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 sábado, 30 de agosto de 2003

Consternación en el barrio Nuevo Mangrullo por el crimen de Diego Fernández
Ratifican que un policía asesinó a un adolescente de 15 años por la espalda
El agresor, un agente del Comando Radioeléctrico, quedó detenido. Disparó a tres metros de distancia

Los familiares y los vecinos aseguraron ayer que Diego Fernández, el chico de 15 años que falleció en la madrugada de ayer en el Hospital de Emergencias, tras ser baleado por un policía el jueves a la tarde en el barrio Nuevo Mangrullo, fue una víctima inocente de otro caso de gatillo fácil.

El agente del Comando Radioeléctrico, que disparó el balazo mortal, de apellido De Marco y 22 años, fue detenido por disposición de la jueza Alejandra Rodenas.

Ayer a la tarde, un grupo de vecinos se había reunido en la casa de Castellanos 5346, donde velaban al chico fallecido. Todos llegaron a la barriada de casas bajas y uniformes unos cinco años atrás desde el barrio Mangrullo a través de un programa municipal de relocalización de asentamientos precarios coordinado por la fundación Buena Nueva dirigida por el sacerdote Tomás Santidrián. Estaban consternados y recordaban a Diego como el "chico bueno" que tuvo una muerte tan absurda como injusta.

Oscar vive en una casa de Castellanos 5321. El vio cómo el adolescente al que conocía desde los nueve años se "revolcaba" por el dolor y "escupía sangre" en el patio de tierra de su vivienda después de que el uniformado gatilló su arma reglamentaria desde atrás y a escasa distancia. El hombre había regresado de trabajar y estaba durmiendo cuando dos estampidos lo despertaron. Pese a que el menor estaba herido de muerte, "el policía le gritaba «levantáte, hijo de puta» mientras lo esposaba", dijo el testigo.

Diego había llegado hasta allí desde la calle Catalina Mano paralela a Castellanos a través de los pasillos internos para regresar a su vivienda. Ya había trepado al cerco de alambre que separa la casa de Oscar de la de su vecino cuando fue alcanzado por el balazo mortal. Cuando el proyectil le perforó la espalda sostenía en una de sus manos la mandarina que estaba comiendo desde hacía un rato.

La versión oficial del suceso consignó que los uniformados perseguían a un delincuente cuando se desencadenó el violento episodio pero esto fue desmentido por el abogado Cecilio Lescano, que patrocina a los familiares de Diego. "El ladrón no estaba con los chicos en el momento del hecho. Los policías tenían el dato de que un preso evadido de la comisaría 18ª estaba en el barrio y salieron a buscarlo, pero no lo habían encontrado", comentó.

El letrado también desestimó que el agente pudiera confundir a Diego con el recluso porque "no ingresó a la propiedad ni era parecido físicamente" con el chico fallecido.

Para Lescano, los dos chicos decidieron regresar a sus casas porque "sintieron miedo" cuando divisaron a los policías que se bajaron del móvil "armados y en una actitud amenazante".

Otro elemento que fortalece la hipótesis de que el caso podría encuadrarse en la figura penal de homicidio es que De Marco le disparó a Diego desde unos tres metros.

Ayer a la mañana, Lescano y la madre de Diego, Gloria Vergara, se reunieron con la jueza de instrucción Alejandra Rodenas, a cargo de la investigación del caso, y el jefe de la Unidad Regional II, comisario mayor Luis Pogliese. Los dos coincidieron en que el episodio "será investigado hasta las últimas consecuencias". Además el jefe policial les dijo que "la policía iba a utilizar todos sus medios para esclarecer y que no iba ningún tipo de protección" para el policía involucrado.

El abogado no tiene dudas de que el suceso constituye un nuevo caso de violencia policial. "El chico estaba desarmado, no tiene antecedentes ni hubo intento de ataque a los efectivos", aseguró.

El lunes Lescano solicitará al juzgado que se realice una "constatación" del hecho y que se tome declaración a los testigos del caso.

En la casa de Constitución 5346 estaban la directora de la escuela Vicente Anastasio Echevarría, Mónica Borro, y la vicedirectora de la modalidad educación general básica, María Teresa Salmerón. Diego había llegado este año al establecimiento desde la escuela 1367. Salmerón recordó al adolescente fallecido como un "un chico sin conductas violentas. Parecía mayor y tenía una actitud frente a la vida de una persona adulta. Su intención no era estudiar sino acompañar a la mamá en el trabajo para colaborar con ella".

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En la casa de Diego se realizó el velatorio.

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