La enigmática Sandra. A pesar de que permanece guardada desde ayer, es una nueva concejala de Rosario. Resulta difícil creer que una candidata electa no se haya mostrado ni siquiera un segundo. "Está estresada", dijo su papá. Evidentemente, ya le teme a la exposición y todavía faltan casi dos meses para asumir. Es que Sandra Cabrera (ese es su nombre completo) resultó triunfadora mediante un ardid ya conocido en la ciudad. Apeló a la confusión y utilizó la sigla ARI (la misma del hipernombrado partido de Elisa Carrió) en un sublema llamado Ahora Reales Ideas. Pero la patraña podría durar poco. En el seno del Palacio Vasallo se analiza rechazar su ingreso a través de la no aprobación de los diplomas correspondientes.
Cabrera parece haber sido una public relations de la noche rosarina. Y, quizás, aún lo sea. "Trabajó en varios boliches", dijo ayer su padre, Félix Alberto Cabrera. En realidad, no especificó su tarea pero sí lo hizo una amiga, Rosa, quien se desempeña en el local partidario del cuestionado sublema, cuyo máximo exponente es Mario Vallone, también candidato a concejal y a quien se lo señala como su mentor.
A la sazón, Vallone estuvo ligado al negocio de la música y el baile nocturnos. Incluso, fue propietario de la ex confitería La Morena (avenida Belgrano y bajada Sargento Cabral). Precisamente allí, cumplió tareas la flamante legisladora local. Es más, según la misma amiga, continúa en el metier de las RR.PP.
En tanto, la tarea que podría comenzar desde el 10 de diciembre pende de un hilo. Los cinco ediles que conforman la comisión de Poderes, encargada de autorizar el ingreso de nuevos concejales, podrían votar en negativo. Si le rechazan los diplomas, se quedaría sin su banca. Y, en este sentido, existe una marcada disconformidad en torno a la maniobra utilizada para acceder a la concejalía.
Cabrera vive en una barrio de trabajadores: Rucci oeste. Exactamente, en el 1º E de Gabriela Mistral 2655, donde ayer no dio la cara en todo el día.
El único que lo hizo fue su papá, aunque sólo esporádicamente. Durante el resto del día, nadie respondió a la puerta, al timbre, al portero eléctrico y tampoco al teléfono. Es como si se los hubiese tragado la tierra. Y lo mismo ocurrió con Vallone quien, al decir de su esposa, estaba "trabajando porque cabía la posibilidad de que el ARI (trucho) ingresara otro concejal".
No obstante, hoy podría ser el día clave de la presentación de Cabrera en sociedad. Así lo adelantó su padre desde el hall de entrada al domicilio que comparten. "Va a llamar a los medios para contestar todas las preguntas", advirtió. También lo prometió Rosa al excusar a la amiga y compañera de partido. "Está nerviosa y descansando", agregó como dando a entender que no iba a ponerse en contacto con la prensa. "Pero escucha los mensajes en el (teléfono) celular", indicó a posteriori. No debe descansar demasiado.
La joven de 33 años tiene adeptos espontáneos. "Los vecinos no sabíamos tanto sobre su candidatura. Ella no quiso comprometer a nadie con el voto", dijo una mujer que vive en su mismo monoblock. Acto seguido, intentó justificar los abultados resultados obtenidos: "Tiene muchos amigos", sorprendió. Tantos como para ser concejal.
Pero más curiosos todavía fueron los dichos de su padre, quien no pudo votar anteayer porque estaba de viaje en San Luis. "Calcularía que la hubiese votado", sostuvo dudando de su propia hija. El argumento fue más sincero aún y quedó abierto a la libre interpretación: "No me interesa la política, pero confío en su conducta intachable. Si Sandra no llegó antes a esto es porque fue siempre muy sana y no se quiso meter en ninguna chanchurria". ¿Ahora sí?.