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 miércoles, 20 de agosto de 2003

Pidió agua y habló por celular antes de morir

Bagdad.- El brasileño Sergio Vieira de Mello, atrapado entre los escombros de lo que era la sede de ese organismo en Bagdad, devastada por un camión-bomba, pidió agua y habló por teléfono celular antes de morir. Un testigo dijo que luego del atentado el diplomático brasileño pidió "water, water" (agua, agua). La oficina del emisario se encontraba en el segundo piso del edificio, pero después del impacto de la explosión Vieira de Mello estaba en la planta baja con una viga de hierro sobre sus piernas que le impedía moverse, informó su asesor político Ghassan Salamé. "Subí al segundo piso y lo vi abajo inmovilizado. Le grité: «Sergio, Sergio!», y me respondió «Ghassan»", señaló. "Volví a subir una segunda vez y le dije: «No te preocupes, vamos a venir a buscarte. Te vamos a sacar de ahí»", agregó.

Luego subió el guardia, a quien el responsable de la ONU pidió agua, dijo otro testigo que no quiso revelar su identidad. Este mismo informante afirmó que un guardia de seguridad hizo un agujero escarbando detrás del edificio y sacó manualmente los escombros. "Cuando el guardia llegó al lugar donde se encontraba, el cuerpo de Vieira de Mello estaba frío, se había desangrado", dijo el testigo. En lo que era la sede de la ONU, en el hotel Canal de Bagdad, había muertos alineados en los corredores y heridos gimiendo en el suelo.


"Fue una carnicería"
"Fue una verdadera carnicería", relató Muna Naim, periodista del diario francés Le Monde, que se encontraba en una rueda de prensa dentro del edificio, referida al peligro de las minas, cuando se registró la explosión. Explicó que "todo se vino abajo: los techos, los cristales, las vigas metálicas" y señaló que "la electricidad quedó cortada. Nos vimos cubiertos de polvo y no veíamos nada. Hallé en la misma sala que yo a una persona que estaba herida en el rostro y un ojo".

La periodista francesa salió con dificultad de la habitación, situada en la planta baja. "No sabíamos sobre qué caminábamos. El corredor de entrada estaba totalmente destrozado y nos llevó tiempo salir", señaló. "En el exterior, había una verdadera carnicería. Comenzaron a sacar a las víctimas. Algunos estaban muy heridos en los hombros, la espalda, la nuca, el pecho... Había muchas mujeres", aseguró Naim. "Los heridos fueron trasladados a tiendas instaladas en la parte trasera del estacionamiento. Yacían echados en el suelo o sobre sábanas", apuntó. "Las mujeres lloraban y temblaban. Muchos mantenían la sangre fría y otros gritaban en busca de amigos y colegas. Todos se ocupaban unos de otros. La ayuda entre las personas ha sido increíble", aseguró.

Dos iraquíes, entre ellas una anciana con velo, gritaban de angustia y se tiraban de los pelos insultando a Saddam. (Télam)

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