teatro y siempre con la misma sonrisa repitió hasta el hartazgo un único pedido: "Muéstreme su credencial o invitación, por favor". La joven le confesó a La Capital que en estos últimos días le hicieron todo tipo de propuestas con intención de sobornarla. "No sólo me quisieron dar dinero sino que hasta me insultaron por decirles que «no» entraban sin estar acreditados".


Taxi para Kodama
La viuda de Borges llegó y se fue caminando. "Este Congreso me pareció muy positivo, lo hemos estado pasando muy bien, la gente de Rosario es encantadora", dijo al ingresar al teatro, dos horas y media antes de que se la viera esperando un taxi en San Luis y Laprida.

La única personalidad que optó por otra puerta de ingreso fue la senadora y presidenta honoraria del Congreso, Cristina Fernández de Kirchner. Para no perder la costumbre, en el marco de este encuentro, llegó con media hora de retraso y no hizo declaraciones a la prensa. Al irse, tampoco derrochó palabras pero deslizó: "Para los que creían que no lo haríamos (al Congreso) hemos demostrado lo contrario. Me pareció fantástico el homenaje a Sábato y he visto a Rosario linda como nunca".

Otras figuras arribaron en autos con vidrios polarizados. El presidente de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, fue uno de ellos, alguien que no dejó de halagar a la ciudad cada vez que le pusieron un micrófono adelante. "No anduve como turista pero les aseguro que me impresionó ver cómo evolucionó la ciudad de dos años a esta parte". Y tampoco ocultó su chochera con respecto a los resultados del Congreso. "Ninguno de los anteriores tuvo esta dimensión de gran fiesta de la palabra y de la lengua".

Durante la salida se vivió un clima similar. Detrás de la primera dama desfiló el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, quien cumplió con lo que le había anticipado el domingo pasado a este diario y confesó: "Recién ahora me relajé".

"El Congreso de la Lengua no quedó encapsulado en el trabajo de 200 o 300 intelectuales. Fue del millón de rosarinos. Además me dí otro lujo, el de hablar mucho con (José) Saramago y Carlos Fuentes, los exprimí".

El intendente Miguel Lifschitz también lanzó su mensaje de despedida. Y lo resumió en apenas dos palabras. "Fue extraordinario", se le escuchó.
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Pablo Cuarterolo, fotógrafo de la agencia France Press.

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