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 miércoles, 20 de septiembre de 2006  
Cuando el cuerpo llama la atención
Para tratar la bulimia y anorexia proponen terapias integrales sin internación

Clarisa Ercolano / La Capital

La imagen de Cielo Latini, famosa de la noche a la mañana con su best seller "Abzurdah" (diario intimo de una anoréxica), catapultó otra vez a los desórdenes alimentarios al centro de la escena. Tita Florio es psicoanalista y directora de la Fundación Hecho con Arte, institución dedicada al abordaje y tratamiento de este tipo de patologías en Rosario. Florio está preocupada, habla del libro y de su impresionante industria marquetinera como "un arma de doble filo", y dice temer que este testimonio, en vez de frenar el fenómeno, lo incremente. "Esto de la bulimia y la anorexia se naturaliza. Es frecuente que una modelo diga que tuvo anorexia y que esto se vea como un mérito en lugar de una enfermedad", afirma Florio.

Respecto del relato del libro reconoce que "lo que ella cuenta es lo que vemos a diario en la Fundación, no hay registro de las necesidades ni de las carencias, no pueden pedir ayuda y no son conscientes de la enfermedad".

Hecho con Arte propone un tratamiento de puertas abiertas, con abordajes individuales que se ocupan de la causa de los problemas y no los problemas en sí mismos."Se confunden las causas con los efectos; se considera que son desórdenes alimentarios y esto en realidad es una manifestación de algo que no anda, y que hay que investigarlo y tratarlo. La idea no es sólo lograr que vuelvan a comer o dejen de vomitar, porque si no se ataca el problema que hace que tengan estas manifestaciones, dejan de ser anoréxicas para luego ser adictas a drogas o alcohol, porque la causa de base sigue estando", explica sin vueltas Florio.

Para la psicoanalista resulta vital que el entorno note la enfermedad y puedan, junto a los profesionales, "sacar a las chicas la idea de que no están persiguiendo un ideal, sino una enfermedad, en busca de pesos ridículos que las llevan al borde de la muerte. Están convencidas de tener que otro humano no lograría, pasando días sin comer, como ellas apuestan a desafiar los límites, debemos empeñarnos en sacarlas de esta patología", dice Florio.

A diario, chicas con desórdenes alimentarios ingresan a Hecho con Arte. No llegan por propia voluntad, sino llevadas por familiares, amigas, profesores o personas que notan lo que les está pasando. Muchas veces el abordaje terapéutico comienza con el entorno, para hacer posible que luego, cada paciente acceda al tratamiento.

Empezar es sin dudas, lo más difícil, pero Florio explica que la institución cuenta con "gente capacitada para los primeros acercamientos". Luego se inicia el tratamiento que apunta a las causas de la patología, por lo general motivada por profundas depresiones.


Espejito espejito...
Más allá de las causas de base emocional, modelos sociales que aparecen exitosos, físicos esculturales y talles cada vez más pequeños ("en otros países no hay tanta devoción por el cuerpo como acá", aclara Florio) bajar cada vez más de peso es como una exigencia de nunca acabar, es una satisfacción por la renuncia: "si empezás a no comer no podés parar, y si empezás a comer, tampoco podés parar de vomitar".

Florio, quien también ejerció la docencia, recuerda que hubo una época donde estaba mal visto poner límites a los chicos, mientras que "ahora hay adolescentes que no saben detenerse ante nada y no ven el peligro. Para los argentinos la valorización pasa mucho por el cuerpo, y ojo, no decimos que está mal hacer una dieta para tener un buen cuerpo, pero sí para lograr un cuerpo esquelético".

Sonia Lerman, otra de las psicólogas que integran el grupo de trabajo de la Fundación, apunta que la mujer pone su "eje de deseo" en el cuerpo, mientras que los hombres lo hacen en objetos materiales, "esto explica que las mujeres sean las más afectadas". "Al varón le interesa más un auto nuevo o las posesiones materiales, en cambio la mujer se exige socialmente desde el cuerpo", argumenta Lerman. "Esto está relacionado con la nutrición y lo materno, y con la ligazón que existe en la mujer con estos temas".

Florio cree que si bien puede pasar que existan familiares que no se den cuenta, abundan aquellos que lo niegan. "Las anoréxicas y bulímicas aprenden a ocultar a los ojos de los demás sus técnicas y problemas; son especialistas en ocultar, pero también hay negación por parte de los padres", explica la psicoanalista.

Hecho con Arte plantea un abordaje individual y flexible, de puertas abiertas, excepto que la situación requiera una internación clínica. "Concebimos la enfermedad de otra manera, pensamos en las causas en vez de los efectos, no vemos a la anorexia, sino qué llevó a la joven a esa situación, por eso es necesario un tratamiento que busque resolver las causas, de lo contrario, seguirá existiendo y se volverá peor".

Marta Luna, otra de las psicólogas integrantes de la Fundación, apunta con preocupación que una de las manifestaciones más frecuentes del síntoma es que "las chicas se cortan y se mutilan, y cuando lo hacen, y ven la sangre fluir, sienten que se liberan de los sentimientos dolorosos, en síntesis, quieren liberarse de su cuerpo".

Las profesionales deben enfrentarse a la dicotomía de mujeres que odian el cuerpo y que a la vez lo buscan como objeto amado. "Persiguen imposibles y todo se vuelve insostenible, llegan chicas bulímicas con úlceras tremendas por el vómito constante, o que casi no pueden mantenerse en pie por su debilidad extrema".

Según las profesionales, las chicas no tienen miedo de morir, desconocen o desconsideran el límite. "Lo rechazado retorna de las peores maneras; a veces saben que van a la tumba, pero no pueden dejar de hacerlo", sentencia Luna, y no duda en asegurar que "se cura, por eso no hablamos de recuperación, sino de curación".

El tiempo de tratamiento depende de cada persona, pero para ello hay que encontrar las causas y considerar también en qué estado llega el paciente y quiénes lo acompañan en este proceso. El grupo ayuda a tratar dificultades que luego se trabajan en las sesiones individuales, afirman las psicólogas.

Carencia de legislaciones claras sobre leyes de talles o falta de controles respecto del acceso a foros de Internet, depresiones ocultas y el cuerpo como centro de odios y amores. "En Rosario hay más casos de lo que se cree, y lo peor es que se vea como normal que alguien sea anoréxica", finalizan.
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La obsesión por perder kilos muchas veces esconde depresiones y temores ocultos.

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