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 miércoles, 26 de noviembre de 2003

El joven al que le cortaron dos dedos en un asalto en Parque Regional Sur
"Siento bronca y angustia porque no sé cuándo volveré a trabajar"
Ignacio regresó a su humilde casa tras un ataque horrendo. Recibe atención psicológica y no recuerda la agresión

A Ignacio Leguizamón se lo ve triste. La amputación de dos dedos cinco días atrás cuando fue atacado por dos ladrones para robarle sus zapatillas y la bicicleta le dejó una marca profunda. Todavía no entiende por qué los maleantes actuaron con tanta ferocidad. Y a pesar de esa crueldad, pareciera que no siente rencor por sus agresores. Su mirada serena y la sensación de bondad que transmite, así lo denotan. El schok emocional que padeció hizo que entrara en un cuadro de amnesia y por ello no recuerda ningún detalle posterior al tremendo golpe que lo desplomó al suelo en el Parque Regional Sur. Ni el pedido desesperado de ayuda a sus compañeros de trabajo ni su paso por dos hospitales municipales antes de ser internado en el Sanatorio Mapaci.

El lunes a la mañana regresó a su casa de Villa Gobernador Gálvez, en el barrio Constancio Vigil, luego de que los médicos le dieran el alta. En una pequeña casa de chapa pintada de azul y amarillo vive con su esposa, Jorgelina Caminos, y sus hijos, Brando Nicolás, de 2 meses, y Brian Alexis, de 7 años, quien indirectamente sufrió las consecuencias del ataque a su papá. Es que ahora, por precaución, ya no puede recorrer con la bicicleta que le regalaron las calles de tierra ni los descampados que circundan al barrio.

Ignacio está angustiado aunque se esfuerza por disimularlo. Antenoche casi no pudo dormir. Una sensación de "bronca e impotencia" lo invadió durante la larga vigilia. También está preocupado por la incertidumbre: "No sé cuando volveré a trabajar" a la carnicería de Ayacucho y Láinez, dice. "No quiero pensar en lo que pasó. La psicóloga que me está atendiendo me dijo que no afloje, por mi mujer y mis hijos", afirma mientras mira su mano derecha vendada.

El relato del carnicero se transforma en una nebulosa cuando intenta reconstruir en vano lo que ocurrió la mañana del jueves pasado. Cerca de las 7 de ese día, salió en bicicleta de su casa de Congreso 2195, en el extremo sur de Villa Gobernador Gálvez. El muchacho, de 27 años, iba hacia la carnicería de la zona sur de Rosario donde trabaja desde hace cuatro años. Por seguridad lo hacía por el camino más largo, ingresando a la ciudad por Saladillo para evitar el puente Molino Blanco, donde los robos a ciclistas son permanentes. Pero paradójicamente se topó con dos hombres "con ropa de trabajo" que caminaban en sentido opuesto a su trayecto.

Terminaba de atravesar el Parque Regional Sur cuando los desconocidos estuvieron frente a él. Leguizamón no tuvo tiempo de intercambiar palabra con los maleantes. Un tremenda trompada lo empujó al suelo sin que pudiera comprender lo que estaba ocurriendo.

A partir de ese instante las imágenes posteriores no quedaron incorporadas a su memoria. "Me desperté cuando ya estaba en el Mapaci y en ese momento mis compañeros me contaron lo que había pasado", dijo. Por eso Ignacio no recuerda al hombre armado con un machete que lo atacó ni el momento en que le cortaron dos dedos por resistirse a que le robaran las zapatillas y la bicicleta. Tampoco recuerda su desesperada carrera para pedir ayuda, ni cómo logró caminar descalzo y casi inconsciente las cuatro cuadras que lo separaban de su lugar de trabajo con la mano envuelta en su buzo blanco manchado de sangre.

Ignacio llegó el jueves al Sanatorio Mapaci y recién el viernes a la tarde se enteró que le habían seccionado dos dedos cuando se lo dijo el doctor Marcelo Figueroa, quien estuvo a cargo de "cerrar la piel para que no queden expuestos el hueso, las venas y las arterias", según dijo.

Ayer a la tarde Ignacio parecía resignado a sobrellevar las secuelas del brutal ataque, pero rescató el "apoyo" que le brindaron sus compañeros de trabajo. "Me ayudaron un montón y no me dejaron solo en ningún momento", repite con gratitud.

El muchacho todavía no pudo reconocer a los atacantes porque no pudo ver los álbumes fotográficos que tienen en la comisaría 11ª de las personas con antecedentes penales. Y hasta anoche nadie había sido detenido por este suceso.

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Ignacio Leguizamón junto a su esposa.

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