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 domingo, 23 de mayo de 2004

Historias de la elite que le dejó sus bienes al patrimonio rosarino
Vasallo, Estévez, Castagnino y Deliot son sólo algunos de los nombres que quedaron registrados en la ciudad

Gran parte del patrimonio de Rosario se originó por donaciones. Edificios y bienes que, a principios del siglo pasado, pertenecieron a acaudaladas familias rosarinas y fueron legados a la ciudad. Una urbe floreciente por entonces en su actividad comercial, pero en la que escaseaban escuelas, hospitales y bibliotecas. El gesto no pasó inadvertido y sus apellidos quedaron registrados en la memoria.


Bartolomé Vasallo
La actual sede del Concejo Municipal fue alguna vez la clínica del doctor Bartolomé Vassallo, un destacado cirujano entrerriano que legó gran parte de su fortuna a instituciones de beneficencia rosarinas. Vasallo decidió afincarse en Rosario en 1898 y con el tiempo, su residencia en 1º de Mayo y Córdoba se transformó en uno de los mejores edificios de la ciudad. Poco antes de morir, en 1949, dejó en su testamento el deseo de donar la finca para que allí se estableciera el "Museo Vasallo". Sin embargo, el destino fue otro. El 18 de mayo de 1951 una ordenanza estableció que allí funcionaría el Concejo Municipal.


Firma y Odilo Estévez
Odilo Estévez Yáñez llegó al país en 1884, con sólo 14 años. Se radicó en Colón (Entre Ríos) donde trabajó en un molino yerbatero, pero su fortuna empezó a acumularse años después, en Rosario, cuando fundó la Yerbatera Paraguaya 43, una próspera empresa que lo transformó en uno de los comerciantes más acaudalados de la ciudad.

En 1899 se casó con Firma Mayor, una joven rosarina de origen catalán, y adquirió una mansión (Santa Fe 748). Allí atesoraron obras de gran valor que adquirieron en sus viajes a Europa. Tras la muerte de Odilo, los salones de la residencia no volvieron a abrirse. Allí se refugió Firma, que convivió con sus joyas y recuerdos, y poco antes de morir, en 1964, donó la propiedad y sus bienes a la Municipalidad.


Carlos Deliot
Carlos Deliot es otro claro ejemplo de filántropo. Con una personalidad solitaria y ensimismada, se distinguió en el mundo de los negocios inmobiliarios y fue dueño de gran cantidad de tierras e inmuebles. En su testamento dejó todas sus propiedades a la Municipalidad, con el pedido de que se creara la Fundación Carlos Deliot y que la renta de sus inmuebles fueran remitidas al Hogar del Huérfano.

Pero esto tendría que esperar durante años. Si bien Delliot era soltero y no tenía herederos, algunos parientes impugnaron el testamento e iniciaron una larga batalla judicial. Mientras tanto, las propiedades quedaron en un virtual estado de abandono.

Sobre fines de 1989 se regularizó la situación legal de la Fundación y las aspiraciones de Deliot empezaron a hacerse realidad. Muchas propiedades se vendieron y el dinero se otorgó al Hogar del Huérfano. Y en sus terrenos de la isla Charigüé se construirá una reserva ecológica.


Los Martin y los Castagnino
La Maternidad Martin (Moreno 960), en cambio, tiene su origen en el cumplimiento de una promesa. Sobre fines de la década del treinta, uno de los hijos del matrimonio Martin fue secuestrado. Su madre, Angela Joostens, prometió que si aparecía con vida donaría una maternidad. El 10 de julio de 1939, Marcelo Martin fue liberado sano y salvo y Angela cumplió su palabra.

Otra historia cuyo protagonista principal fue una madre es la de Juan B. Castagnino, un joven apasionado por el arte que al fallecer precipitó la decisión tomada por Rosa Tiscornia, su madre, que donó colecciones de arte de la familia a la Municipalidad y el edificio donde funciona el museo (Oroño y Pellegrini).


María de los Angeles de Rosas
La Sociedad de Damas de la Caridad conformó en 1869 su primera comisión directiva, presidida por María de los Angeles Rodríguez de Rosas. Dos años más tarde la mujer donó conjuntamente con su esposo, el comerciante Juan Antonio de Rosas, el terreno para instalar el Hospicio de Huérfanos (hoy Hogar del Huérfano, de Laprida y Cerrito).

En 1875 se comenzó a levantar el edificio pero se presentaron serias dificultades financieras, a tal punto que Rosas tuvo que salir como aval ante el banco que otorgó el crédito que posibilitó la obra.

Y esa no fue el la única donación importante del matrimonio. En 1890, Rosas volvió a donar un terreno, el de calle Buenos Aires al 2100, que hoy ocupa la capilla San Cayetano. Al principio la capilla fue parte del Hogar, luego pasó al Arzobispado.

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