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sábado,
03 de
junio de
2006 |
Encargado de un ciber se salvó de
milagro al ser baleado por ladrones
Tiene 19 años y nació de nuevo. El proyectil sólo le dejó una marca en la remera y un moretón en el pecho
El encargado de un ciber salvó su vida de milagro cuando uno de los delincuentes que irrumpieron en el local con fines de robo no dudó en dispararle un tiro a corta distancia, luego de que el muchacho enfrentara e hiciera retroceder a dos de sus cómplices. Por esas raras jugadas del destino, el proyectil, que sería calibre 6 ó 7.65, rebotó literalmente en el pecho del joven y sólo le causó un rasguño. El balazo hizo que el grupo de asaltantes se dispersaran y ayer la policía no tenía pistas para atraparlos.
Javier González, de 19 años, no puede creer lo que le sucedió. Muestra una y otra vez la nítida marca casi circular y rosada que la bala le dejó en el medio del pecho. También exhibe la remera que tenía puesta en el momento del ataque, en la que apenas se detecta un pequeño signo de ahumamiento sin que llegue a estar rota.
Todo sucedió cerca de las 23.30 en Olegario Víctor Andrade 1422, en la zona sur de la ciudad, corazón del barrio Tiro Suizo. Allí, en la parte delantera de una casa de familia, en lo que sería una especie de garaje, funciona un local de internet con unas diez computadoras. A esa hora, según contó González, había un solo cliente.
"Primero llegaron un pibe y una piba. Tocaron timbre y cuando les abrí, porque la puerta estaba con llave, aparecieron tres más. Pero alcancé a ver a otros cuatro que se quedaron en la vereda", contó el muchacho a La Capital cuando todavía le duraba el miedo por la situación vivida.
González fue empujado por los maleantes y, a punta de pistola, obligado a ponerse de rodillas al lado de la puerta. Enseguida, además de encañonarlo y golpearlo con la culata del arma en la cara para que se quedara callado, le quitaron las zapatillas. "Por lo menos eran dos los que estaban armados. Mientras uno se quedaba conmigo, el otro fue para atrás y lo apretó al cliente que estaba en una de las computadoras. Ahí fue que la chica y otros dos quisieron ir hacia atrás, hacia la casa, donde mi mamá y mi sobrina estaban durmiendo", consignó Javier.
Ese fue el momento de mayor tensión. Javier, a pesar de estar arrodillado y con dos ladrones cerca, decidió entrar en acción y se arrojó sobre uno de ellos, haciéndole una especie de tackle. El ladrón trastabilló y fue a caer sobre la vereda del ciber. Esto hizo que el grupo de asaltantes se desbandara y saliera corriendo por calle Andrade en dirección hacia Paraguay. Pero lo peor ocurrió segundos después.
Mientras la banda retrocedía, uno de los hampones armados avanzó sobre el muchacho y luego de un breve forcejeo apretó el gatillo de la pistola que tenía en sus manos. El plomo escupido por el arma le rebotó en el pecho de forma increíble, cual si hubiera chocado con un chaleco antibala natural. Es que lo único que se interpuso entre el proyectil y el cuerpo fue una remera blanca.
"Al principio pensé que me había tirado con un arma de aire comprimido, pero enseguida encontramos la bala en el piso. Ahí me di cuenta que no me mataron de milagro", sostuvo Javier, junto a su padre, antes de ir a declarar en la seccional 15ª, en cuya jurisdicción ocurrió el hecho.
Bastante nervioso por el trance, el papá de Javier sólo atinó a decir: "Fue una casualidad que no lo asesinaran. La única explicación que nos dieron fue que la bala, al ser disparada desde corta distancia, no habría alcanzado a desarrollar la velocidad suficiente. Por eso rebotó. Pero me llamó la atención porque era un calibre 6.65 ó 7.65, que es de guerra".
Fuentes policiales indicaron que no había pistas para ubicar a los asaltantes, y agregaron que la víctima tuvo mucha suerte porque el artefacto con el que le tiraron "funcionó mal o la pólvora era vieja y estaba húmeda. Porque si te agarra esa bala, disparada a tan poca distancia, no contás más el cuento", remarcó un funcionario policial.
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Fotos
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Javier exhibe como trofeo el plomo que podría haberle quitado la vida.
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