Año CXXXVII Nº 49534
La Ciudad
Política
Información Gral
El Mundo
Opinión
La Región
Policiales
Cartas de lectores



suplementos
Ovación
Economía
Escenario
Señales
Mujer
Turismo


suplementos
ediciones anteriores
Turismo 08/07
Mujer 08/07
Economía 08/07
Señales 08/07
Educación 07/07
Estilo 07/07
Salud 27/06
Página Solidaria 27/06

contacto

servicios
Institucional


 domingo, 15 de julio de 2007  
Suena el shofar y repican campanas

Por Carlos Duclos
“Ochenta y cinco vidas cumplen 13 años menos. La falta de justicia, 13 años más”. Las palabras corresponden a un justo mensaje con el que se anuncia el acto central que se realizará el próximo miércoles, para recordar a los muertos por el atentado terrorista contra la Amia. A la frase, podríamos añadir que “ochenta y cinco vidas cumplen 13 años menos y cientos de vidas fueron privadas de cumpleaños”. ¿Cómo debe interpretarse esto? De una manera simple: El atentado nefasto de quienes exaltan el nombre de Dios, pero hacen la obra del diablo, interrumpió, para muchos, el ciclo de la vida. Impidió que muchos de los muertos tuvieran descendencia. Imagine el lector que entre tal descendencia hubieran estado personas valiosas, no sólo para las familias que jamás se conformarán, sino para la humanidad. Todo eso y mucho más lo impidió la barbarie. Esa es la triste consecuencia de una muerte temprana: no sólo la pérdida de una vida, sino el impedimento de la existencia de todos los seres que de ella se deberían haber desprendido.

Pero no sólo murieron 85 personas y se impidió la vida de miles con la voladura de la Amia. Con ese atentado del terrorismo muchas familias quedaron devastadas, murieron sueños, esperanzas, ganas, voluntad y ya nada volverá a ser como antes. Y es un verdadero disparate no advertir que en la sociedad argentina murieron muchas más cosas. La justicia, que funcionaba por entonces con un respirador artificial, fue víctima también de un atentado: sus propios enfermeros le desconectaron el aparato; 13 años y no hay castigo. La causa Amia es un verdadero escándalo, otra verdadera tragedia, otra tremenda explosión que ha desmoronado el edificio de la verdad en esta Argentina en donde la mentira campea y la impunidad impera. ¡¿Qué podrá esperar usted, lector, que ha sido víctima de un ilícito, si a una de las instituciones más reconocidas del país la hicieron volar por los aires, mataron 85 personas y todo sigue como entonces?!

Duelo nacional. El presidente Néstor Kirchner ordenó que el 18 de julio sea de duelo nacional. Es una medida plausible, pero insuficiente. No alcanza con el duelo nacional. Hace falta justicia nacional, hace falta que algunos personajes de la vida política y social dejen de coquetear con el régimen que inspiró el atentado y que se asegure que de ninguna forma y por ningún canal dicho régimen se verá beneficiado con la producción argentina. No son pocos los que sospechan que el régimen “bolivariano”, del cual la Argentina es socia y amiga, podría pergeñar triangulaciones que beneficiarían al sistema liderado por el señor Ahmadinejad. No son pocos los que sospechan que ex funcionarios y piqueteros alientan tratativas comerciales entre empresarios argentinos y el régimen acusado de fogonear la detonación. Un régimen que, además, no tuvo mejor idea que proclamar la necesidad de que Israel desapareciera del mapa. De paso, recuérdese que en Israel no sólo viven judíos, sino además cristianos y árabes.

Shofar y sirenas. El atentado contra la Amia es paradigma de la muerte injusta, es el modelo del atentado contra toda forma de vida. Y es bueno recordar, en ese marco, que diariamente mueren en el país cientos de personas por obra y gracia de la injusticia. Mueren en el vientre materno, mueren después de nacidas, mueren en la niñez, en la juventud, en la adultez y en la ancianidad. Muertes injustas en diferentes estadios de la existencia humana. Sí, el suceso de Amia de hace 13 años se ha convertido en símbolo de muerte injusta y de injusticia. Murieron en la Amia judíos y no judíos. Y como también se ha dicho en estas columnas: “El terrorismo, absolutamente loco, jamás distinguirá una cruz de un escudo de David. Y no sólo eso, tampoco alcanza a discernir a la media luna del Islam. ¿O acaso no masacra todos los días a decenas de aquellos a los que dice pertenecer, esto es musulmanes? El terrorismo no distingue el espíritu del hombre, aunque blasfema pronunciando el nombre de Dios.

