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 miércoles, 12 de noviembre de 2003

Charlas en el Café del Bajo

-Bien, ya estoy aquí sentado nuevamente, Inocencio, luego de dos días de rotetium serrano, en este inconfundible clima santafesino, húmedo y caluroso. Me hubiera gustado despertarme y observar las sierras desde mi ventana, pero no... apenas si observé al despegar los ojos el edificio de enfrente, escuché temprano el ruido de los motores y percibí el aroma de gasoil crudo que lanzan algunos colectivos. Al leer el gran título de tapa de LA CAPITAL de ayer con profunda desazón me pregunté: ¿¡Por qué estoy aquí!?

-Pero no se queje Candi, después de todo lo hemos recibido con una perla preciosa: el ministro de Gobierno designado por Jorge Obeid aceptó ese cargo para mejorar su jubilación. Cuando se retire cobrará dos jubilaciones. ¡Qué me cuenta!

-Algunos lectores nos están pidiendo que no desperdiciemos tiempo y espacio hablando de política y de políticos. Creo que tienen razón. Pero cuando uno observa tantas insensateces, cuando uno ve como se ríen algunos dirigentes del ciudadano, ¡cómo hacer para no desear desenmascararlos a estos tipos! Caminaba yo por las sierras, tratando de no inmiscuirme demasiado con la realidad cotidiana, hasta que, sin querer, leí en el diario que el señor presidente de la Nación había sido amenazado. Entonces me pregunté: ¿tan simple es amenazar a un presidente en este país? Si es así, qué queda entonces para nosotros los ciudadanos comunes y si la supuesta amenaza no es más que una operación pergeñada quien sabe por quién y con qué propósito, entonces...

-¿Quién puede hablar con el presidente por teléfono, sino un allegado, conocido, político de alto vuelo? ¿O van a hacerme creer que cualquiera puede vulnerar la red de amparo presidencial?

-No sé si Kirchner habrá seguido el rito que se acostumbra en estos casos, pero cuando asume un presidente su entorno se encarga de contratar a especialistas de confianza que "limpian" la Casa Rosada y la residencia de Olivos y en general todos los lugares donde estará asentado el nuevo mandatario es "barrido" para sacar micrófonos, antenas, chips y aparatos que puedan servir para espionaje. Se instalan, además, dispositivos que neutralizan cualquier interferencia con la frecuencia de los teléfonos y las radios usadas por la comitiva presidencial. De lo que se infiere que si alguien amenazó al presidente, pues se está en presencia de un hecho inédito y grave.

-¡Qué país este!

-De todos modos, hagámosles caso a los lectores que dicen que no tiene sentido hablar de política y de políticos y hablemos de otra cosa.

-Está bien, pero ¿qué sensación le produce a usted el hecho de que los amigos le pidan no hablar de política?

-Yo he descubierto que el hombre de nuestro tiempo y en particular el argentino es un ser bastante desamparado. Me refiero, claro está, al hombre común que es la gran mayoría. Este hombre, este argentino, no sólo debe hacer frente a los severos problemas que le plantea la vida (problemas que muchas veces se los ocasiona el propio Estado) sino que además se encuentra solo en la lucha. Este ser transcurre su existencia en una sociedad que suele no advertir (y si lo advierte permanece indiferente) las dificultades que padece y no encuentra en el Estado ningún tipo de protección. Al contrario: el Estado argentino desampara al ciudadano en cuestión económica, educativa, sanitaria y de seguridad. Es decir, el Estado se lava las manos cuando se trata de respetar los derechos fundamentales del hombre, no así cuando hace las veces de recaudador. Entonces es razonable que muchos deseen que no les hablen de políticos ni de gobernantes y que tengan la necesidad de escuchar o leer a alguien que al menos dé su opinión sobre qué hacer en medio de tanta soledad y dificultad.

-Tarea nada fácil la de sugerir qué hacer en tal situación.

-No es fácil, porque lo que puede ser útil para uno puede no serlo para otro y porque tal vez lo sugerido sea una necedad. Pero de todos modos creo que hay básicos que se deben tener en cuenta para afrontar la lucha en soledad. Mañana le voy a regalar una narración. La historia de un niño salteño que se perdió en una sierra en la vastedad de la noche. Una historia que me contaron unos parroquianos hace unos años y que escribí para un amigo que estaba perdido, tremendamente perdido en la ciudad.

Candi II

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