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 domingo, 11 de febrero de 2007  
Embarazo: Cómo cuidar la piel en el verano

La piel sufre una gran cantidad de cambios durante la gestación, producto de las variaciones hormonales a la que se ve sometido el organismo durante ese período. Las hormonas responsables son la progesterona, los estrógenos y la hormona melanocitoestimulante, que aumentan su concentración en sangre durante los 9 meses.

   El principal trastorno cutáneo en el embarazo es la gran tendencia a la hiperpigmentación, la cual crece exponencialmente con la exposición solar. Estas pigmentaciones son más frecuentes en la línea abdominal media especialmente por debajo del ombligo, axilas, región vulvar y perianal. También, es común el melasma o máscara del embarazo que ocupa en general la región central de la cara especialmente sienes, labio superior, frente y mejillas. Además, pueden aparecer nuevos lunares y oscurecerse los previos.

   En general la piel se recupera después del parto salvo en las pieles más morenas donde las hiperpigmentaciones pueden mantenerse en forma definitiva y por ello siempre se deben prevenir al máximo con protector solar y evitando la exposición directa al sol. Es importante el control de esas zonas durante el embarazo.

   Además de estas alteraciones pigmentarias, los cambios hormonales producidos durante esta etapa pueden llevar a diferentes modificaciones en la piel. En personas con tendencia al acné perimenstrual puede exacerbárseles al comienzo del embarazo, sin embargo en otras mujeres puede llegar a disminuir.

   La piel facial se torna más rojiza y con más brillo a causa de la mayor irrigación, esto suele dar una buena apariencia, pero a veces ese aumento de la irrigación puede ocasionar arañitas vasculares en la cara cuello o tórax, que suelen mejorar luego del parto. En cambio, las arañas vasculares que se instalan en miembros inferiores por lo general no se solucionan espontáneamente con el nacimiento del bebé.

   Durante el embarazo la premisa fundamental es protegerse del sol, esto significa evitar la exposición directa en las horas pico (entre las 11 y las 16) y utilizar diariamente protector solar con factor 30 (aún para salir a la calle).

   Los tratamientos durante esta etapa no son aconsejables aun aquellos que no utilicen sustancias tóxicas, ya que hasta los más suaves implican una agresión y una descamación de la piel, que en el embarazo, en lugar de solucionar el problema puede provocar una pigmentación aún mayor, especialmente en verano.

   En caso de hiperpigmentaciones ya instaladas es necesario esperar hasta después del parto para solucionarlas con distintos peelings y sustancias despigmentantes. Para comenzar con tratamientos dermoabrasivos hay que esperar a que finalice la época de sol.

   Es importante también mantener la piel especialmente hidratada con cremas ricas en vitamina A, para disminuir la desecación y con ella la picazón, habitual en las embarazadas en el último trimestre, por el estiramiento de la piel (en casos de picazón extrema o repentina consultar al médico para descartar otros problemas).

   En cuanto a la aparición de estrías, que es el resultado de la ruptura de fibras elásticas en la piel debido al estiramiento cutáneo extremo, no se evita totalmente con las cremas, pero sí ayudan. Al principio estas son de color rojizo y más evidentes (como cualquier cicatriz), pero con los meses se irán aclarando hasta tomar un color perlado más estético, salvo que durante ese tiempo hubieran sido expuestas al sol, lo cual podría tornarlas más oscuras.



Fuente: Departamento de

Medicina Estética y Cirugía Plástica de Halitus Instituto Médico.
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