| miércoles, 12 de mayo de 2004 | Acerca de la muerte de Natalia Fraticelli Por mi trabajo profesional, suelo acceder a la "verdad" de algunos acontecimientos con más facilidad que muchos jueces, pero lamentablemente y quizás por suerte para mi integridad corporal, el secreto profesional me ampara y enmudece. Cuando murió Natalia, varios adolescentes del "lugar" coincidían en el diagnóstico: "Se la tenían jurada al padre, porque desde que asumió como juez intentó eliminar la droga y la corrupción de este lugar". En aquel momento no comprendí la gravedad del enunciado, simplemente escuché, como hago siempre, pero a medida que los acontecimientos eligieron la doble victimización de esos doloridos padres, que mostraban la imagen de "enloquecidos", busqué compartir mi parecer con otros profesionales. Los relatos de los adolescentes, que testimoniaban cómo "amaban intensamente a esa hija y al hijo", los fueron apagando, "juzgadores" y los "medios", modificando la opinión de la población (hoy todavía dividida). Por eso, aunque sea tarde y ya no cambie el destino de esta familia destruida, al menos por ese nieto que está creciendo, es reparador que periodistas honestos les ganan la batalla a quienes estuvieron convencidos o comprados por el poder de aquel momento. Es excelente el artículo que escriben en La Capital Hernán Lascano y Jorge Salum. Hay además una periodista: Cristina Rosolio, de Venado Tuerto, que recopiló los hechos en un libro, tal vez alguna editorial lo publique, pero al menos su contenido se está filtrando y creo ha llegado a los jueces internacionales que hoy intervienen.
Mirta Guelman
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