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 miércoles, 26 de noviembre de 2003

Reflexiones
Doblando la curva

Víctor Cagnin / La Capital

Cuando el peligro acecha y no se cuenta con una sólida defensa una buena forma de eludirlo consiste en confundirse con la naturaleza imperante. Se trata de una fórmula de sobrevivencia elemental, pero suele dar sus resultados, en especial si el buscador de presas tiene sobre la inmensa llanura verde especies a discreción. Claro que tarde o temprano, en la medida que se vayan reduciendo, las posibilidades de seguir encubierto se agotan y un simple cambio en la tonalidad de la luz o un ventarrón inesperado puede dejarlo expuesto a pocos pasos del zarpazo. O bien es su propia naturaleza quien lo traiciona, mostrando sus hábitos viscerales, sus instintos incontrolables. Y son estas certezas, al fin y al cabo, las que producen cierta calma entre los seres vivos; en algún momento la simulación cederá a la verdadera esencia de cada uno. Y allí no habrá escape, sólo quedará salir corriendo hacia adelante.

Cuando Carlos Menem dice que Néstor Kirchner "es un ave de paso", acude precisamente a las enseñanzas que le reporta la naturaleza. Aunque, al mismo tiempo, su propia condición de animal político lo expone al desnudo, para regocijo de los medios y de las plumas infalibles, que tienen allí buena carne para masticar a bajo precio. Ya se sabe que Carlos Menem se autodenominó "águila" en el mundo animal, ave rapaz de alto vuelo, capaz de aprovechar las corrientes de aire como ninguna, esperando desde lo alto el momento oportuno para su veloz caída sobre el objetivo. Pues bien, sólo se trata de una fantasía, de un mecanismo de identificación propio de un hombre nacido y criado en la montaña, con una fuerte tendencia al misticismo y multimillonario. Vale recordar que en una parte de la población estas cuestiones suelen surtir efecto. No obstante, como dijo ayer Julio Bárbaro, titular del Comfer, "cuando en un país se han cometido todos los despropósitos, recién entonces se comienza a darle una posibilidad a la razón". Y ese es el rumbo que han elegido los argentinos: el de la sensatez, de la razonabilidad, del sentido común.

Así como Menem, perdido por perdido, corre hacia adelante, sus discípulos se aprestan a mimetizarse en la jungla parlamentaria a partir del próximo 10 de diciembre, donde recibirán diplomas y atributos, entre ellos los fueros parlamentarios imprescindibles para no ser llevados a los estrados judiciales. Ahora bien, con quién llegarán a mimetizarse es un enigma. Aquí se ha desatado una serie de movimientos que puede desorientar hasta al más sagaz de los observadores. Y es que el justicialismo poseerá mayoría propia en ambas cámaras, con lo cual se podría anticipar que el presidente se sentirá consolidado. Desde esta perspectiva, entonces, la alternativa de los menemistas vergonzosos es el purgatorio. Esto es, declarar hoy que colaborarán con los planes presidenciales y una vez en el Parlamento transitar el bajo perfil, llamarse a silencio. Además, con la consigna bajada por Duhalde de que "el que no apoya al presidente será un traidor a la patria", no les deja margen alguno. Aunque, después de todo, se trata de una frase que puede resultarles oportuna para justificar el viraje, doblar sin problemas la curva, hallar nuevos amigos y dejar en el pasado los rencores de internas no resueltas. Pero claro, deberán tener cuidado con sus instintos, pueden traicionarlos en el momento menos pensado.

El fenómeno de las mimetizaciones también recorre otros ámbitos, como el deportivo, el empresarial y el sindical. Se percibe en los clubes de fútbol una corriente de dirigentes con un afán de prolijidad que llama la atención. Por supuesto que son bienvenidos, pero ¿de dónde proviene tanto esmero por mostrarse correctos? ¿En qué escuela de ética se formaron? ¿Acaso serán éstos los referentes que le darán una bocanada de aire fresco a las instituciones? Lo mismo ocurre entre los empresarios, donde el replanteo de posiciones, por de pronto, los ha dividido, aunque ningún grupo autocríticamente ha reconocido los errores del pasado. Y en el panorama sindical la nueva generación dirigencial brilla por su ausencia. En todo caso, volvió a recuperar lustre la tradicional práctica de discurrir, amagar y negociar después de años de ostracismo por la destrucción del empleo. Algunos, como el caso Maguid, ni siquiera guarda las formas elementales con tal de sobrevivir. Fue elegido diputado provincial hace tres meses en una lista presidida por Reutemann y hoy su gremio le impulsa un paro. Tal vez diga: fue por presión de las bases. Y usted podrá creerle o no. ¿O quizás pretenda crear las peores condiciones para negociar desde otro lugar con Obeid?

El peligra acecha. Se sabe. La consigna es confundir o confundirse. La Justicia, en tanto, se ha puesto el casco, blande su espada y da los primeros pasos de una expedición contra la corrupción sin antecedentes. Seguramente habrá oficiales desertores, tanto como nuevos juristas abnegados y nobles capaces de arriesgar todo por un país bajo el imperio de la ley. La gente sigue atenta y esperanzada.

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