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sábado,
25 de
junio de
2005 |
Opinión
Un bahiense muy ganador
Oscar Lehrer / Ovación
Han sido muy pocas las veces que los aficionados rosarinos pudieron ver actuar en la ciudad a Emanuel Ginóbili. Una de esas fue hace un par de años cuando la selección nacional jugó en el estadio de Newell's Old Boys un partido de carácter amistoso contra el combinado español.
En esa ocasión, gracias a la gestión del por entonces técnico del seleccionado argentino Rubén Magnano, Emanuel Ginóbili tuvo la gentileza de brindarle a Ovacion una entrevista en forma exclusiva en el hotel donde estaba concentrado el equipo nacional.
En esa época, luego de su exitosa experiencia por Italia, Manu estaba dando sus primeros pasos en la NBA. No había pensado que en su primer año saldría campeón de la mejor competencia del mundo y, menos todavía, que en la tercera estaría en el Juego de las Estrellas, que sería medalla de oro y MVP de los últimos juegos Olímpico en Atenas, además de figura clave para que San Antonio, al imponerse a Detroit Pistons (4-3), ganara en la madrugada de ayer su tercer anillo de la NBA.
Se pecaría de incredulidad si se creyera que Manu es un personaje popular sólo en nuestro país. El bahiense que en 7 años pegó el gran salto (deportivo, profesional, personal y económico) ha convulsionado como pocas veces el micromundo de la NBA, la liga más competitiva del mundo.
Centro de atención
Manu es el centro de atención en todas las transmisiones televisivas, no sólo por su desempeño, sino además porque evidentemente tiene una personalidad que hace más atractiva su figura. Habitualmente es tapa de los diarios de San Antonio en particular y de los nacionales en general. Cada vez recibe más ofertas comerciales para que le ponga su cara a distintos productos, prueba irrefutable de que vende como pocos.
Y, lo más importante, Gregg Popovich -su entrenador- se dio cuenta de que es el hombre con mayor capacidad de liderazgo de su equipo, y por eso, aunque está claro que la figura y superestrella es Tim Duncan, es cada vez más normal que Manu sea el que reciba el balón para definir la última pelota de un partido cerrado. Y es sin dudas el que busca recibir las faltas personales cuando hay que ir a la línea en esos momentos de definición, pese a no ser un eximio lanzador de libres.
¿Cómo llegó a donde llegó? Probablemente ni siquiera él lo sepa, como tampoco debe saber dónde está su techo, que este año subió varias veces sin que nadie se diera cuenta
Los ingenuos norteamericanos, tan pocos dados a ver lo que ocurre fuera de sus fronteras, recién ahora se están dando cuenta de que Ginóbili es mejor que la mayoría de los locales. Para él ya no es motivo de admiración tener enfrente a Shaquille O'Neal o Kobe Bryant. Les quiere ganar y mal no le fue.
Ginóbili es la triple amenaza (pasa, penetra, golea) y todavía es posible volver a sorprenderse con cada nueva producción suya. A medida que transcurre el tiempo demuestra que está en condiciones de ofrecer cosas mayores y sin dudas que las hará. Es un orgullo para el deporte... y es nuestro.
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