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 domingo, 03 de septiembre de 2006  
Roles de género: ¿qué es ser varón y ser mujer?

¿Qué es ser varón y qué es ser mujer; cómo son las mujeres y como los varones; son sinónimos de femenino y masculino; y si no lo son, porqué? Sin duda que si estas preguntas se generan en el aula nos encontramos con una variedad de respuestas, como también, si las discutimos en la sala de profesores o en una reunión de padres. A efectos de reflexionar sobre el tema, esta nota pone en consideración algunos conceptos desde perspectivas teóricas, que si bien no son las únicas, tienen el necesario rigor científico para erguirse como tales.

Durante la década de 1920, la antropóloga norteamericana Margaret Mead estudió numerosas culturas con el objeto de conocer de qué manera atravesaban (ella plantea que moldean), a las personas por medio del aprendizaje social. En una publicación de 1935 discute los resultados de investigaciones sobre diferencias entre mujeres y varones a partir de la observación de tres culturas diferentes: los Arapesh de Nueva Guinea, los Mundugamor y los Tchambuli. En los primeros observó que ni los hombres ni las mujeres tienen propensión a ser agresivos u hostiles, el nivel de competitividad entre ellos es bajo y colaboran entre sí en proyectos colectivos agrícolas que benefician por igual a toda su comunidad. Mead, describió a ambos, tanto mujeres y varones como amables, sensibles y participativos en la crianza de los hijos, prácticamente no existen los celos, la envidia ni el conflicto.

Sin embargo, los Mundugamor se diferenciaban radicalmente de los Arapesh ya que tanto hombres como mujeres eran muy competitivos y agresivos físicamente y unos y otros sentían que en la maternidad no encontraban ninguna recompensa. El trato suave y afectuoso no era lo más frecuente cuando se relacionaban con los hijos a quienes les exigen que se independicen muy tempranamente.

La observación que plantea esta antropóloga fue que tanto mujeres como hombres Arapesh, mostraban rasgos que para la cultura norteamericana del entonces se calificarían de "femeninas", mientras que características de los Mundugamor se correspondían con el estereotipo de "masculino".

A la vez, Mead describe a los miembros de la comunidad Tchambuli, quienes a pesar de mostrar diferencias muy apreciables entre varones y mujeres, eran lo opuesto a lo esperado en la cultura norteamericana ya que, las mujeres ejercían el poder en la aldea y se ocupaban de las actividades agrícolas, pesca y producción; mientras que los hombres desempeñaban un papel pasivo y secundario en estos aspectos, por lo que Mead se interrogaba: "¿Cómo son las mujeres y como los hombres?" a lo cual responde que en gran medida ello depende de cómo hayan sido atravesados y se hayan adecuado a su propia cultura.

Pero ¿qué significa sexo, género y sexualidad? Cuando hablamos del concepto de sexo de una persona nos referimos a aquello que lo define por un rasgo biológico signado por sus genitales. En tanto que el género de alguien nos remite a la experiencia psicológica que cada uno tiene de su sexo. En muchos casos el sexo y el género de una persona coincide y en muchos otros no. Esto significa que es posible que personas con genitales de hombre sientan que su género es femenino y viceversa.

Para arrojar luz sobre esto habría que distinguir dos aspectos importantes del género, uno de ellos es la idea de identidad de género y el otro el rol de género. La identidad de género es la experiencia subjetiva de ser varón o mujer, y como sucede con todos los aspectos de la identidad personal, la del género forma parte de nuestra personalidad y es un componente central de nuestro autoconcepto. En este sentido, el rol de género, hace referencia a todas las conductas mediante las que hacemos saber a los demás el grado de nuestra masculinidad o femenidad, en los términos definidos por nuestra particular cultura.

De manera que el rol de género es una expresión puesta en acto de la identidad de género. Mead argumentó que los roles de género varían de una cultura a otra y proporcionan un conjunto de expectativas acerca de las personas, de acuerdo a su sexo biológico.

Por otra parte, cuando hablamos de sexualidad lo hacemos, no sólo para aquellas conductas de la pretendida búsqueda de placer sexual, sino a todos los sentimientos y creencias que se hallan entretejidas en la conducta sexual, afectiva y amorosa. De esta manera hay un aspecto del ser psicológico propio relacionado íntimamente a nuestra sexualidad e identidad de género que se relaciona con el concepto de orientación sexual, es decir, la tendencia a preferir una pareja afectiva y/o sexual del mismo o diferente sexo biológico.

Sin duda que la identidad de género es una plataforma vital desde la que se erige y sostendrá la orientación sexual y si bien, las teorías son múltiples y múltiples las miradas al respecto, A. Bandura propone una teoría para explicar la identidad de género; de acuerdo a ella, las niñas y niños imitan en un inicio las conductas tanto del hombre como de la mujer, pero sus padres y otros miembros del mundo social los premian si se comportan como chico o chica y no los premian (o castigan) si se comportan como lo hace el otro sexo. Es decir, que un niño vista como niña será fuertemente sancionado y que una niña llore, débilmente cuestionado, pues es más esperable la expresión sentimental en mujeres que en varones occidentales.

Hay infinidad de estudios que demuestran que los padres emplean una enorme cantidad de tiempo alentando a sus hijos para que adopten conductas propias del rol de género coincidente con su sexo biológico, socialmente esperado.

En consecuencia, la Teoría del Aprendizaje Social de Bandura sostiene que los roles de género no forman parte inherente a nuestra constitución biológica, sino que se toman, incorporan y aprenden del orden social, lo cual implica que los roles de género son diferentes en tiempo, lugar e históricamente hablando. Desde esta perspectiva, tanto en los órdenes escolares como extraescolares sería adecuado estimular tanto a niñas como niños para que adquieran los mejores rasgos de los roles de género tradicionales de varones y mujeres, lo cual conllevaría a que tales roles de género sean vivenciados y aceptados de manera más libre y natural. Esto reviste una importancia especial, considerando que tanto varones como mujeres soportamos ataduras genéricas que valdría la pena, primeramente revisar y en muchos casos remover, sobre todo en lo referido a la función reproductora de la cultura propia del ámbito y la tarea docente.

Juan J. Carabajal

juancarabajal@infovia.com.ar

Psicólogo, docente e investigador UNR
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