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domingo,
07 de
agosto de
2005 |
Medina no gravitó
y Román insinuó
Cara y ceca de los volantes debutantes
Si Central mostró una nociva tendencia a meterse en problemas en ofensiva, mucho tuvo que ver el mal debut que cumplió Medina. Es que Nico jugó muy nervioso. Lució demasiado estático cuando su principal función era darle vivacidad y movilidad a cada maniobra de ataque.
Tampoco logró saltar el cerco que le opusieron los volantes de Olimpo porque cayó rápidamente en imprecisiones. Entonces, el ropaje de organizador recayó en el pibe Calgaro, quien ocupó bien su tiempo en no perder la vertical cuando se le venían Riggio o Rogelio Martínez.
En el entretiempo, Cuffaro Russo se dio cuenta que la presencia de Medina era un escollo para el crecimiento que necesitaba el equipo para intentar hacerle un agujero al tejido colectivo de Olimpo. Entonces mandó a la cancha a Román Díaz y los ataques canallas ganaron en gambeta y atrevimiento.
Si bien la presentación del ex jugador de Lanús no resultó nada de otro mundo, al menos, Central empezó a inclinar sus intentos por los costados. Ya no utilizó el centro como una variante y progresó a partir de la velocidad de Alemanno y Andrés Díaz. Precisamente por esa vía llegó el gol del volante y Tito Villa ya no estaba obligado a los intentos quijotescos.
Además, la salida de Medina acomodó a Papa más adentro. Ese corrimiento posicional le permitió ser más participativo en los circuitos ofensivos.
En definitiva, Nicolás Medina y Román Díaz tuvieron un estreno con sensaciones disímiles. Mientras uno quedó preso de su propio nerviosismo, el otro piloteó la ansiedad del debut con algo de su desfachatez.
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