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 domingo, 14 de agosto de 2005  
Entrevista. El ex vicepresidente relativiza la posibilidad de ocupar el lugar de Bielsa, pero no cierra la puerta
Chacho Alvarez: "No está entre mis prioridades tener un cargo público"
Asegura que después de las elecciones de octubre se verá si Néstor Kirchner ejerce un liderazgo sólido

Javier Felcaro / La Capital

Carlos Chacho Alvarez relativiza la posibilidad de reemplazar a Rafael Bielsa en la Cancillería, aunque no cierra del todo la puerta. "No está entre mis prioridades tener un cargo público", se ataja ante La Capital. Lo único cierto, por ahora, es que el resultado de la elección del 23 de octubre próximo tendrá mucho que ver con la decisión final. Con la suya y la del gobierno.

A modo de desafío, el ex vicepresidente se pregunta si, después de una sentencia favorable de las urnas, Néstor Kirchner optará por un liderazgo democrático e institucional sólido. Pero se entusiasma con el hecho de que el jefe del Estado confronte con su antecesor, Eduardo Duhalde, desdeñando un camino sin baches y revelando una intención de cambio en el sistema de partidos políticos.

-¿No lo tienta ser canciller o jefe del Mercosur, como se especula?

-No me tienta tener ningún cargo o volver a la función pública. No está entre mis prioridades. Tampoco regresar a la política partidaria.

-A Bielsa le gustaría que usted fuese su sucesor...

-El fue parte de nuestra fuerza y hay una relación de amistad. Bielsa, en algún sentido, es uno de los pocos emergentes que tuvo la crisis política. Eso es importante.

-Si después de los comicios llega la oferta, ¿la respuesta es no?

-Insisto en que no está en mis cálculos o prioridades tener un cargo público.

-¿Cómo terminará la disputa con Duhalde?

-Es interesante la decisión del presidente de dar una batalla que podría haber evitado y que impactará, en el mediano plazo, en la evolución del sistema de partidos. Kirchner tenía pavimentado un camino que aseguraba ciertos resultados: unidad del PJ en Buenos Aires, liderazgo de la renovación con la candidatura de (la primera dama) Cristina Fernández, derrota simbólica de Duhalde al bajarse la postulación de (su esposa) Hilda Chiche González y mayoría numérica en las listas para diputado. Sin embargo, eligió la senda de la confrontación. Discrepo en que sea simplemente una lucha por el poder, ya que implica el margen de maniobra de Kirchner después de octubre, ampliar las bases de sustentación del peronismo, convocar a otras fuerzas y tender una coalición social, la base de los cambios, entre la clase media y los sectores populares que, mayoritariamente, son votos cautivos del PJ.

-El final es abierto.

-No se puede conocer a ciencia cierta el desemboque, pero que Kirchner elija el camino de la confrontación implica una tensión sobre sectores justicialistas que puede generar un cambio en el sistema. Hay que seguir muy de cerca este proceso.

-Hoy se insta al fin de lo viejo pero, al mismo tiempo, parte del sostén es lo más tradicional del PJ.

-Lo nuevo tampoco abunda. No hay representatividades flamantes en la centroizquierda, construida al calor del trabajo militante, la organización social o popular o muy buenas gestiones. Existen dos o tres casos. (El jefe de Gobierno porteño) Aníbal Ibarra se debilita y está presente el modelo de administración de Rosario, una marca, un modelo exitoso que trascendió Santa Fe. También Luis Juez (intendente de Córdoba), aunque todavía le falta estructura política. Estos, y otros pocos casos, no alcanzan a perfilar un progresismo capaz de desplazar a lo viejo con otra concepción, desde la lucha contra el clientelismo. Entonces, lo nuevo es pobre y lo viejo domina. Dentro de lo viejo, Kirchner trata de darle más aire a gente menos contaminada.

-Será larga esa puja.

-Kirchner está tensionando con su Frente para la Victoria a los sectores dominantes del PJ, mostrando una intencionalidad en la construcción en bloque que se identifique más como una fuerza de centroizquierda hacia adelante que con las tradiciones duras y pesadas del peronismo. No sé cuánto tiempo llevará, pero él tiene la visión de que el país debe confluir en dos bloques que se reflejen en el modelo chileno: uno más progresista, con parte del PJ, y otro conservador.

-Nada que ver con la extinta transversalidad.

-Nada que ver con ese armado alternativo de centroizquierda que se articulaba con el PJ. Kirchner quiere que el Frente sustituya gradualmente el dominio justicialista. Y con Duhalde desafía esa idea de que hay personas que nunca votan otra cosa que no sea la boleta del PJ.

-¿Cristina es la punta de lanza de lo nuevo?

-Es la figura emblemática del proyecto y sintetiza parte de lo que se pretende como renovación. Un discurso moderno que combina bien la tradición popular democrática con la progresista y que conecta con el voto peronista y el de la clase media no justicialista. La otra figura puede ser Bielsa. Habrá que analizar su desempeño en la Capital Federal, donde tendría cierta proyección si gana en ese distrito.

-¿Sigue pensando que Kirchner es lo mejor que le pudo pasar al país?

-Los argentinos concluyeron, les guste más o menos, que el único partido que había quedado parado tras el fracaso de la Alianza era el PJ. Dentro del peronismo estaban Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Kirchner, quien conecta con una etapa de agotamiento del modelo de la década del 90 y con una corriente de votos mayoritaria en América latina vinculada con una superación de las consecuencias del neoliberalismo. Después conecta con devolverle la autoestima a la sociedad, fortaleciendo la autoridad presidencial. Recupera eso en base a una relación directa con la opinión pública. ¿Qué hereda? La presidencia de Fernando de la Rúa, considerado un inútil, un hombre que no tomaba decisiones. Es como un espejo invertido: frente a esa figura inexistente que termina arrastrando a la crisis, esta idea de activismo de Kirchner también conecta con la sociedad.

-La clave está después de octubre.

-La pregunta es: ¿si Kirchner logra una victoria holgada, si Cristina duplica los votos de Chiche, si al presidente le va bien en la Capital Federal y el resto del país, sacando a Santa Fe o algún otro lugar, él, aunque no tenga esta demanda, trabajará mucho para mejorar la calidad de la democracia y de las instituciones? Hasta ahora la sobreactuación de la autoridad puede fundamentarse en su debilidad de origen. Después de octubre se verá si es producto de la transición para ponerles límites a las corporaciones o una manera definitiva de gestionar el poder.
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Chacho dijo que si Kirchner gana, trabajará para mejorar la democracia.

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