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 miércoles, 16 de junio de 2004

Dos mineros murieron y otros doce quedaron atrapados en una mina de carbón de Río Turbio
Una cinta transportadora generó un incendio que derrumbó galerías. Cuarenta y tres obreros sobrevivieron

Dos obreros murieron y otros doce quedaron atrapados en una mina de carbón en la localidad santacruceña de Río Turbio, donde una dramática operación de rescate procuraba avanzar anoche hacia las víctimas a través de galerías incendiadas y pese al peligro de nuevos derrumbes, provocados por un fuego que se inició una cinta transportadora de mineral. Los trabajadores habían quedado encerrados a causa de un derrumbe seguido de incendio ocurrido a las 22.30 de anteanoche.

Los grupos de rescate, formados por Defensa Civil, Gendarmería, bomberos y policías, seguían trabajando en la mina con esperanzas de encontrar con vida al resto de los mineros sepultados, aunque el intendente de Río Turbio, Horacio Matías Mazzú, declaró que "la situación es muy difícil".

Después de varias horas sin poder establecer ningún tipo de contacto con las víctimas, algunos de los rescatistas (unos 20) se toparon en uno de los túneles, y a unos 700 metros de profundidad, con los cadáveres de dos de los obreros siniestrados, identificados como Julio Alvarez, de 46 años, y Miguel Cardozo, de 37.

Otros 43 trabajadores lograron escapar a tiempo de los túneles a bordo de un camión al que se subieron cuando advirtieron que se incendiaban las galerías.


"Quedé en manos de Dios"
Simón Terán, uno de los sobrevivientes del incendio en la mina de Río Turbio, dijo que "no tuve miedo ni nunca me desesperé, simplemente quedé en manos de Dios". Este minero, de 51 años, casado y con cinco hijos, que nació en Salta, llegó al lugar en 1975 y trabajó en la mina de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio los últimos 29 años.

Terán relató que anteanoche fichó su entrada en la boca de la mina 5 a las 21.45 junto a otros 40 trabajadores que toman el tercer turno, de 22 a 6, y todos fueron en un camión hasta la galería o "chiflón" 6, en el sector de preparación de terreno.

Poco después de las 22.30 la cuadrilla picaba roca cuando comenzaron a sentir un olor extraño, aunque no advertían nada irregular. "De repente se corta la luz y los ventiladores dejan de funcionar, lo que nos alertó", recordó.

"Quedamos a oscuras y entonces hubo una orden del capataz de evacuación, pero no sabíamos qué hacer y nos quedamos ahí y empezamos a sentir olor a goma quemada", continuó Terán, y agregó que la mayoría optó por taparse la cara con sus ropas para no inhalar aire contaminado.

Luego llegó un camión, al que subieron de prisa y tomaron la galería 2P5, la principal, hacia la salida, a baja velocidad por la escasa visibilidad y alguno bajaba para guiar al chofer.

El vehículo, que tenía capacidad para 35 personas y llevaba 47 trabajadores, chocó con su parte superior los arcos que sostienen el techo y no pudo seguir, por lo que debieron continuar a pie.

"Ahí nos alcanzó una humareda espesa que no nos dejaba ver absolutamente nada, entonces nos agarrábamos de las manos y las ropas de otros y nos reconocíamos por la voz y tratábamos de seguir camino tocando las paredes, pero algunos quedaron sueltos y se perdieron", contó el minero. Entonces "empezamos a sentir el calor del incendio y sentíamos a algunos que decían «me asfixio, me asfixio» y después ya no los escuchábamos y oíamos que caían pero no podíamos hacer nada. Al final vimos la luz de la entrada y salimos".

Las manos de Terán estaban ennegrecidas aún en el hospital, en el que permanecía internado, y con su rostro sereno, con humildad y tranquilidad aseguró: "No tuve miedo ni nunca me desesperé, simplemente quedé en manos de Dios". (Télam, DyN y AFP)

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