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 miércoles, 28 de abril de 2004

Editorial
¿El final de una vergüenza?

En la Argentina, se sabe, existe mucho más de una pregunta que carece de respuesta. Pero en el terreno infraestructural, resultan nulas las posibilidades de justificar con éxito a esta altura la ausencia de una autopista que una a Rosario con Córdoba. El reciente anuncio del gobierno nacional de que se destinará la suma de seiscientos quince millones de pesos para terminar la doble traza en el año 2007 viene a remediar así un problema de añeja data, cuya eventual solución encabeza la nómina de las urgentes.

Con la firma del presidente Néstor Kirchner y la totalidad de los integrantes del gabinete nacional apareció anteayer en el Boletín Oficial el decreto Nº7508/04, donde se exponen los fundamentos de la decisión: los trabajos "permitirán que las tres ciudades más densamente pobladas de la República Argentina (Rosario, Córdoba y Capital Federal) queden íntegramente vinculadas por autopistas, es decir con un criterio geométrico adecuado a la mayor demanda de tránsito de la red vial nacional, permitiendo un incremento en la seguridad vial y una disminución en los costos del transporte", se dice.

Transparentes argumentos y que constituyen, claro está, una verdad de Perogrullo. Pero pese a ello, trasladar tan férrea lógica al ámbito de lo concreto se ha demorado de manera inexplicable, a menos que se intente aplicar en este caso un criterio especialmente adaptado a las características de un país cuyo fracaso como Nación continúa siendo un misterio si se evalúan todas las potencialidades con las que cuenta. Todo indica, sin embargo, que esta vez existe la firme voluntad política de aferrar al toro por las astas.

Recorrer la ruta 9, sobrecargada de vehículos pesados, involucra en efecto muchos más peligros de los recomendables y ello se refleja en dramáticos niveles de accidentes con saldo fatal. Por tal razón es que, tal vez, el ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio De Vido, se expresó con tanta contundencia el 12 de marzo pasado, cuando visitó Roldán para inaugurar el tramo hasta Carcarañá de la traza. "Es una vergüenza que el Estado nacional no haya unido aún Rosario y Córdoba con una autopista", aseguró en esa oportunidad el funcionario, en lo que pareció un "mea culpa" que se hacía extensible a administraciones anteriores. El Ejecutivo "no dará ni un paso atrás hasta ver concretadas las obras inconclusas", agregó entonces De Vido.

Ojalá que en esta ocasión, y para terminar con la vergüenza, las palabras encuentren definitivo correlato en los hechos.

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