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domingo,
28 de
mayo de
2006 |
"Tengo ganas de vivir"
Luego de grandes peripecias, Delia Ludueña, de 52 años, logró que la atendieran en el Hospital Centenario y está eternamente agradecida a los médicos que la ayudaron a perder 98 kilos. Lo hizo gracias a un tratamiento de comida con una nutricionista del centro de salud, ya que no tomó medicamentos ni quiso someterse a ninguna cirugía.
"Hoy camino 20 cuadras y antes no podía ni una", confiesa emocionada. Además, no toma más que un desinflamatorio porque sufre de artritis. Su meta ahora es continuar con el tratamiento para lograr su peso normal. "El cambio lo noté en todo. Volví a baldear mis patios y me visto diferente porque ya puedo usar vaqueros. Salgo a pasear, algo que antes ya no hacía. Y por sobre todo ahora tengo ganas de vivir", manifiesta Delia, visiblemente feliz.
Sin embargo, hace público su pedido de ayuda para el Hospital Centenario, que no da abasto para atender a la cantidad de personas con problemas de obesidad que aguardan un turno.
"Necesitamos una pileta climatizada donde hacer ejercicios y también una balanza electrónica para el hospital", expresa, sin ocultar la angustia que causa el agobio percibido en los médicos ante la permanente falta de recursos.
Su obesidad se desató cuando murió su mamá. "Comía con desesperación y aumentaba entre seis y siete kilos por semana. Cuando falleció mi mamá me desbordé y dejé de ser yo", cuenta. Ahora lucha por la atención de las personas obesas y pide con énfasis que la gente no se ría más de los gordos. "Es hora de que reconozcamos a la obesidad como una verdadera enfermedad, porque yo estuve muy cerca de la muerte".
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Delia comía con desesperación.
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