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 domingo, 23 de septiembre de 2007  
El cazador oculto: “El mundo no se puede partir en dos”

Ricardo Luque / Escenario

No se puede partir el mundo en dos. Ya lo intentaron y miren cómo quedó. Miren quién ganó. Está claro que tranquiliza pensar que se puede hacer. Con una bomba o con una idea, no importa, da lo mismo. Pero la verdad es que, cuando se quiere pintar la realidad en blanco y negro, el cuadro es incompleto. Faltan los grises. Las luces y sombras. En matemáticas simplificar es muy eficaz, o mejor, inevitable. Con la cabeza llena de números cuesta pensar. Si no miren cómo se pone la computadora cuando se queda sin memoria. Lenta. Muy lenta. Su pobre mente, que piensa con ceros y unos, se queda sin respuesta. Lo mismo pasa con la televisión cuando quiere reducir la argentinidad al clásico del domingo. Porque eso es lo que hace, con una pátina de discusión seria, “El gen argentino”. Resume años de historia, pasiones, miserias, amores y odios, heroísmos, traiciones, a un par de nombres que, como en la final de la Copa Libertadores, se disputan la gloria en la pantalla del celular. ¿Cómo elegir entre Evita y el Che Guevara? ¿O entre Fangio y Maradona? ¿O peor, entre Belgrano y San Martín? No sólo es impertinente sino, sobre todo, estúpido. Tanto como tener que elegir entre “ShowMatch” y “Gran Hermano” o entre Wanda Nara o Rocío Marengo. Imposible. Quién no las quiere a las dos, juntas, patinando, bailando, pero sin sueño, para que no peguen un ojo en toda la noche. Quién no las quiere a las dos, con el televisor apagado, para no tener que sufrir con el control remoto en la mano sin saber qué hacer. Ahora quedó claro: la opción es falsa, engañosa, pero, sobre todo, cruel. No se puede elegir entre el rodete de Evita y la boina calada del Che. No se puede elegir entre el vértigo de Ital Park de Fangio y la gambeta endiablada del Diez. No se puede elegir el corazón de Belgrano y la espada de San Martín. El gen argentino, mal que le pese al bueno de Mario, no es así. No se puede partir al medio como la manzanita de Gerardo. El mundo no es así. Aunque Marcelo nos quiera hacer creer lo contrario.


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