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 domingo, 23 de mayo de 2004

"La filantropía se estimula en base a la confianza"

"La confianza es la clave para que las personas con vocación filantrópica no claudiquen. Los privados no donan porque ya no creen a ciegas en el Estado". La reflexión pertenece a Gabriel Berger, investigador y profesor en "Filantropía y responsabilidad social empresaria", de la Universidad de San Andrés, de Buenos Aires.

Para él, la diferencia entre los actuales filántropos y los de antaño radica en que ahora las personas que tienen patrimonio y deciden donar sus bienes quieren realizar un seguimiento "muy cercano" del destino de sus legados. Y algo más. Sostiene que antes la donación tradicional se expresaba en ladrillos o la cesión de bienes con fines caritativos, pero ahora la cuestión es más sofisticada. "Hoy se siente que un edificio no resuelve el problema, es sólo un envase, se prefiere apoyar un proyecto a mediano y largo plazo, sustentable, que genere impactos concretos y sea medible", dice Berger.

Pero además, el investigador apunta otra característica: que los filántropos quieren en la actualidad supervisar en forma directa la donación en base a la "gran desconfianza" que les genera el Estado.

"Ven falta de claridad en cuanto a la capacidad de la administración pública para manejar de manera eficiente recursos privados importantes. Por eso muchos prefieren sostener una institución privada, al estilo de Eduardo Constantini con el Museo Malba (de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), más que donar sus obras al modo que lo hizo la familia Castagnino en Rosario", ejemplifica.

Y tratando de darle un anclaje local al tema volvió sobre otro ejemplo: "¿Quién le asegura a un empresario que done mucho dinero para el teatro El Círculo, que luego del Congreso de la Lengua ese teatro se va a seguir cuidando? ¿Quién le asegura que el municipio hará lo mismo con el Hospital de Emergencias?", pregunta. Pero, para evitar enojos, inmediatamente aclara: "Son sólo ejemplos para ilustrar que por allí pasa la duda".

A diferencia de otros países, Argentina -reflexiona Berger- no supo desarrollar modelos de gestión asociados entre el sector privado y las instituciones del Estado.

"Esto no es un tema menor. Siempre que el Estado quiso regular o controlar la filantropía la perjudicó. La verdadera acción filantrópica es la de donar voluntariamente los bienes privados a los sectores públicos. Y el Estado no puede obligar a nadie a esa acción. Alguien podrá decir que algunos han hecho donaciones para no pagar impuestos, ese no es un patrón, y en todo caso es otro problema. Porque el Estado sí debe fiscalizar que nadie evada, pero la vocación filantrópica no debe regularse, debe estimularse en base a la confianza".

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