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domingo,
28 de
mayo de
2006 |
Antes y después. Más allá de los tratamientos, la comida equilibrada es la clave
"Ahora soy otra persona y no me reconocen"
Hoy tiene 27 años y perdió 170 kilos luego de una toma de conciencia radical: "A mí la comida no me va matar"
Raúl Cristófaro tiene 27 años y es el primer argentino que bajó 170 kilos sin pastillas ni cirugías. "Ahora soy otra persona y no me reconocen", dice contento. Recientemente recibió un premio por sus logros y ahora se dedica a coordinar un grupo de autoayuda para personas con obesidad. No se cansa de repetir que "se puede" y que "vale la pena".
"Desde que tengo uso de razón me acuerdo de estar comiendo", cuenta Raúl. Su familia tiene un almacén y él desde pequeño no dejaba de probar todo lo que llegaba. A los nueve años pesaba más de 90 kilos y llegó a los 269, a los 23. Su madre, mientras Raúl dormía, lloraba y rezaba viendo que su hijo, si seguía así, iba a morir.
"Me comía cinco pizzas, cuatro kilos de pan por día y tomaba más de diez litros de coca", recuerda. Además, nunca hizo deporte. En la escuela, en las horas de gimnasia siempre "me hacía el enfermo", dice y así fue pasando el tiempo hasta que un día reconoció que debía cambiar. Los ruegos maternos fueron escuchados cuando Raúl reconoció su estado. "Me llevaba todo por delante, porque sos como dos personas. No podía caminar, ni ponerme las medias y en el negocio tampoco podía ayudar".
Fue entonces que asistió a una de las charlas que organiza el grupo Volver a empezar. Allí se subió a la balanza y cuando su peso superó la capacidad de 200 kilos del aparato, su vista se nubló y se desvaneció. Después, dice, no se acuerda de nada. "Creo que ese día, con todo lo que traspiré, bajé como tres kilos", repasa.
Empezó a hacer un plan alimentario y a caminar cuando podía. Al principio fue muy duro. "Pasé de comer cuatro kilos de pan por día a seis galletitas". El cambio no se dio enseguida. "Hay que luchar toda la vida", sentencia Raúl.
Los cambios se notaron rápidamente. Descubrió que podía caminar varias cuadras sin cansarse y que debía renovar su ropa. Igualmente guardó un pantalón de ese momento y, cada vez que se tienta, lo mira para recordar una realidad que quedó atrás, pero que puede volver.
El joven hoy es coordinador del grupo de hiperobesos de Volver a empezar y sigue asistiendo a las reuniones. Si las palabras convencen, la imagen arrastra y en esto Raúl se lleva todas las palmas.
"Todavía no lo puedo creer"
Ahora, reincorporado a su trabajo en el almacén, cuenta: "La gente no me reconoce. Me pregunta por Raúl y no se da cuenta de que soy yo". Cuando fue al banco no le creyeron que era él porque en la foto del documento pesaba 180 kilos.
Osvaldo Aronna, el coordinador del grupo de ayuda, contó a La Capital que "una de las motivaciones más grandes de Raúl puede haber sido la pérdida de su papá, que falleció por hiperobesidad". En una de las reuniones, el joven dejó una clara señal: "A mí la comida no me va a matar".
Raúl abriga la energía para alentar a otros que sufren lo que él pasó, quizás apuntalado por una frase que demuestra cómo está hoy: "Volví a nacer y todavía no lo puedo creer", manifestó lleno de agradecimiento hacia su familia y el grupo de ayuda, sus dos grandes sostenes en este proceso de recuperación.
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Le alcanzó con una férrea voluntad de superarse.
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