En este nuevo aniversario, al duelo nacional se sumará el sonido del shofar que se aguarda sea lanzado al aire por canales de televisión y radios de todo el país a la hora de la tremenda explosión. La Policía Federal hará sonar las sirenas de sus móviles, otras fuerzas de seguridad harán otro tanto y muchas instituciones se sumarán al recuerdo de diversas formas.

Es de aguardar que el gobierno de la provincia de Santa Fe se adhiera con el duelo provincial, ordene a la Policía provincial que junto al shofar también aquí suenen las sirenas. Que lo propio haga la Municipalidad con la Guardia Urbana y que las campanas de los templos católicos y de otras iglesias cristianas repiquen por la vida. Que estas campanas no se queden mudas. Lo más dramático que le puede ocurrir al ser humano es que la vida se quede silenciosa ante el silencio desdichado de la muerte impertinente. Por eso hay un especial pedido para que los párrocos se sumen al dolor de “los hermanos mayores” y al propio dolor, porque en la Amia murieron también católicos.

Una tragedia. La Daia Rosario, a través de su presidente, el doctor Rubén Bercovich, ha expresado unas palabras que sirven de conclusión para esta reflexión: “Nosotros no queremos que se borre del mapa a ninguna nación, a ninguna vida. Tampoco queremos que se borre del mapa de la mente el recuerdo de esta tragedia. Y sobre todo no queremos que se borre del mapa a la justicia. Por eso, una vez más, el miércoles a las 9.53 de la mañana, haremos un alto para recordar la muerte de tantos inocentes, haremos un alto para pedir por la vida y la justicia”.

Ciertamente los argentinos y la humanidad necesitan de vida y de justicia. Pero si en lo mucho la justicia está ausente, ¿qué espera entonces al ser humano común que a cada instante clama por una vida digna?

Por las personas que murieron en la Amia, por la descendencia que nunca podrá ser, por las familias devastadas para siempre, por los miles de argentinos que diariamente ven morir sus sueños y hasta su propia vida, por la justicia muerta, es necesario que suene el próximo miércoles el shofar en todas partes y también las campanas. Y que retumbe en el universo el fin del primer salmo: “Por eso no quedarán en pie los malos en el juicio, ni los viciosos en la asamblea de los justos“Ochenta y cinco vidas cumplen 13 años menos. La falta de justicia, 13 años más”. Las palabras corresponden a un justo mensaje con el que se anuncia el acto central que se realizará el próximo miércoles, para recordar a los muertos por el atentado terrorista contra la Amia. A la frase, podríamos añadir que “ochenta y cinco vidas cumplen 13 años menos y cientos de vidas fueron privadas de cumpleaños”. ¿Cómo debe interpretarse esto? De una manera simple: El atentado nefasto de quienes exaltan el nombre de Dios, pero hacen la obra del diablo, interrumpió, para muchos, el ciclo de la vida. Impidió que muchos de los muertos tuvieran descendencia. Imagine el lector que entre tal descendencia hubieran estado personas valiosas, no sólo para las familias que jamás se conformarán, sino para la humanidad. Todo eso y mucho más lo impidió la barbarie. Esa es la triste consecuencia de una muerte temprana: no sólo la pérdida de una vida, sino el impedimento de la existencia de todos los seres que de ella se deberían haber desprendido.

Pero no sólo murieron 85 personas y se impidió la vida de miles con la voladura de la Amia. Con ese atentado del terrorismo muchas familias quedaron devastadas, murieron sueños, esperanzas, ganas, voluntad y ya nada volverá a ser como antes. Y es un verdadero disparate no advertir que en la sociedad argentina murieron muchas más cosas. La justicia, que funcionaba por entonces con un respirador artificial, fue víctima también de un atentado: sus propios enfermeros le desconectaron el aparato; 13 años y no hay castigo. La causa Amia es un verdadero escándalo, otra verdadera tragedia, otra tremenda explosión que ha desmoronado el edificio de la verdad en esta Argentina en donde la mentira campea y la impunidad impera. ¡¿Qué podrá esperar usted, lector, que ha sido víctima de un ilícito, si a una de las instituciones más reconocidas del país la hicieron volar por los aires, mataron 85 personas y todo sigue como entonces?!

