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 domingo, 24 de septiembre de 2006  
Entre los "mensajitos" para los amigos y las llamadas de seguimiento
Los chicos quieren un celular para integrarse a sus comunidades virtuales y sus padres, para ubicarlos

Lo repiten casi de memoria como una máxima indiscutible. Para "estar comunicados", no se cansan de decir los chicos cuando se les pregunta sobre el uso cotidiano de sus celulares. Aunque el aparato no les sirve sólo para relacionarse a través de mensajes de textos (popularmente conocidos como "mensajitos") con "los chicos" y "las chicas", sino para estar conectados con sus familiares. Con ellos, en cambio, se habla y, en la mayoría de las ocasiones, la llamada corre por cuenta de sus casas o del celular del papá o la mamá.

No obstante, los vendedores de celulares dicen que los padres fundamentan la adquisición de un celular para sus hijos en razones de "seguridad y control", los chicos con los que habló La Capital cuentan otra cosa: que no pararon de pedirlo hasta que se lo compraron.

"Yo lo pedía, lo pedía, y al final, cuando se lo fueron a comprar a mi hermana mayor, también me lo compraron a mí", dice orgullosa Aldana Pizzo, de 11 años y con celular desde los 10. ¿Que qué es lo lindo de tenerlo? "Poder estar comunicado con los demás", declama la nena, cuyas amigas también lo tienen. Y en la escuela pública a la que asiste, la Cristóbal Colón, "ya hay chicas hasta de 9 con celular".

El uso que le da está directamente asociado a su grupo de amigas, a las que sobre todo manda "mensajitos". Por ejemplo, "para saber cómo están", "si van a salir a jugar" o "cosas de la escuela". En cambio, con la familia -todos poseedores de teléfono móvil- habla. "Ahora que empecé a irme sola me puedo comunicar y ellos se quedan más tranquilos", cuenta Aldana. A esos usos se suma otro, el lúdico, ya que en su celular tiene "juegos de ajedrez, springball y la abejita".

El caso de Juan Martín Secco, de 12 años, es más dramático: este diario lo llamó para que hablara de su pasión por el celular justo cuando su mamá se lo había quitado por unos días, en penitencia por haberse "olvidado de estudiar para una prueba". Así de trascendente es la falta del objeto, que sirve hasta de castigo.

"Para mí es importante tener un celular porque me permite estar comunicado", recita Martín. Para él, esto significa poder mandarse mensajes de textos con sus amigos. "Muchísimo lo usamos: por ejemplo, para preguntarnos dónde estamos y qué vamos a hacer. Total, ya sé que tienen el celular encima".

El chico afirma que todos sus amigos poseen teléfono propio. "Y el que todavía no lo tiene lo quiere", asegura. ¿Por seguridad? No para nada. "No es una cuestión de seguridad -dice-: en mi grupo, y me parece que en todos lados, ahora la onda es tener celular". Aparte, de yapa, si su madre quiere puede llamarlo para saber cuándo vuelve a casa o "controlarlo un poco".

También Rocío De María, de 10 años, dice que lo usa sobre todo para hablar con sus amigas. "La mayoría tiene", cuenta, aunque a la escuela nadie lo lleva. En su caso no fue la madre, sino una tía, la que compró el celular. Obviamente con tarjeta, rigurosamente monitoreada por la familia para que no se agote demasiado rápido.


Ring tone fuera del aula
La incorporación del celular entre los chicos, tanto niños como adolescentes, llevó a plantear el tema en las escuelas. Y aparte de una circular que prohibió su encendido en clase, a fines del año pasado hasta llegó a presentarse un proyecto de ley en la Legislatura provincial para que nadie, ni maestros ni alumnos, pudieran usarlo en horario escolar.

Sin embargo, no todos los docentes ven un cuco en el uso del celular. La directora del Normal Nº2 y ex delegada del Ministerio de Educación, Adriana Bertolotti, considera que se trata de una herramienta invalorable con la que los chicos "ya nacieron" y que no se limita a una función comunicativa. "Acá las docentes de matemática cuentan que a veces hasta los usan como calculadora", dice. De todos modos, la regla es clara y se respeta: en el aula "no", ni para mensajes, ni llamadas.

Aun así, hay maestros preocupados porque su uso en los recreos "aísla" a los chicos, porque, teniéndose a pocos metros, prefieren mandarse mensajes, o directamente, se "tabican" de sus compañeros, prefiriendo los jueguitos individuales al juego social.
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Aldana tiene 11 años. En su escuela hay nenas de 9 con teléfono.

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