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 domingo, 10 de diciembre de 2006  
Reflexiones
Entre autos de carrera y colectivos

Carlos Duclós / La Capital

No todo el horizonte está claro, como lo presentan algunos, en cuanto a alineaciones políticas con miras al año que está cada vez más cerca. Y la verdad es que la política argentina ha demostrado históricamente que lo que hoy es blanco, mañana puede ser gris, o negro o del color que sea. La verdad es que si se observa esta pista hoy, se ven varios autos dando vueltas, pero uno especialmente potenciado por la propaganda, el conducido por Hermes Binner y bastante despegado del resto. Un resto que es la escudería peronista, justicialista o del Frente para la Victoria. No hay hasta el momento, en autos y pilotos del justicialismo, planes contundentes de carrera ni esa sensación de actitud ganadora tan necesaria para crear el clima.

Un poco más allá, y medio tapado en boxes, hay un auto con un buen piloto, pero no se sabe por qué motivos no tiene ganas de participar en la competencia. Tal vez sea porque el conductor, Reutemann, se cansó de que otras escuderías políticas hicieron de las suyas para desprestigiarlo, mientras los integrantes del propio equipo se ocuparon, debidamente, de no hacer nada. Un Reutemann muchas veces criticado —como se ha dicho aquí en varias ocasiones— con el claro propósito de desgastarlo y sacarlo de la carrera santafesina; un Reutemann que sólo contó con el silencio de sus propios compañeros. Pero también un Reutemann que, hay que decirlo, mientras el país se vino abajo durante la gestión de la Alianza (a la que pertenecieron algunos de los críticos), mantuvo a Santa Fe a flote, con obras, libre de bonos y a los empleados públicos cobrando. Por ejemplo: durante su última gestión y en medio de una crisis nacional sin precedentes (1999-2003) se realizaron en la provincia sólo dos paros docentes.

Pero todo eso es pasado. Hoy el nuevo prototipo VB (léase Velox Binner) está en punta y “no corta la pista, sino vuela” a pesar de algunos lastres que carga en su vehículo (como la interna radical) y dificultades que parecen detectarse sutilmente en el motor (como las diferencias en el propio seno del socialismo). Por eso ¡cuidado! que como bien dijo alguien por estos días recordando a un famoso corredor: “Las carreras se ganan en la última vuelta”. Véase sino este panorama: Lilita Carrió —merced a una estrategia del senador Rubén Giustiniani, que buscó para aliarse a un referente nacional alejado del gobierno— se acercó al socialismo y brindó el apoyo a la candidatura de Hermes Binner, “sin pedir nada a cambio”. Pero se sabe que Carrió es acérrima opositora de la gestión de Kirchner. ¿Qué hará la señora Carrió si sospecha que Binner, en el futuro, no está dispuesto a formar parte de una coalición opositora?

El armado del reciente “Reencuentro para la Victoria”, que es la segunda parte del primer encuentro realizado en el Hotel Bauen, concentra a figuras de centro izquierda que ven con buenos ojos y apoyan a Binner (Graciela Ocaña, Chacho Alvarez, Carlos Heller, Ariel Basteiro, Luis Juez, Pablo Lanusse, José Vitar, entre muchos otros) pero que están decididamente aliados y firmes junto al gobierno nacional. ¿Cómo digerirá esto Carrió?

Las cosas tampoco están muy claras dentro del socialismo popular. Algunos dirigentes del Frente Progresista se quedaron asombrados por la ausencia, en la reciente reunión del Centro de Estudios Municipales y Provinciales socialista, del sector liderado por el senador nacional Giustiniani y otros dirigentes partidarios. Si en efecto faltaron ¿qué pasa en el socialismo? Algunos funcionarios nacionales parecen haber dicho “en off” que “si gana Binner eso no sería tomado como una derrota por el gobierno nacional”. ¿Cómo deben interpretarse estas palabras? ¿Qué Binner es un aliado? Claro que lo que se dijo ayer, hoy carece de vigencia. Así es en el ámbito político. Lo único claro, en este presente, son las dudas que revolotean por todas partes. Un dirigente peronista de primera línea, con soltura dijo: “El compromiso de Binner, para con el gobierno nacional, sería el de tributar votos al candidato a presidente del Frente para la Victoria (Néstor o Cristina) después que haya ganado la Gobernación”. ¿Pero por qué debe limitarse esa visión? Una vez ungido gobernador, y con todo el poder, ¿Binner no podría decidir pasarse a las filas de la onda K de la mano de algún movimiento de centro izquierda como el nacido en el Bauen? Seguramente estas cosas las piensan algunos socialistas opositores al gobierno, como el senador Giustiniani, y es probable que Carrió comience a mirar un poco más detenidamente la marcha del prototipo VB. Pero de todos modos las mismas inquietudes podrían rondar en el gobierno: ¿sería Binner un gobernador amigo u opositor?