Duelo nacional. El presidente Néstor Kirchner ordenó que el 18 de julio sea de duelo nacional. Es una medida plausible, pero insuficiente. No alcanza con el duelo nacional. Hace falta justicia nacional, hace falta que algunos personajes de la vida política y social dejen de coquetear con el régimen que inspiró el atentado y que se asegure que de ninguna forma y por ningún canal dicho régimen se verá beneficiado con la producción argentina. No son pocos los que sospechan que el régimen “bolivariano”, del cual la Argentina es socia y amiga, podría pergeñar triangulaciones que beneficiarían al sistema liderado por el señor Ahmadinejad. No son pocos los que sospechan que ex funcionarios y piqueteros alientan tratativas comerciales entre empresarios argentinos y el régimen acusado de fogonear la detonación. Un régimen que, además, no tuvo mejor idea que proclamar la necesidad de que Israel desapareciera del mapa. De paso, recuérdese que en Israel no sólo viven judíos, sino además cristianos y árabes.

Shofar y sirenas. El atentado contra la Amia es paradigma de la muerte injusta, es el modelo del atentado contra toda forma de vida. Y es bueno recordar, en ese marco, que diariamente mueren en el país cientos de personas por obra y gracia de la injusticia. Mueren en el vientre materno, mueren después de nacidas, mueren en la niñez, en la juventud, en la adultez y en la ancianidad. Muertes injustas en diferentes estadios de la existencia humana. Sí, el suceso de Amia de hace 13 años se ha convertido en símbolo de muerte injusta y de injusticia. Murieron en la Amia judíos y no judíos. Y como también se ha dicho en estas columnas: “El terrorismo, absolutamente loco, jamás distinguirá una cruz de un escudo de David. Y no sólo eso, tampoco alcanza a discernir a la media luna del Islam. ¿O acaso no masacra todos los días a decenas de aquellos a los que dice pertenecer, esto es musulmanes? El terrorismo no distingue el espíritu del hombre, aunque blasfema pronunciando el nombre de Dios.

En este nuevo aniversario, al duelo nacional se sumará el sonido del shofar que se aguarda sea lanzado al aire por canales de televisión y radios de todo el país a la hora de la tremenda explosión. La Policía Federal hará sonar las sirenas de sus móviles, otras fuerzas de seguridad harán otro tanto y muchas instituciones se sumarán al recuerdo de diversas formas.

Es de aguardar que el gobierno de la provincia de Santa Fe se adhiera con el duelo provincial, ordene a la Policía provincial que junto al shofar también aquí suenen las sirenas. Que lo propio haga la Municipalidad con la Guardia Urbana y que las campanas de los templos católicos y de otras iglesias cristianas repiquen por la vida. Que estas campanas no se queden mudas. Lo más dramático que le puede ocurrir al ser humano es que la vida se quede silenciosa ante el silencio desdichado de la muerte impertinente. Por eso hay un especial pedido para que los párrocos se sumen al dolor de “los hermanos mayores” y al propio dolor, porque en la Amia murieron también católicos.

Una tragedia. La Daia Rosario, a través de su presidente, el doctor Rubén Bercovich, ha expresado unas palabras que sirven de conclusión para esta reflexión: “Nosotros no queremos que se borre del mapa a ninguna nación, a ninguna vida. Tampoco queremos que se borre del mapa de la mente el recuerdo de esta tragedia. Y sobre todo no queremos que se borre del mapa a la justicia. Por eso, una vez más, el miércoles a las 9.53 de la mañana, haremos un alto para recordar la muerte de tantos inocentes, haremos un alto para pedir por la vida y la justicia”.

Ciertamente los argentinos y la humanidad necesitan de vida y de justicia. Pero si en lo mucho la justicia está ausente, ¿qué espera entonces al ser humano común que a cada instante clama por una vida digna?

Por las personas que murieron en la Amia, por la descendencia que nunca podrá ser, por las familias devastadas para siempre, por los miles de argentinos que diariamente ven morir sus sueños y hasta su propia vida, por la justicia muerta, es necesario que suene el próximo miércoles el shofar en todas partes y también las campanas. Y que retumbe en el universo el fin del primer salmo: “Por eso no quedarán en pie los malos en el juicio, ni los viciosos en la asamblea de los justos.
enviar nota por e-mail
contacto
Búsqueda avanzada Archivo



  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados