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 miércoles, 06 de abril de 2005  
Efemérides
Un 6 de abril

Guillermo Zinni / La Capital

De 1923: Muere lord Carnarvon bajo la "maldición" de Tutankhamon
George Edward Stanhope Molineux Herbert, quinto conde de Carnarvon, era un clásico lord inglés. A la muerte de su padre heredó un enorme patrimonio y a partir de allí puso todo su tiempo y dedicó su mejor empeño en gastar esa cuantiosa fortuna. Viajó por el mundo entero, se aburrió, se dedicó a navegar y luego lo apasionó el naciente deporte del automóvil, gracias al cual tuvo un serio accidente el año 1901 en Alemania: el coche en el que viajaba chocó y él quedó, desvanecido, atrapado debajo del mismo. Algunos pensaron que había muerto, pero otros le practicaron primeros auxilios y lograron hacerlo revivir. Quedó tan maltrecho que debió sufrir repetidas intervenciones quirúrgicas para restaurar sus huesos rotos, pero nunca volvió a quedar en buen estado de salud. Siguiendo el consejo de los médicos, quienes le recomendaron convalecer en un lugar seco que mejorara su aparato respiratorio y sus dolores articulares, viajó a Egipto, donde se apasionó por el país y por las excavaciones. Allí conoció al joven arqueólogo Howard Carter, con quien a partir de 1915 comenzó las excavaciones en el Valle de los Reyes, que culminaron el 4 de noviembre de 1922 con el hallazgo de la tumba del faraón Tutankhamon, la única aún no encontrada por los profanadores y sobre la cual se aseguraba que pendía una maldición. Veinte días después del descubrimiento ocurrió la primera desgracia: una cobra se tragó al canario de la suerte que Carter siempre llevaba a todos. Pocos meses después, mientras inspeccionaba la tumba, un mosquito picó en la mejilla izquierda a lord Carnarvon, y el mecenas de la expedición complicó su situación al raspar la herida con su navaja al afeitarse. La picadura se infectó y dio origen a una neumonía. Murió en su habitación de hotel en El Cairo el 6 de abril de 1923. Por si fuera poco, un apagón eléctrico ensombreció esa ciudad en el mismo momento de su muerte y algunos aseguran que a esa fatídica hora, en Inglaterra, el fox terrier de Carnarvon dio un espeluznante aullido antes de caer muerto sobre el tapete rojo de la biblioteca de Highclere Castle, la residencia habitual del conde.

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