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 miércoles, 12 de noviembre de 2003

Frente a un gran dilema

Jean Louis Santini

Washington. — El último atentado en Riad puso en evidencia el dilema de EEUU que, por un lado, exige a Arabia Saudita combatir eficazmente al terrorismo y, por otro, no quiere desestabilizar a ese importante inversionista y abastecedor de petróleo. Todos los gobiernos estadounidenses, a partir del de Franklin Roosevelt en los años 30, mantuvieron estrechas relaciones con la familia real saudita, debido más que nada al petróleo que posee su nación, del cual la economía de EEUU y de varios otros países industrializados dependen.

Un cuarto de las reservas mundiales de más fácil acceso del crudo (261.700 millones de barriles) se encuentran en el reino saudita, subrayó el experto. Y en las últimas seis décadas, Washington ofreció apoyo político al régimen a cambio de acceso a su petróleo.

Aunque EEUU diversificó sus fuentes de aprovisionamiento de crudo, en 2002 el 13,46% de sus importaciones de hidrocarburos eran desde Arabia Saudita, lo cual colocó al reino como segundo proveedor del país norteamericano después de Canadá (17,09%) y antes que Venezuela (12,2%).

Esta relación con Arabia Saudita se complicó seriamente desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Washington y Nueva York, al salir a la luz ciertos aspectos de la situación política en el reino.

Muchos parlamentarios y familiares de las víctimas acusan a Riad de ser indirectamente responsable por esos actos terroristas, al financiar a través de obras de caridad al wahabismo, rama extremista del Islam, la religión oficial del país, cuya prédica en sus escuelas y en el mundo es antioccidentalista.



Pacto del diablo



Para el senador demócrata Charles Schumer (de Nueva York), “la familia real hizo un pacto con el diablo” al dar, a cambio del apoyo para mantenerse en el poder, cientos de millones de dólares a ese clero extremista que financia las redes terroristas como Al Qaeda.

EEUU necesita inversiones extranjeras para subsanar su enorme déficit de cuentas corrientes, que supera los 500.000 millones de dólares, subrayó John Lonski, principal economista de la agencia de calificación financiera Moody’s. No obstante, lo peor que podría suceder es que “un régimen extremista islámico tome el poder en Riad, como sucedió en Irán a fines de los años 70”, estimó Lonski. Debido a la influencia saudita sobre los precios del petróleo, “eso podría tener consecuencias nefastas sobre la economía estadounidense y mundial”, añadió. (AFP)

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