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 domingo, 13 de marzo de 2005  
Primera persona
Gilberto Krasniansky: "Soy los recuerdos que tengo: lo que me queda es la memoria"
A los 81 años, el galerista y productor teatral repasa una vida signada por los emprendimientos culturales, desde la librería Ciencia a las muestras de arte

Osvaldo Aguirre / La Capital

Fundó una conocida galería de arte, editó libros de autores rosarinos, fue actor y productor de teatro y participó en múltiples emprendimientos. Ahora, a los 81 años, Gilberto Krasniansky quiere hacer un balance de esa vida dedicada a la cultura de Rosario. "Ungaretti decía en un poema: «me siento imagen pasajera,/ la muerte se descuenta viviendo». Yo soy un poco todo el pasado, todo lo que se fue. No quedan muchos testigos de mi época", afirma.

En ese pasado hay una zona luminosa. "Viví una época de esplendor de la cultura de la ciudad, en los años 60, hasta antes de la dictadura", dice Krasniansky, o Krass, como se lo conoce. Habla con orgullo de la galería de arte que desde hace casi cuarenta años funciona en calle San Martín al 600. "Nadie hizo en Rosario una galería como la que yo fundé, con dos salas, una sala de conciertos, un piano. Ahora la continúan mis hijos Sergio y Berta", cuenta.

-Mi formación es la de un autodidacta. Yo vengo de Estación Seguí, Entre Ríos, un pueblo del medio del monte donde no había luz ni asfalto. Nací en 1924 y fui hasta tercer grado de una escuela rural. A los 13 años me fui con mi familia a Paraná y después a Buenos Aires, donde empezó mi formación, antes de venir a Rosario. Vivíamos ocho hermanos en un conventillo, éramos gente muy humilde, veníamos del último escalón de la pobreza. Mi padre, que había combatido en la guerra ruso-japonesa de 1905, era recibidor de granos. A mí lo que me ayudó fue leer, he sido un lector apasionado de la novela y de la poesía. Permanentemente tengo un libro conmigo, esa es mi gran compañía.

-¿Qué etapas marcaría en esos años de formación?

-En Buenos Aires empecé a militar en los movimientos de izquierda, donde se le daba mucho valor a la actividad cultural. Y no en balde los grandes pintores de la época fueron de izquierda, como Castagnino o Berni, de quienes fui amigo. Al lado de mucha gente como ellos yo me fui haciendo. Castagnino consideraba que Rosario era una ciudad que no daba valor a sus artistas, que debían emigrar, ir a Buenos Aires, como él mismo hizo. Creo que es cierto: grandes pintores como Schiavoni o Musto no tuvieron trascendencia porque no se fueron de Rosario.

-¿Cómo se vinculó con la cultura de la ciudad?

-En los años 50 entré como socio en la librería Ciencia, que estaba en Santa Fe 1284. Los dueños eran Genolet y Monserrat, gente por entonces mayor, y como Genolet se enfermó, entré para apuntalar la actividad. Hice una serie de innovaciones, armé una pequeña galería, donde puse a Grela y traje a Soldi. A la librería Ciencia concurría lo mejor de la intelectualidad de la época: gente como Conrado Nalé Roxlo, César Tiempo, Raúl González Tuñón, José Pedroni, Abelardo Castillo, Marta Lynch. Y también Juan L. Ortiz, a quien yo conocía de Entre Ríos, de muchacho. Todos los artistas y escritores que venían de Buenos Aires pasaban por la librería. Ahí yo tenía un reducto donde se generaban cosas contestatarias. Ahí se anexó el teatro El Faro, donde ensayábamos con Héctor Tealdi y Rubén Naranjo era el escenógrafo. El teatro El Faro funcionó desde los años 60 hasta los 70, después todo el mundo se exilió. El teatro independiente era en esa época un teatro contestatario y las obras que hacíamos tenían un gran contenido social. Hicimos por ejemplo "Despierta y canta", de Clifford Odets, uno de los acusados por el macartismo, "El centroforward muere al amanecer", "Una ardiente noche de verano", de T.Wilis, o "Un guapo del 900", abajo del puente de calle Sarmiento, hace de esto cuarenta años. No había tanta competencia de la televisión.

-¿Por qué fueron, como dice, de esplendor los años 60?

-Desde el punto de vista nuestro como galerista, fue una época espléndida. Había coleccionistas como Domingo Minetti, Oliveira Cezar, que apoyó todo el movimiento del Grupo Litoral, Martínez Carbonell, Alfredo Frontalini. Gente que creaba grandes colecciones, que incorporaba a su vida cotidiana los elementos de la pintura, como una apetencia cultural. Eso hoy no existe.

-Pero el mercado del arte se mantiene.

-Con grandes dificultades. No con el sentido que tenía en esa época.

-¿Cómo recuerda el origen de la galería Krass?

-La galería comenzó en 1966 y se convirtió en un cenáculo, fue la continuidad de la librería Ciencia. Después, con la dictadura, mucha gente se fue, emigró. Yo me quedé, aunque con miedo, pero era muy notoria mi presencia en la ciudad. En 30 años hacíamos dos muestras cada quince días, por lo que se habrán hecho 500 muestras. Yo apoyé mucho a los pintores del medio, como Pedrotti, Ouvrard, a los jóvenes. Tenía una posición de apoyar a la gente local. Y con el teatro seguí como productor. Hice "Panorama desde el puente", en El Círculo, con muchas dificultades. Cuando estaba Ada Donato como subsecretaria de Cultura queríamos crear la comedia de Rosario, porque ésta es la única ciudad importante del país donde no hay una comedia municipal.

-¿Cómo ve a la cultura de Rosario?

-En la secretaría de Cultura está Marina, la hija de Rubén (Naranjo), que es mi íntimo amigo y ella es como una sobrina mía, la tuve en brazos. Hay una cosa interesante, están haciendo cosas. Pero en lo esencial -y no es un problema de ellos, sino del sistema- las cosas pierden continuidad. Crearon algo lindo como el mercado Retro, pero eso se está muriendo. En vez de darle manija, de consolidar, está languideciendo un espacio que se podría reactivar.

-¿En qué sentido hay un "problema del sistema"?

-Porque el poder no prioriza la cultura. No se apoya en la gente que tenemos.

-Al cabo del tiempo, ¿qué es lo que más le gusta de lo que hizo?

-¿Cómo me defino? Yo tengo una casa a orillas del Carcarañá. Ahí paso los tiempos libres que tengo, que ahora son muchos. y me dedico a andar en patas (risas). Tengo un horno de barro, me dedico a hacer dulces, porque tengo higuera, y a pescar. Entonces digo que yo fui. Lo único que me queda es la memoria: soy los recuerdos que tengo.
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"A mí lo que me ayudó fue leer, siempre fui un lector apasionado", dice.

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