Año CXXXVII Nº 48323
La Ciudad
Política
Economía
Información Gral
Opinión
El Mundo
La Región
Policiales
Cultura
Cartas de lectores


suplementos
Ovación
Salud
Autos
Escenario


suplementos
ediciones anteriores
Turismo 07/03
Mujer 07/03
Economía 07/03
Señales 07/03
Educación 06/03
Campo 06/03


contacto

servicios

Institucional

 miércoles, 10 de marzo de 2004

Central demoró dos horas por una huelga de la policía militar

Fue un viaje largo, y con algunos contratiempos ajenos a la organización que demoraron un poco más de lo previsto la llegada de Central a Curitiba. El primer avión que partió de Rosario a las 11.45 llegó a Montevideo a las 12.30. Una vez en el aeropuerto de Carrasco, la delegación debió aguardar que desciendan primero quienes viajaban a la capital uruguaya para después iniciar el trasbordo a otra aeronave de la compañía Uair, la que decoló a la 13.40 y tocó suelo brasileño a la 15.33. Hasta ahí todo dentro de lo calculado. Pero nadie imaginaba que la policía militar de Brasil estuviera de huelga, y este reclamo provocó una hora y media de estadía involuntaria en la aeroestación Alfonso Pena, lapso que pudo haber sido mayor si un personal jerárquico no hubiera tenido la gentileza de hacer el trabajo de control.

Como es lógico imaginar, una sola persona para verificar los documentos y las cartas de migración de un centenar de pasajeros no es un trámite fácil, y mucho menos rápido, así que la espera se hizo irremediable, por más tediosa que resultó.

No obstante, todo el pasaje coincidió en dejar pasar a los jugadores, cuerpo técnico, cuerpo médico y utileros en primer lugar. Detrás de ellos se ubicó el resto, inclusive los dirigentes, aunque los muchachos del programa Paso a Paso de TyC, fiel al nombre de la emisión, solicitaron permiso para gestionar su salida detrás del plantel con la excusa de que debían enviar el material fílmico.

Una vez superado este contratiempo, hubo un espacio para constatar la honestidad de todos los viajeros, ya que las valijas estaban solitarias a un costado de la cinta, y si bien había un funcionario del aeropuerto que tenía como misión verificar que cada uno se lleve su maleta, el solitario empleado poco pudo hacer ante el numeroso contingente.

"Ahora sí", dijo uno de los colegas. "Al fin nos podemos ir", añadió otro. Pero un diluvio universal demoró algo más el periplo. Los futbolistas llegaron al hotel Bourbon pasadas las 17, mientras que el resto de la delegación lo hizo 40 minutos después, a esa altura la lluvia había cesado y el sol daba señales de existencia.

Al ratito de que todos se habían alojado, las autoridades del Club Coritiba y la responsable de comunicación institucional, Izabel, no escatimaron esfuerzos para darle la bienvenida a la delegación de Central y a los periodistas de los diferentes medios. Algo inusual en estos casos, y una nueva demostración de la gentileza con la que proceden los brasileños para recibir a los visitantes.


La comida, todo un tema
Por tratarse de un vuelo que se realizaba durante el mediodía, es habitual que por nuestra argentinidad se ponga mucha expectativa en el servicio gastronómico. Una cajita fue la primera provisión hasta Montevideo y otra similar fue hasta Curitiba. Hasta ahí todo bien, pero cuando los pasajeros observaron que las azafatas pasaban hacia el fondo de la aeronave con bandejas cargadas con enormes sandwiches, los estómagos se llenaron de ilusión. Pero sólo de ilusión. Porque los productos fueron elaborados por Central y destinados al plantel. No formaban parte del servicio. Primera desazón para el apetito. Pero la comida fue todo un tema aún. Luego las señoritas azafatas volvieron a recorrer el pasillo del avión con idéntico destino que la anterior incursión, y esta vez llevando unas atractivas cajitas de aluminio, con almuerzo caliente, y un aroma que invitaba al hurto. Y aquí sí la reacción no se hizo esperar.

"Señorita, ¿me puede explicar por qué algunos comen y otros no?", fue la consulta curiosa de un cronista, indignado al comprobar que las mismas habían sido destinadas a otras personas ajenas a la institución. "Mire, este es un servicio especial que solicitó Central y a nosotros nos entregó una nómina de 50 personas", respondió la azafata con amabilidad.

Cuando esto sucedía, el tesorero canalla Marcelo Gastaldi dijo: "No te hagas problema, yo estaba en la lista y mi cajita se la dieron al gordo Bottura". Cuando la mayoría de los periodistas giraron para presenciar la escena, el fotógrafo independiente estaba en plena faena. "A mí me la dieron, a mí me la dieron", respondió el voluminoso reportero sin detener su ingesta.

Ahora quedó en el aire una duda que sólo el tiempo se encargará de develar: el tesorero de Central, ¿pagará el servicio especial que consumió Bottura?

enviar nota por e-mail

contacto
buscador

Notas Relacionadas
Central busca en Curitiba la visa para la segunda fase


  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados