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 domingo, 16 de julio de 2006  
Historias
La vanguardia de la ganadería

Esta semana se cumplieron 140 años de la fundación de la Sociedad Rural Argentina (SRA), una entidad más recordada por el aplauso que brindaron sus tribunas al desfile de los más feroces dictadores contemporáneos, que por sus aportes a la expansión tecnológica del sector agropecuario.

Sin embargo, si es posible abstraerse de esas imágenes de pesadilla, es posible rastrear en sus orígenes, allá por 1866, algunos aspectos menos difundidos. La historiadora Carmen Sesto, en su libro "La vanguardia ganadera bonaerense", editado el año pasado por Siglo XXI, relata el origen de la Sociedad Rural Argentina como un club de innovadores que nucleó a un grupo particular de terratenientes bonaerenses: los pioneros del proceso de refinamiento de ganado vacuno que desemboca en la inserción del sector en el mercado internacional de carnes.

Contra la historiografía tradicional, señala que se trató de "un proceso de alta complejidad que no es resultado del desarrollo natural sino una innovación tecnológica", explica Sesto. Lo lideró un grupo de 50 estancieros de apellidos no siempre simpáticos que a mediados del siglo pasado plantearon tempranamente la necesidad de implantar una genética de carnes de alta productividad, decisiva para la expansión del sector ganadero en la última parte del siglo XIX. Miguel Martínez de Hoz, Leonardo Pereyra, Eduardo Olivera, Carlos Casares y Miguel Aguirre fueron los que en 1866 crearon la Sociedad Rural Argentina.

"Esta vanguardia ganadera surgió de entre los grandes terratenientes bonaerenses y se fue diferenciando de esta capa social por la capacidad de adaptación e innovación tecnológica, planificación y seguimiento en la gestión productiva y apropiación de conocimientos de última generación", señala la historiadora, quien ubica como un rasgo particular de la actuación de este grupo el desplazamiento de su accionar político desde la tradicional participación en las distintas facciones que disputaban el gobierno, a la creación de una entidad corporativa.

La sociedad funcionaba, además, bajo la fórmula de un club de amigos, con un código que los obligaba, por ejemplo, a compartir la información entre sus miembros. La revista "Anales" era el principal medio de difusión tecnológica.

Con la introducción de los primeros Shorthorn y Hereford, este grupo de 50 terratenientes bonaerenses se conformó como "vanguardia empresarial", en tanto crea ganancias a partir de la innovación tecnológica.

La vanguardia, más allá de su identificación social, se veía a sí misma "como un grupo diferente". Claro está que muchos eran enfiteutas y que acumulaban vastas extensiones de tierra, pero no siempre eran los más grandes.

Para desarrollar su trabajo, Sesto elaboró un modelo teórico y metodológico que asigna un papel fundamental al proceso productivo. "La introducción del shorthorn, por ejemplo, no es un mandato del imperialismo británico sino que responde a la necesidad de darle más grosor al vacuno criollo", señala, quien no obstante aclara que la tecnología también plantea problemas de diferenciación social ya que "para estar al nivel de la vanguardia ganadera había que tener invertidos más de 500 mil pesos oro en ganado".
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