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 domingo, 16 de julio de 2006  
[primera persona]
Alberto Plá: para una crítica de la historia
El reconocido historiador y profesor de la UNR sostiene que el presente condiciona los enfoques y los problemas en los relatos sobre el pasado

Angel Oliva

Llegados al punto de generar puntualizaciones sobre qué es la historia y cuál es la tarea del historiador, si tiene o no validez la diferencia entre historia académica e historia de divulgación, las ventajas y límites de escribir historia actual y otros problemas claves en el mundo de la historia, una visita a Alberto Pla se hace imprescindible. Doctor en Historia de la Universidad de París, investigador del Conicet, profesor titular, investigador y visitante en varias universidades de nuestro país así como en México, Venezuela, y Bélgica, y autor de más de doce libros editados en la Argentina, Venezuela, México y España, es quizás la voz más lúcida de una generación de intelectuales que signaron el pensamiento histórico marxista de los años 60 y 70. Méritos que lo llevaron a ser profesor de la Universidad de Buenos Aires, profesor emérito en la Universidad de Mar del Plata y a recibir el doctorado Honoris Causa en las universidades de Salta en 2001 y Rosario en 2005. Actualmente reside y trabaja en Rosario.

-Usted ha desarrollado su actividad docente e investigativa principalmente en la Universidad pública. ¿Cuál sería su diagnóstico respecto de la historia que se escribe y se enseña en ese ámbito?

-Yo creo que la historia que mayormente se escribe en las Universidades, o sea en ámbitos académicos, es esencialmente una historia de visión positivista o neo-positivista como gusta llamarse más recientemente. La palabra "historia" tiene un doble significado ya que se refiere a hechos acontecidos antes de ahora, o de un pasado reciente, y al mismo tiempo a la historia escrita como producto de la investigación correspondiente. Esto ya le da un sentido de provisoriedad que el historiador debe asumir, ya que si no lo hace está aceptando los valores que le impone la sociedad. El statu-quo, o la objetividad están aquí en juego.

-¿Qué significa ser objetivo para un historiador?

-Pues simplemente honradez en la elección de las fuentes, y no dejar de lado las que no nos gustan o las que no hemos buscado. La objetividad se termina en el momento que hablamos de diversas escuelas metodológicas. Asumir una concepción científica no es inocente en lo que se refiere a lo que escribimos "interpretando" lo ya sucedido. Y pongo un ejemplo: si yo creo que existen las clases sociales no las puedo eliminar de mi discurso histórico. Y si no creo en la existencia de clases sociales voy a definir las luchas o conflictos sociales en otro registro de preferencia. Pero esto es el resultado de una toma de posición teórica-metodológica que se elabora en otro nivel pensamiento e implica un grado de abstracción imprescindible. Y para ello se debe haber adoptado una metodología que no es simplemente conocer o apilar más información en la forma positivista de entender la historia como una simple sucesión de acontecimientos. Los juicios de valor deben ser justificados, pero que la subjetividad está presente no tengo ninguna duda. Y la cuestión es cómo construyo esa supuesta objetividad del historiador. Por mi parte adopto la metodología del materialismo histórico, y entonces no creo en la imparcialidad del escrito histórico.

-En el último año se ha revitalizado la oposición entre historia académica e historia de divulgación. ¿Cuál es su opinión al respecto?

-Si hablamos de historia como ciencia, no se trata de historia académica. Esta última palabra tiene varios significados, y a mí pensar en una historia académica me lleva a pensar en la Academia. Y no en la Universidad. Hay un antagonismo entre la Academia, que se ha quedado en la toma de posición positivista (o neo), y en el mejor de los casos una de sus variantes de tipo estructuralista y la Universidad, que matiza las posiciones metodológicas, y permite una toma de posición teórica en las ciencias sociales, pues en definitiva la historia es una de las ciencias sociales. Yo, y lo digo a modo de actitud personal, no podría nunca estar en la Academia, pero hace cincuenta años que estoy en diversas universidades (excepto en períodos de dictaduras militares) y he podido trabajar como historiador sin haber tenido nunca un cargo de dirección institucional directa. Y esto ha sido así incluso en universidades de otros países. Creo que la historia llamada de divulgación no es otra historia, sino lo legítimo de hacer accesible el conocimiento histórico a amplios sectores no dedicados a la historia como ciencia. La manipulación de la información se presta más en este tipo de actividad, pero en realidad es altamente positivo acercar al gran público el conocimiento de los hechos pasados, que sirven de experiencia y enseñanza. Y aquí cabe asignarle a ese divulgador la responsabilidad de lo que está trasmitiendo. En la Universidad desde la Reforma Universitaria de 1918 lo llamamos "extensión universitaria". Y bien hecha es una obligación hacia la sociedad que mantiene a la Universidad. Aquí podríamos agregar que aparece la utilidad social, si lo que se trasmite es legítimamente producto de la investigación histórica.

