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 sábado, 17 de marzo de 2007  
Yo creo
"El deseo que Jorge Díaz no pudo cumplir"

Walter Operto / Periodista, director y dramaturgo

En agosto o septiembre del año pasado recibí en mi correo electrónico un mensaje proveniente de Chile. Lo enviaba una persona que se identificaba como "amigo del dramaturgo Jorge Díaz", fallecido esta semana en aquel país, a los 77 años.

El "amigo chileno" pedía, en nombre del dramaturgo, tomar contacto con un "grupo de autores teatrales que, sabía, se reunían en el Centro Cultural La Nave de Rosario. También agregaba que Jorge Díaz deseaba visitar esta ciudad, adonde había nacido. Esto último parecía lo esencial, lo más urgente del requerimiento. Respondí aquel mail como quien arroja una botella al mar, y después de enviarlo me quedé con la misma sensación de incertidumbre con la que suelo quedarme cada vez que uso internet para despachar una comunicación.

La respuesta chilena nunca llegó. O si llegó nunca la leí. ¿Y si llegó y la borré? ¿Y si hice un clic incorrecto? ¿Y si fue al tacho de la basura? ¡Madre mía! ¡Cuántos dilemas juntos en este mundo de la gran tecnología!

No importa. Me refrescó la memoria. Recordé que su obra "El cepillo de dientes" (una de las primeras, creo) la vi representada en Buenos Aires en la década de 1960.

Los críticos lo habían encasillado en el llamado teatro del absurdo, pero su teatro era mucho más que eso. Creía en la "eficacia" de los grupos teatrales. "Sin un grupo detrás no puedo escribir ni una línea", dijo una vez.

Ahora, la noticia de su muerte (él sabía que tenía cáncer de esófago),

iluminó aquel mail llegado desde Chile y me explicó

su razón principal: Jorge Díaz intentó, anheló, volver a Rosario antes de entrar

en los tiempos de la oscuridad eterna.

¿O no?

Si hay un Dios, que

me corrija y lo explique mejor desde este espacio periodístico.

*Periodista, director y dramaturgo.
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