
|
sábado,
25 de
junio de
2005 |
Yo creo: "Brecht y su
mal paso por
Hollywood"
Fernando Toloza / La Capital
El sino de algunos grandes creadores es ser odiados, o rodeados de versiones sobre la tiranía, extorsiones y trucos ejercidos sobre los demás para poder llevar adelante el mandato de "construir una obra". Bertolt Brecht es una de esas figuras a las que la leyenda ha ido socavando el sustento de la obra. Según cuenta Ruth Berlau, su amante, colaboradora y amiga danesa, Brecht decía que su obra recién sería apreciada a cincuenta años de su muerte. A pesar de que el dramaturgo alemán solía trabajar con materiales urgentes, del día, anidaba en él la idea de una posteridad, el deseo de durar. A punto de cumplirse los cincuenta años de la muerte de Brecht el año entrante, puede empezar a preguntarse qué ha quedado de esa obra, si su difusión ha sido tan vasta que ya no se advierte su influencia, o si es algo visto desde lejos, como un objeto anticuado. En los años 40 del siglo XX Brecht vivió en Estados Unidos. Trató, como muchos otros escritores, de hacer dinero cerca de Hollywood. Consiguió sobrevivir, pero no fortuna. Hizo amistad con Charles Chaplin, pero no logró convencerlo de trabajar juntos. Se acercó a Fritz Lang -que sabía quién era Brecht, un conocimiento que pocos estadounidenses tenían- pero chocó con el egoísmo. El director de "M" lo desairó ante los estudios y, según Berlau, estropeó con saña un guión del autor de "Madre coraje".
Brecht en su mal paso por Hollywood demuestra la perseverancia de un hombre de teatro en condiciones adversas. Llegó al país del norte tras una serie de fugas para escapar del terror nazi: Dinamarca, Suecia, Finlandia y quiso seguir adelante con su obra. Tuvo, de su lado, a Charles Laughton, el actor de muchas películas y director de "La noche del cazador", pero no fue suficiente para que se arraigase o al menos su producción fuese tomada en serio. Ese revés en el norte quizás sirva para encontrarle el hilo a la pregunta sobre la leyenda y la obra. Brecht es el despreciado por el Hollywood que hoy dictamina la estética mundial, la que rige hasta momentos del comportamiento íntimo. Quizás la vigencia y la fuerza de Brecht hoy radique en su estilo de tentar al espectador para que sea parte de lo que ve, y no el simple mirón de explosiones de las que, en apariencia, sale ileso.
enviar nota por e-mail
|
|
|