Algunas cuestiones pueden servir para sacar conclusiones de las políticas de Estado que se llevan adelante: el servicio de transporte en Rosario, por ejemplo. La noticia de los últimos días señala que luego de un prolongado proceso licitatorio el gobierno socialista anunció la adjudicación del nuevo sistema de transporte. El sistema quedará dividido en cinco zonas y, según se anunció, la empresa Rosario Bus, cuyo titular es Agustín Bermúdez —según dicen un cercano a Hermes Binner (su esposa sería familiar de la esposa del empresario)— se quedará con dos sectores. Otra empresa, Las Delicias, tendrá a su cargo un sector y el resto estará en manos de la empresa municipal. Según lo previsto, se conformará una compañía mixta a través de un fondo fiduciario que estará a cargo del Banco Municipal de Rosario, banco cuyas finanzas no siempre estuvieron de lo mejor y a quien el Concejo debió aprobarle ya varias capitalizaciones, lo que traducido significa que los vecinos de Rosario y de la provincia de Santa Fe lo han bancado de manera permanente. Al mismo tiempo de este anuncio, comienzan a correr rumores de un nuevo aumento del boleto, en tanto los vecinos deben soportar un servicio deficiente y subsidiado. Subsidiado aun cuando los entendidos sostienen que muchos colectivos tienen motor adelante y ello, por ser muy contaminantes, los deja al margen de los subsidios de gasoil. Pero como aquí todo es posible, esto no sería tenido en cuenta y el subsidio se cobra lo mismo.

Un servicio que deja a los pasajeros esperando a veces treinta minutos y hasta una hora parados en una esquina y a merced de la inseguridad y que en las horas de la madrugada se ve cada muerte de obispo (y los prelados no mueren a cada rato, afortunadamente para ellos, pero no para los pasajeros). Un servicio que, según taxistas, usuarios y analistas, si tuviera las frecuencias apropiadas y eficientes, haría innecesaria la extensión de tantas nuevas chapas de taxis. Un servicio que, según trasciende, no paga las patentes correspondientes a la Administración Provincial de Impuestos, que mantiene deudas fenomenales y que es contaminante y lamentable en muchos sentidos.

Una investigación realizada por el semanario 30 Noticias ha puesto de relieve, por ejemplo, que la firma Rosario Bus acumula más del 50 por ciento del sistema y también posee más del 30 por ciento en la zona. Tiene 1.600 choferes, corta 120 millones de boletos por año entre las 17 líneas que explota y dice destinar el 63 por ciento de cada pasaje vendido a sueldos y un 27 por ciento a pago de tasas, impuestos y amortizaciones. El semanario expresa que “ante la situación del servicio casi paupérrimo y el llanto permanente sobre la presunta imposibilidad de seguir afrontando gastos, es que surgen varias preguntas que no se llevan del todo bien con la más que evidente realidad. Si este señor (el propietario de las empresas, Bermúdez) sostiene que el sistema da pérdidas, ¿cómo es que tiene entre sus manos más de la mitad del servicio del transporte en Rosario? (también en Santa Fe). Alguna fórmula mágica deberá mantener en secreto para que las cuentas le terminen cerrando. No se trata de un digno cultor de la filantropía, algún rédito debe reportarle semejantes esfuerzos”, ironiza el medio, quien remata expresando que “estas firmas (las de Bermúdez y otras) han sido favorecidas permanentemente con subsidios municipales y nacionales. La ciudad recibió durante el año en curso unos 60 millones de pesos como ayuda para el sistema, del cual Bermúdez participa en un 50 por ciento”. No es poca cosa.

Pero los cole siguen en la pista y la nueva compañía mixta, conformada entre empresas privadas y Municipalidad, comenzará a funcionar en unos meses más ¿unidos para perder? Mientras tanto, el servicio de transporte urbano, como bien lo expresan los vecinos, deja mucho que desear. Un radical, tal vez despechado, ha dicho en una reunión que “en política, aún cuando algunos colectivos estén desvencijados y las cosas no se vean claras por el humo de sus escapes, a veces lo que importa no es tanto el estado del vehículo, sino que este lleve al pasajero adonde quiere ir. El colectivo de la propaganda y el marketing socialista lleva a Binner directo a la Casa Gris. Si el servicio, como el del transporte rosarino, no es de lo mejor, bueno... eso es otro cantar”. ¿Tendrá razón?
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