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 domingo, 11 de julio de 2004

Fiesta murguera con un nostálgico Chaplin del arrabal montevideano
Aplaudido debut de Canario Luna en la sala Lavardén
No obstante ser poco difundido, el cantante uruguayo movilizó numerosos fans

U. G. Mauro / La Capital

La murga La Gran Muñeca o Zelmar Michelini -un diputado desaparecido en la noche de la dictadura militar uruguaya-, todo cabe en la nostálgica ternura agridulce con la que el murguero -así quiere que lo califiquen- Washington "Canario" Luna deleitó a un buen número de rosarinos que casi colmaron la sala, en su debut del jueves en el teatro provincial Lavardén.

Cantor de la calle, sin formación vocal académica de ningún tipo, el Canario conquistó a todos con simpatía, generosidad en la interpretación y los graciosos pasos de baile que puede desarrollar un murguero veterano con sus dos voces. Porque es así, Canario Luna tiene dos voces: la grave, de hablar y contar, y esa otra nasal y "finita" con la que alcanza los altísimos registros que lo caracterizan y a veces remiten a Alberto Castillo en sus buenos tiempos.

Los músicos que acompañaron a Canario Luna son los del Grupo Repique, una formación histórica del Uruguay, con figuras como Cheché Etchenique en batería o Carlos Quintana en guitarra, entre otros, a los que se sumó el percusionista de la murga Contrafarsa, Pablo Iribarne y un excelente pianista y director musical, Alberto Mangone.

Sin ser tal, el show de Luna se asemejó a la puesta de una murga en un tablado del carnaval montevideano, con los coristas jugando un rol que supera lo vocal para ingresar en la danza, la pantomima y los rituales de una presentación, vestida con cuidado tono evocativo.

Los seguidores locales del poco difundido cantor oriental recibieron de entrada lo que esperaban: "Que el letrista no se olvide", un decálogo con los deberes de todo murguero fue seguida por su mayor éxito, "Brindis por Pierrot", y un popurri de obras de José Carbajal como "La Flota" y "Borracho, pero con flores", entre otras. Fútbol, con el tributo al mítico "Negro Jefe" Obdulio Varela y emocionantes recuerdos para varios "chaplines" montevideanos se alternaron con el tango "Volver", boleros y sones cubanos, a los que se sumó el filosófico humor callejero del "Cuple del timbero", y hasta amargas reflexiones como las de "No la quiero más".

El entusiasmo que en el show se tradujo en coros, palmas y ovaciones se convirtió, al final del show en una presión a la que Luna y los músicos se sometieron con generosidad, ofreciendo numerosos bises bailados en los pasillos.

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El Canario Luna ratificó por qué es considerado un mito.

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