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 domingo, 28 de agosto de 2005  
El 1º de septiembre de 2004 un comando checheno asesinaba a 331 inocentes
Rusia: el fantasma de la matanza de Beslán, un año después
En las escuelas rusas han incorporado guardias y alarmas para tratar de evitar un nuevo ataque terrorista

Katharina Sekareva

Moscú.- El drama por la toma de rehenes en una escuela de Beslán, en la que hace un año perdieron la vida en Rusia 331 personas inocentes, la mayoría de ellas niños, ensombrece los preparativos para el inicio del año escolar ruso, el 1º de septiembre. El terror vivido en la escuela de Osetia del Norte, en el Cáucaso ruso, se hace sentir hoy en Moscú.

Por esto, este año, el sentimiento de alegría con motivo del "Día del Conocimiento", fecha en que se da inicio al ciclo escolar, se verá acompañado de miedo. En las escuelas moscovitas se han incorporado nuevas medidas de seguridad y la policía se encarga de la protección antiterrorista en los centros educativos.

Entretanto, la directora Valentina Ampilogova no ha tenido tiempo de pensar en la seguridad. En pocos días empieza el nuevo año escolar y las aulas de la escuela número 1230 en el oeste de Moscú todavía no han sido asignadas. Las cuestiones de la defensa contra el terrorismo sólo se debatirán durante una gran reunión del consejo pedagógico del distrito municipal, explica.

En los pasillos de la escuela cuelgan carteles con indicaciones para la seguridad. Todo ruso conoce a los zorros en uniforme de bombero que enseñan a los niños el correcto comportamiento en caso de incendio.

Desde el pasado año escolar existen carteles de varios colores en los que se puede leer en un rojo muy vivo: "Defensa ante el terrorismo". Son instrucciones detalladas acerca de cómo comportarse al recibir una llamada de amenaza terrorista, al encontrar una bomba o cuando se es tomado como rehén. Esto es lo que un rehén tiene que tener en cuenta: en ningún caso provocar al terrorista, la misión principal es sobrevivir.

Por lo demás, prestar atención constantemente es la ley máxima. Sin embargo, la secretaria Galina se muestra escéptica: "No podemos estar atentos ininterrumpidamente. Eso supone una tensión demasiado grande".

Después del drama de Beslán a principios de septiembre de 2004, muchas escuelas moscovitas reaccionaron inmediatamente. Por todas partes se levantaron o renovaron vallas y se introdujo la videovigilancia. Todas las escuelas tienen conexión directa con la policía a través de un botón de alarma. Hay guardias de seguridad apostados en las entradas, los policías patrullan regularmente la zona.

Algunas escuelas cuentan incluso con un detector de metales a la entrada. El acceso sólo es posible con una tarjeta provista de un chip, lo que supone que incluso los padres sólo pueden acudir a la escuela en ocasiones especiales, como una reunión de padres. La escuela de Ampilogova no se puede permitir detectores de metales ni tarjetas inteligentes. "¿De dónde saco el dinero?", se pregunta la directora. "Los padres ya pagan suficiente".


Aporte de los padres
Dado que en los planes presupuestarios estatales no se prevé ninguna suma para la seguridad en las escuelas, son los padres los que deben reunir el dinero para tener un servicio de vigilancia. Cada mañana una clase diferente apoyará al servicio de seguridad y prestará atención para que ningún desconocido entre en la escuela.

Los padres están preocupados. El hijo de Marianna Shatijina, Nikita, irá este año al octavo curso. "El no tiene miedo, yo sí", dice esta madre de 45 años. "¿Pero qué puedo hacer? ¿No llevarlo al colegio?".

Desde el inicio de la primera guerra chechena en 1994 se registraron en Moscú 28 atentados terroristas en los que perdieron la vida 437 personas y otras 1.341 resultaron heridas. "También hubo atentados en el metro", explica Marianna. "Pero aún así lo utilizo. ¡No tengo otra elección!". (DPA)
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