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 sábado, 10 de noviembre de 2007  
“Se me fueron los caprichos formales”

—¿Cuánto puede ayudar la arquitectura a lo social? ¿Qué fuiste descubriendo en esta etapa?

—Se me fueron los caprichos formales. Las ideas plásticas se te van porque hay que responder a las necesidades de un lugar muy humilde. Aprendí a entregarme a lo que se necesita, con la menor cantidad de recursos posibles. Cuando veo todas las cosas que faltan, no puedo pensar en tonterías que tengan que ver con la forma o cosas que sean muy caras. Creo que sin querer fui caminando al minimalismo porque en definitiva es lo más funcional. Además soy muy contextualista.



—¿Qué es para vos ser contextualista?

—El contexto es todo: el entorno, la cultura, los materiales existentes y las personas. Tengo en claro que el arquitecto nunca comienza con una hoja en blanco, siempre tenemos muchas cosas que marcan lo que vamos a hacer. Un buen proyecto es un diálogo entre todas esas cosas, bien resueltas.



—¿Encontrás retribuciones desde tu postura?

—La respuesta social pasa por una cuestión personal. Estoy satisfecho porque trabajo en un lugar en el que no tengo contradicciones con lo que hago. Me siento útil y además comulgo con la política del gobierno. Si tengo que enmarcar la arquitectura ideológicamente la obligación que siento es la de no derrochar energías y ajustarme al mundo en que se vive. Además, no hay que ser egoísta y no se debe hacer un edificio para uno, sino para un cliente y un entorno. Eso es lo máximo que se puede hacer allí desde el trabajo individual. El resto se pide en la calle con manifestaciones y organizaciones políticas.



—¿La arquitectura hospitalaria en Mozambique es similar a la que se practica en otros lugares del planeta?

—Es igual. Incluso algunas cosas son mejores en Mozambique, porque allí no hay problemas de espacios. El apriete que existe en Europa, donde hay que levantar paredes de cinco centímetros, no se da donde trabajo. En relación a la modulación para construir un hospital se utiliza la de libro, la de siete metros. Eso pasa en Africa y en la China.



—¿Pasa lo mismo con los materiales?

—Son muy parecidos. En Mozambique está subiendo la calidad constructiva de los acabados en los hospitales. Al punto que vengo de visitar el nuevo Clemente Alvarez en Rosario y las terminaciones en una sala de operaciones son muy similares.



—¿Y el tamaño?

—Allá los hospitales no son muy grandes porque no cuentan con personal para atender. Tienen un límite de profesionales muy marcado. Como hay un gran apoyo de Cuba, van muchos médicos cubanos a dar una mano.



—¿Qué tecnología utilizan?

—La tecnología constructiva es más simple pero cada vez se exige más. Las instalaciones técnicas son menores porque el dinero de la inversión se consigue pero no hay capacidad para el mantenimiento.



—¿Qué ocurre con los programas?

—Los programas son menores pero los conceptos de uso y funcionamiento están muy actualizados. En el Congreso de Arquitectura Hospitalaria que vengo de presenciar en Buenos Aires verifiqué que tenemos los mismos inconvenientes y se presentan las mismas discusiones. Conceptualmente se trata de lo mismo. Un hospital es una cosa muy difícil, no es un edificio, es una ciudad. Por eso se piensa mucho en planta. Lo más importante son las circulaciones y las distribuciones de las funciones. Después se levanta en tres dimensiones. El problema más importante son los cruces de flujo. Eso en todos lados del mundo es igual.


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