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 sábado, 18 de noviembre de 2006  
El debate por la nueva ley educativa y el papel de la infancia
Chiqui González: "La educación es muy importante por eso hay que consultar a los niños"
La secretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario afirma que en el anteproyecto de la ley está ausente la voz de los chicos

Marcela Isaías / La Capital

Asegura que ha revisado el anteproyecto de ley de educación nacional y que el derecho de los niños a ser consultados no aparece de manera explícita, y por eso defiende la idea de que la voz de los más chicos sea tenida en cuenta a la hora se pensar una nueva escuela. Sencillamente porque utilizan palabras como felicidad, humor y alegría. Estas definiciones son clave para la secretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario, Chiqui González, impulsora de dos experiencias inéditas de participación de los chicos en temas tan significativos como son la palabra y la educación, y más conocidos como Congresitos.

   El último Congresito, realizado en los primeros días de noviembre, reunió a más de 3.000 chicos. Pero al margen de la importante convocatoria, la secretaria de Educación asegura que se trató de revertir un olvido importante en este debate para alcanzar una ley de educación: que la voz de los más chicos sea escuchada, tal como fija la Convención de los Derechos del Niño.

   Ahora estas conclusiones, que respetan cada palabra dada en los plenarios que reunieron a niños entre 4 y 14 años, serán presentadas como “Conversaciones con los chicos” al Ministerio de Educación, al Congreso, a los medios y a las escuelas.

   —Pasaron dos Congresitos, el de la Lengua y de la Educación, ¿qué sensación te queda de esta experiencia con los chicos?

   —Me queda la sensación de que pocas cosas que yo hice en la vida y en el Estado, sino la única, tienen la fuerza de ese momento. Me queda una plenitud muy grande. Después de cada plenario lloro mucho, como descarga, porque nunca sé si podré escuchar y repreguntar lo necesario. Porque entiendo que en la repregunta empiezan a derrumbarse los estereotipos y aparecen otras cosas. De este Congresito de la Educación me queda un balance mucho más positivo que del anterior, más allá de que más difusión nacional porque estaba de por medio el Congreso Internacional de la Lengua Española.

   —Pero este Congresito también tuvo otro escenario importante: el debate de la ley de educación nacional.

   —Sí, y por eso entiendo que los Congresitos tienen que ser más o menos excepcionales. En este caso surge porque ante la discusión de la ley de educación nacional nos pareció que el niño debía ser consultado, siguiendo el artículo 11 de la Convención de los Derechos del Niño. En los debates estaba contemplada la participación de los jóvenes desde los 14 años, no de los niños. La educación es una cuestión muy importante por lo que vale consultar los niños, no desde la técnica educativa, sino de su visión de la misma. Y han aparecido aspectos muy interesantes.

   —¿Por ejemplo, qué temas fueron los que te sorprendieron más?

   —Me golpeó mucho el tema del error y el de la exigencia. Los chicos insisten en decir que el error hace infelices a las maestras; que les da temor de crecer, porque cuando se crece se comenten más errores. Lo cual es gravísimo si la educación deja esta sensación. Y respecto de la exigencia, los más grandes plantean un ejemplo habitual que las maestras les dicen cuando los califican: “Yo te pongo esta nota porque vos podés dar más”. Y los chicos se preguntan: ¿Qué es dar más? ¿Es estudiar más? ¿Es ser más inteligentes? No entienden qué es dar más, se les pide sin explicarles de qué se trata. Pero también me sorprendió la cantidad de veces que dijeron que a la escuela le falta humor, que sus maestras no se ríen mucho y que no son alegres.

   —¿Pensás que la escuela ha perdido la alegría, la felicidad como meta?

   —Sí, lo pienso. Pero no generalicemos, porque hay una defensa impresionante de la escuela, más allá de que digan que es aburrida. Los chicos no andan con vueltas, no hablan de que sea sólo divertida, hablan de que sea entretenida, de ser feliz. Y cuando le preguntás qué es ser feliz, todos te dicen lo mismo: “Ser felices es compartir, que te quieran, aprender a querer a otros, no tener miedo de ser herido por un par o un adulto, de ser tratado de negro o de gordo”. Para ellos la felicidad pasa por ser aceptados, queridos, por compartir lazos afectivos.

   Cuando los chicos hablan de que haya humor, de felicidad, de más entretenimiento, ¿están fijando las bases de una nueva escuela?

   — Sí, lo están pidiendo. Y es lo que no veo mucho en esta nueva ley.

   —¿Considerás que la voz de los chicos ha estado ausente?

   —Sí, ha estado ausente. Como abogada he revisado todo el articulado de la ley, y si bien encuentro muchas cosas positivas, la voz de ellos está ausente. Se habla mucho de los derechos humanos, de estudiar la dictadura, de la identidad, pero en ningún caso del derecho del alumno de ser consultado en cosas que importan a su vida. No se habla de crear espacios como centros de estudiantes o como se llamen, pero que sean lugares sistemáticos en las escuela para debatir desde pequeños, porque eso también es escuela de formación. Se habla de niños sujetos de derecho, pero la Convención no está mencionada sino que está como supuesta que ya la asumimos; es algo de la ley que no comparto. Creo que pudieron hacerlo porque está en el aire de los que impulsan estas reformas, pero en la ley no hay lugar para la palabra de los niños. Y hay que dárselas para que se reúnan, hagan proyectos escolares, solucionen sus propios problemas, como el tema de la discriminación que plantearon. Eso está ausente. Debería estar expresado claramente como una voluntad que los niños son sujeto de derecho. Es una cuestión ideológica.


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La secretaria de Educación y Cultura Municipal, Chiqui González, asegura que la gran pregunta de la educación hoy pasa por saber quiénes somos.

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