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domingo,
28 de
mayo de
2006 |
Informe. Uno de los casos involucraría a familiares del ex obispo Antonio Baseotto
Añatuya, una ciudad dividida por
las denuncias sobre tráfico de bebés
Una fundación asegura que se trata de una práctica que lleva 30 años. Las autoridades políticas lo niegan
Daniel Leñini / La Capital (enviado especial)
El poder político del sur de Santiago del Estero decidió salir a responder y negar la existencia de una monumental red dedicada al tráfico de bebés, aún frente a la evidencia de que la imagen de un hombre de la Iglesia -y no de los partidos- resultó hasta ahora la más vapuleada: el ex obispo de este lugar, Antonio Baseotto.
Hace dos o tres años que la mención de la palabra Añatuya (del quichua: zorrino negro) aparece relacionada a la venta de chicos; sobre todo, desde que la televisión produjo algún informe sobresaliente. Sin embargo, la ONG Fundación Adoptar sostiene que el delito lleva cerca de 30 años con el resultado de 25.000 chicos vendidos o quitados a las madres.
Esta ciudad ubicada a 150 kilómetros del límite con Santa Fe, con 20.000 habitantes, podría ser bien nombrada por otras cuestiones. Podría ser referenciada para ilustrar, por ejemplo, la postal que dibuja el paso de las 4x4 allí donde ahora se extiende la nueva frontera de la soja, al igual que en Colonia Dora, Bandera, Los Juríes, Mailín y otras localidades que le cambiaron la cara al sureste santiagueño.
Pero no. La pobreza que sigue abatiendo a la mayoría de la población y el accionar de bandas supuestamente dedicadas nada más que a traficar hace que la mancha se derrame sobre el cuadro.
Julio Ruiz, titular de la denunciante Fundación Adoptar, dice que algunos traficantes sostienen el modo de rentar con una mensualidad -300 pesos por ejemplo- a jóvenes que quedan reiteradamente embarazadas; que en otros casos les prometen alguna casita o la mejora en la que viven, o que les terminan quitando las criaturas a cambio de unos pocos pesos o bolsones de comida y ropa instantes posteriores al parto.
En diálogo con La Capital, y luego de una reunión convocada sobre el tema, el intendente radical Issac Vidal Ulloa se esforzó en explicar que las denuncias están sobredimensionadas o erradas. "Sabido es que la miseria por lo general hace que el ser humano piense únicamente con el estómago", admitió, sin embargo, y consideró posible que haya madres que "acepten que su hijo sea criado o forme parte de otra familia".
Ayer, momento en que era redactado este informe, un nuevo escándalo sacudía la capital, Santiago del Estero, 200 kilómetros al norte de aquí: una jueza ordenó que un matrimonio de Escobar le restituya el hijo a una joven de 29 años, Alejandra Ibarra. El nacimiento se produjo hace ocho meses. El matrimonio escapó del country bonaerense donde vivía, a cuyas puertas se sentó el viernes la joven según el testimonio fotográfico del diario Clarín.
¿Porqué la imagen de Baseotto resulta en esta ciudad, Añatuya, la más afectada? Una razón se explica, según los denunciantes, en que un comercio sostenido por tantos años no podría haberse desarrollado sin el consentimiento del obispado, tan poderoso, con asiento aquí.
Otro motivo lo arroja la denuncia de la hija del chofer de Baseotto contra su padre por supresión de identidad. Dice que él la anotó como hija biológica pero que es adoptada. Con 23 años, la joven quiere saber quiénes son sus padres.
Y un tercero: María Gerez, encarcelada por prostitución y corrupción de menores, fue encerrada tiempo después de denunciar que una de sus hijas la tendría una hermana de Baseotto. La Justicia aún no aclaró el caso y la hermana del prelado mantiene silencio.
Ruiz, desde la Fundación Adoptar, sostiene que en Añatuya se produjeron miles de alumbramientos sin registrar; que ciertos hoteles tuvieron incorporadas salas de parto; que en el hospital zonal y clínicas privadas la red involucra a parteros, médicos, monjas y funcionarios judiciales.
Gran parte de la clase media expresa su disgusto por el periodismo que transita la ciudad y sigue hablando del tema. Aunque entre sonrisas muchos recuerdan la respuesta de una encargada de hotel que dio origen a una popular anécdota. Mientras la enfocaba una cámara oculta la mujer contestó que era verdad y curioso, porque "a veces llegan dos y se van tres" del establecimiento.
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Fotos
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Gladys Castaño (gentileza: Aldo Sanagua).
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