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 jueves, 29 de noviembre de 2007  
Opinión

Luis Emilio Blanco / La Capital

Quien transita frecuentemente las rutas del país es testigo involuntario de muchas situaciones peligrosas generadas por imprudencia, inconsciencia y temeridad de conductores de diversos vehículos.

Más que tomar una conducta de manejo defensivo al que quiera salir indemne al viajar debe encomendarse a los dioses para que la insensatez de muchos no nos haga protagonistas de hechos que pueden costarnos la vida.

Lo inadmisible es que quienes más cuidado debieran tener, porque de ellos dependen muchas vidas, terminen convirtiéndose en los que comprometen su seguridad y la de los demás sin medir consecuencias. Falta responsabilidad, previsión y conducta en empresas y choferes.

Ayer esperábamos gratitud por ayudar a evitar un posible accidente ante un desperfecto que, creímos, no se había advertido, pero la reacción de los conductores dejó al descubierto que conocían la falla e igual seguían su camino, aunque faltaban 90 kilómetros. ¿Dónde están y qué hacen los organismos de control?


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