-El disparador de esta polémica ha sido un programa televisivo . ¿Cuál es su opinión en torno a que la historia se difunda por medio de la televisión?

-La historia no es aséptica, y lo que difunden los medios masivos de comunicación tienen que ver esencialmente con los condicionamientos que imponen los dueños de esos medios de comunicación. No me atrevo a decir un porcentaje exacto de cuánto es manipulación de la información, y cuánto hay de verdadero -con todo lo que significa respetar las diversas interpretaciones de diversas corrientes historiográficas- pero en general la manipulación de la historia se expresa tanto en lo que se dice, como en lo que se oculta o se calla. Es a veces una manera de mentir, para influenciar a la opinión publica. La información es un poderoso medio de poder.

-Otra polémica que se ha generado gira en torno a la posibilidad o no de investigar y escribir en torno a los hechos recientes de la historia de nuestro país.

-Creo que no se puede discutir si se acepta o no que es posible hacer historia actual sin antes haber explicitado qué entendemos por historia. Historia es lo que sucedió y la narración de lo que sucedió, y esto es lo que hace el historiador, siempre desde una toma de posición. Toda narración histórica está referida, o si se quiere está teñida por la posición epistemológica, metodológica e ideológica que el historiador puede tener, y esto es parte de su información. Decir que la historia es recopilación de datos, al estilo positivista, es lo mismo que decir que el historiador es un cronista, como aquellos predecesores de la consideración de la Historia como Ciencia. Ni siquiera la medicina es una ciencia exacta. E incluso otras ciencias llamadas exactas, demuestran que en realidad no lo son, pues nadie puede negar los avances o el desarrollo de las mismas. Si entendemos la Historia como la recopilación de información, la época presente (la actual) es la que más datos nos proporciona para estudiarla. Se ha dicho que hoy sabemos mas de historia de la Roma clásica que lo que sabían los propios romanos. pero esos romanos no eran historiadores científicos, sino a lo sumo consideraban la información que se podía recopilar. Si adoptamos, en cambio, una visión dinámica de la historia, llegaríamos a la conclusión que en verdad la historia escrita (de los historiadores científicos y no del periodismo o las novelas históricas) responde a una toma de posición, que no es aséptica. Si nos inclinamos por aceptar el status-quo, ya hemos tomado posición que es en definitiva la defensa del sistema social en el cual estamos viviendo. Si pensamos que la Historia es un estudio de procesos de cambio de las sociedades empezaremos a recorrer un camino que nos dirige, antes que nada a pensarnos a nosotros mismos. La Historia es una, y no hay historias de varias clases. Personalmente no necesito nuevos métodos para estudiar la historia actual, sino ubicarme en los cambios de una sociedad que sigue siendo capitalista. Estoy de acuerdo en que la historia actual trata con temas más comprometedores, como los que suceden en la misma época en que vive el historiador. El presente sigue condicionando enfoques y problemas, por ejemplo dictaduras, democracias, género, cultura, transformaciones tecnológicas, y sociales. Y en ese sentido si la historia escrita no es crítica deja de ser novedosa en su pretensión de estudiar la actualidad.

-Usted ha sido formador y maestro de varias camadas de historiadores. ¿Qué lugar ha ocupado su tarea docente?

-No soy el más indicado para decirlo. Solamente puedo decir que estoy satisfecho de haber tenido diversos reconocimientos de gente que pueden haber sido o alumnos o colegas. Es sumamente gratificante poder decir que hice lo mejor que pude, que siempre traté de apoyar a los jóvenes estudiantes para que aprovecharan sus capacidades, y muchos de ellos han sido y son colegas en la actualidad. En cuanto a mi vida, o al impacto que puede haber producido esta tarea en mí, yo soy conciente que debe haber sido siempre un estímulo para continuar diciendo mis verdades y que desde ese punto de vista estoy muy satisfecho de lo que hice, ya que si no, no le hubiera dedicado mas de medio siglo a perseverar en lo que creo.
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Definición. La divulgación supone "lo legítimo de acceder accesible el conocimiento", dice Plá.

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