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 domingo, 09 de julio de 2006  
Historias
La primera exportación de oro verde

Hoy motoriza las ventas externas de la Argentina y su complejo representa el 45 por ciento de las exportaciones agroindustriales, con ingresos que en 2004 alcanzaban los 8.000 millones de dólares. Sin embargo, hace 44 años -un 5 de julio de 1962- cuando salió por primera vez desde el país hacia los mercados mundiales, la soja era considerada un cultivo tabú por los fracasos en su implantación.

Nadie podía imaginar por entonces, cuando que el buque "Alabama" partió de la Argentina con un cargamento de 6.000 toneladas de soja con destino al puerto de Hamburgo (Alemania), que la oleaginosa empezaría a inclinar la balanza de los ingresos fiscales de la Argentina.

De hecho, hoy el país es el tercer productor mundial después de Brasil y Estados Unidos y participa con un 40% de la superficie total del Cono Sur, pero es, al mismo tiempo, el primer exportador de aceites del mundo, con 4,3 millones de toneladas por un valor de 2.335 millones de dólares, según datos de 2004.


A paso lento
Las primeras plantaciones de soja en Argentina se hicieron en 1862, pero el cultivo no encontró eco entre los productores agrícolas de aquellos años, dedicados fundamentalmente al cultivo de cereales, fundamentalmente el trigo, lo que le valió a la Argentina el mote de "granero del mundo" durante la guerra.

En 1925, el Ministro de Agricultura Le Bretón, introdujo nuevas semillas de soja al país provenientes de Europa y trató de difundir su cultivo, conocido en esa época entre los agrónomos de esa dependencia como arveja peluda o soja híspida.

Hacia el año 1956 en la Argentina no se conocían aún los aspectos básicos de la soja como cultivo y los fracasos en la siembra y cosecha hicieron que fuese considerada para esa época como cultivo tabú.

Su producción se incrementó notoriamente en los años 70 hasta alcanzar en la campaña 2005/06 una superficie sembrada de 15,2 millones de hectáreas y una producción estimada en los 40,5 millones de toneladas con un rendimiento promedio de 2.660 kilos por hectárea.

Pero este crecimiento parece que aún no tiene techo en el país. Con el incremento del área -sustentado en los buenos márgenes que aporta- sumado al auge de los biocombustibles la oleaginosa seguirá siendo protagonista.

Según datos de economistas del complejo, si se cumpliera con el proyecto de agregarle un 5% de biodiesel al gasoil -previsto en la nueva ley de biocombustibles aprobada en la Argentina- en 2004 se hubiesen necesitado moler 3,2 millones de toneladas de soja para satisfacer la demanda doméstica, sin contar lo que significaría la exportación de este combustible.

Mientras en los años 40 o 50 el lino era la oleaginosa por excelencia en el país, hoy este cultivo prácticamente desapareció y los campos pasaron del violeta al verde y ocre: el paisaje que muestran los campos atestados del cultivo estrella. Su avance y la sustentabilidad son el desafío que se viene.
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