Año CXXXVII Nº 49569
La Ciudad
Política
Información Gral
El Mundo
Opinión
La Región
Policiales
Autos
Cartas de lectores



suplementos
Ovación
Turismo
Mujer
Economía
Escenario
Señales


suplementos
ediciones anteriores
Turismo 12/08
Mujer 12/08
Economía 12/08
Señales 12/08
Educación 11/08
Estilo 04/08
Salud 01/08
Página Solidaria 01/08

contacto
servicios
Institucional


 domingo, 19 de agosto de 2007  
Aumentan la vigilancia tras el sismo

María Luisa Palomino-Mariana Bazo / Reuters

Perú reforzó ayer la seguridad en la zona más golpeada por un reciente terremoto tras saqueos y asaltos a negocios, viviendas y camiones con ayuda humanitaria, mientras brigadas de rescate continuaban encontrando cadáveres bajo los escombros. Los rescatistas trabajaban sin parar en un intento por encontrar sobrevivientes y a su labor se sumaron perros españoles y colombianos especialmente entrenados. Pero sólo se han encontrado más cadáveres, que engrosarán la cifra actual de 496 de muertos que maneja el gobierno.

   En Pisco, Chincha e Ica, las ciudades más afectadas por el sismo, hubo saqueos a tiendas, farmacias, panaderías y viviendas, además de asaltos en la carretera de acceso a esas localidades, por lo que el gobierno decidió enviar más policías y militares para controlar la situación.

   “Mi obligación es poner orden en el país y orden vamos a poner hoy día, cueste lo que cueste”, dijo el presidente Alan García, quien permanece desde el jueves en Pisco, que ha sido envuelto por un fuerte olor a descomposición de cadáveres.

   El mandatario condenó los saqueos y asaltos y aseguró que las fuerzas de seguridad tienen “la orden de actuar con más severidad y que se atengan a las consecuencias aquellos que estén causando vandalismo y pillería”. Casi dos mil policías y unos mil militares vigilan las tres ciudades.

   En Pisco, a unos 250 kilómetros al sur de Lima, era notorio el aumento de militares y policías en las calles, pero los pobladores de Chincha e Ica se quejaban por la inseguridad que aún reina. Muchos pobladores optaban por abandonar esas zonas y viajar a casas de familiares en otras ciudades, como la capital Lima, hasta que la calma retorne.



Defensa popular. En Chincha, muchos han bloqueado sus calles con piedras, troncos y hasta muebles para evitar los saqueos de turbas, como ya ha sucedido. Incluso un hospital de la ciudad fue asaltado y se llevaron equipos y medicinas.

   “En las noches han venido a asaltarnos. La policía sólo está cuidando a los que tienen dinero”, dijo Zacarías Quispe, de 42 años, quien con un palo en la mano vigilaba el ingreso a su calle.

   Así como él, decenas de pobladores armados con piedras y palos resguardan sus bienes. Incluso un grupo está protegiendo el cementerio de la ciudad, para evitar que delincuentes se roben lápidas y estatuas.

   Chincha, a unos 200 kilómetros al sur de Lima, es famosa por sus haciendas agrícolas y por su numerosa población de descendientes de migrantes africanos. Según cifras oficiales, 33.192 viviendas se destruyeron tras el sismo, de las cuales 16.010 son de Chincha y 16.000 de Pisco.

   Para los chinchanos, los presos que escaparon de un penal que colapsó tras el terremoto son los que están detrás de los asaltos y saqueos, aunque algunos damnificados han reconocido que se han apoderado de ayuda humanitaria por la fuerza.

   “No puedo mentir. Pasan los camiones con ayuda y la misma angustia de ver que pasan y no nos dejan nada ha hecho que los paremos y saquemos las cosas”, dijo en Pisco Reyna Macedo, de 60 años, quien junto a su familia vive ahora en una carpa en un parque muy cerca a la plaza principal de la ciudad.

   Entre Chincha y Pisco el tránsito es muy lento por las grietas y el colapso de parte de la carretera, pero maquinaria pesada del Gobierno está trabajando contra el reloj para reparar la vía.

   En los bordes de la carretera entre estas dos localidades se puede observar a decenas de personas clamando por alimentos y agua. Muchos portan carteles demandando ayuda y otros van de auto en auto con baldes en la mano pidiendo algo de tomar.

   Pero algunos damnificados ya se están organizando pese a la desordenada distribución de la ayuda que está llegando al país y han empezado a hacer las denominadas “ollas comunes”, para poder alimentarse. l
enviar nota por e-mail
contacto
Búsqueda avanzada Archivo


Notas Relacionadas
Rescatan entre los escombros a un bebé y a un sacerdote en Perú




  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados