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 domingo, 07 de enero de 2007  
Panorama político
La pesadilla de Año Nuevo

Mauricio Maronna / La Capital

Néstor Kirchner jamás imaginó un fin de año tan amargo como el que le tocó vivir. Con la economía mostrando fulgurantes índices de crecimiento, baja en la desocupación y una oposición ausente como la nieve en diciembre, lo que el presidente convirtió en souvenir de su gestión empalideció los fuegos artificiales a la hora del festejo: la peligrosa tentación de convertir la política de derechos humanos en un producto de marketing.

Las largas caminatas que cumple el jefe del Estado por su terruño desde hace más de una semana intentando aliviar el estrés que le provocó el neblinoso secuestro y posterior liberación de Luis Gerez se entremezclan con brotes de ira hacia grupos que se han escapado de su control, y contra funcionarios que utilizaron el canal oficial a la hora de la cobertura de la liberación del pobre albañil como si se tratara de los festejos del gol de Maradona a los ingleses. Hay que desear fervorosamente que el 80% de los ciudadanos que descree de la hipótesis del secuestro rompa esa lógica que indica que el pueblo jamás se equivoca.

Si detrás de lo sucedido en Escobar y Garín estuvieron grupos kirchneristas que se disputan el control político oficialista en la Capital Nacional de la Flor, el gobierno, más tarde o más temprano, estará en problemas. La tragedia que se vivió en la dictadura, con un Estado terrorista que regó de sangre el país, dejó heridas que nunca cerrarán y una consigna que, más allá de grupos radicalizados o militantes por los derechos humanos, ha hecho carne en la inmensa mayoría de los ciudadanos: "Nunca Más".

El ex presidente chileno Ricardo Lagos, un modelo de gobernante, ha dicho por estos días cuál debe ser el camino a seguir en los países latinoamericanos que sufrieron el escarnio de las cárceles clandestinas, las torturas y los secuestros por doquier.

"Para investigar, para mirar hacia atrás, la Justicia; para el futuro, la política", sintetizó el dirigente trasandino. Si las opciones se invierten, el porvenir no llegará nunca y el espejo retrovisor será el peor indicio a la hora de salir del laberinto.

La Capital fue el único diario que el día después de la liberación de Gerez hizo hincapié en la tenebrosa cobertura de Canal 7, un medio que tiene menos primicias que encendido (¿alguien podría nombrar sin soplar ni repetir tres programas de esa paquidérmica emisora?).

La bizarría de la directora, Rosario Lufrano (excitada como Jorge Rial ante la primicia de un romance estival), al dialogar con dos nenitas que dijeron haber sido las primeras en ver al pobre Gerez corriendo despavorido por Garín; la frivolidad de un imberbe movilero con barba (permítase el oxímoron) dándole la primicia a la madre de la víctima y diciéndole como a una ganadora del Quini Seis "qué suerte le trajimos", sobre un videograph que no se cansaba de repetir "único medio transmitiendo en exclusivo" sobresaltó hasta a los más adormilados.

Los mensajes de texto se repetían en las redacciones con el mismo tono de estupor: "¿Están viendo Canal 7? No se puede creer...". Si algún desgraciado (pésimo émulo de Maquiavelo) creyó que ante la ausencia de Jorge Julio López lo mejor era dar una buena noticia antes de fin de año intentando tapar a un elefante con otro elefante, deberá pagar las consecuencias.

Por más que Gerez (una víctima y no un victimario como quieren hacer creer los dinosaurios de las épocas de plomo) haya sido liberado, el delito sigue impune. ¿Por qué lo secuestraron? ¿Quiénes lo secuestraron? ¿Es verdad que Kirchner sabía 5 horas antes de su discurso por cadena oficial que la liberación era inminente? ¿Por qué a primera hora de la tarde del jueves el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanián, declaró que se producirían "buenas noticias"?

Y lo más grave: ¿por qué el fiscal a cargo de la causa sostiene públicamente que Gerez sabe más de lo que cuenta? Preguntas, dudas, especulaciones, versiones aterradoras, operaciones. Vahos fétidos dominan el horizonte. López sigue desaparecido, Gerez reapareció. Nadie fue detenido. La Justicia deberá demostrar que sirve para algo más que para apresar a ladrones de gallinas; los miles de agentes que reportan al Servicio de Inteligencia (SI) tendrán que poner en claro que están para otra cosa que no sea rastrear las preferencia sexuales de periodistas, políticos opositores o empresarios.

Cada vez que Kirchner sufre un sofocón se aleja de los lugares que suele frecuentar, sean éstos la Casa Rosada o la Quinta de Olivos. Cuando Juan Carlos Blumberg movilizó a más de 150 mil personas frente al Palacio de Justicia se fue a Santa Cruz, lo propio sucedió en paralelo con el triunfo de Joaquín Piña en Misiones.

Aunque anticipó pocas horas del desenlace del caso Gerez que en el poder central no habría vacaciones para nadie, desapareció de la ciudad de Buenos Aires para rumiar su bronca en la bucólica provincia de Santa Cruz. A su regreso deberá apostar al esclarecimiento del caso con el mismo énfasis con el que habló ante la cadena nacional casi en el mismo momento en que Gerez corría y corría por un descampado de Garín. Pero si las movidas de cierto kirchnerismo siembran dudas, la actitud de la oposición resulta vergonzante.

Más allá de la estrafalaria sed de venganza que tiene Carlos Menem (quien responsabilizó al presidente por el episodio del que fue víctima el motorizador de la candidatura a intendente de Escobar del ex tío Teo de "Grande pá", "La familia Falcón" y Rosales de "Mesa de Noticias", Alberto Fernández de Rosa), Elisa Carrió nada dijo al respecto, Mauricio Macri se prepara para eventear en Punta del Este y Roberto Lavagna eligió el aquí y ahora para lanzar una candidatura que no viene con viento de cola.

Son los opositores quienes deben demostrar de una vez por todas que tienen alternativas para gobernar, y no seguir ensimismados en sus luchas de poder intestinas, sus hogueras de vanidades y su falta de espesor. De ahora en más el pedido por la aparición de López tendría que convertirse en la nave insignia de toda la sociedad.

¿Cuántas veces hay que repetir aquello de que "no hay que esperar a que un hombre muera para saber que todo corre peligro ni a que cuenten los libros lo que están tramando ahí afuera"? La democracia no soportaría un muerto más, aunque la televisión abierta haya quedado raleada de programas políticos, los bolsillos estén un poco más abultados y las revistas supuestamente políticas pongan sus portadas en falsa escuadra con modelos de verano que enfocan las miradas hacia el encanto de la frivolidad.

Kirchner, o Cristina Fernández, tienen garantizado el triunfo en 2007 a menos que la inflación se dispare o se ponga en evidencia (como cree el 80% de los argentinos) que lo de Gerez fue una construcción lucubrada desde algún sombrío espacio oficial.

Ni la superfórmula (como ya llaman en despachos oficiales y en revistas oficialistas al eventual binomio Cristina-Carlos Reutemann) ni la eventual candidatura a concejal del Kily González ni la cada vez más cercana ruptura en el Frente Progresista santafesino son hoy más trascendentes que la aparición con vida del albañil López y el esclarecimiento del secuestro de Gerez.

Por más que las encuestas indiquen que no hay obstáculos a la vista para el jefe del Estado, nadie debe olvidar que toda situación no resuelta prepara su propia venganza.

No se olviden de López ni del caso Gerez. [email protected]
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