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 domingo, 07 de agosto de 2005  
Rosario desconocida: historias en plaza Pringles

José Mario Bonacci

En "Las Ciudades Invisibles", Italo Calvino describe el relato sobre la ciudad de Zaira que Marco Polo le hace al Kublai Kan, emperador mongol. "Podría decirte de cuántos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo los arcos de sus soportales, pero sé ya que sería como no decirte nada. No está hecha de esto la ciudad, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado. La distancia al suelo de un farol y los pies colgantes de su usurpador ahorcado. O el hilo tendido desde la barandilla hasta el farol de enfrente. La altura de aquélla barandilla y el salto del gato que la recorre majestuosamente... En esta ola de recuerdos que refluye, la ciudad se embebe como una esponja y se dilata..."

Podemos concretar estas expresiones diciendo que la gente, inmensa mayoría que puebla la ciudad, tiene una relación afectiva con ella. Gasta caminos sensibles ajenos a números y estadísticas. Estos sentimientos están más cerca de los campos del corazón. O mejor aún, recordar la eterna afirmación de Ernesto Sábato en sus disertaciones: "El Corazón tiene razones, que la Razón no entiende".

Por este camino conceptual podemos hallar en memorias y recuerdos algunas historias que hacen a la Plaza Pringles. No serán únicas y su número irá creciendo según las saque a la luz la memoria colectiva.

En la esquina de Córdoba y Paraguay, ochava noreste, vendrá el recuerdo del bar El Pampa, viejo local con entrada por la esquina. Se enfrentaba un mostrador que combinado con dos portales de madera, dividía el espacio en almacén por la primera arteria y en bar por la segunda. Mirar la plaza desde alguna mesa era posible a través de rejas metálicas ricas en detalles sobrepuestas exteriormente a las ventanas.

En 1933, García Lorca visitó la ciudad. Influidos por sus obras escritas para teatro de títeres, Felipe Aldana, Rodolfo Vinacua y Fulton Marcelo Gorosito aunaron bohemia, ilusiones e ideas en las mesas de El Pampa. Así fue como fundaron allí en la década del 40 el primer teatro de títeres local bajo el nombre de "El Retablillo de Don Cristóbal". Para ese entonces Lorca ya había sido asesinado en España.

La plaza es una de las que ocupan en zona céntrica sólo media manzana. Rica en arbolado e islas de césped, florida generosamente en primavera, tiene rincones para el descanso y la contemplación. Guarda memorias de la ciudad, con presencias arquitectónicas de alto valor patrimonial. Su planta y estructura funcional es netamente francesa. Entre estos componentes se cobijan recuerdos, afectos, fantasías y también el horror. Hay ejes compositivos centrales, puntos relacionados, y ciertos rasgos en los que juega la casualidad. José Gerbino concibió su "Dionisio Adolescente" que se ubica en el centro mismo de la fuente de agua circular. ¿Habrá imaginado este artista que años después el eje mayor que pasa por su centro haría la relación con otras dos esculturas? La que representa a Pringles está sobre Paraguay, mirando nacer el sol.

El busto de Amado Nervo en el mismo eje pero sobre Presidente Roca se ilumina en cada tarde con los tintes rojizos del crepúsculo. Ambos personajes se dan la espalda en cien metros de distancia. Dionisio, en el centro, goza con el murmullo de la fuente que canta su alegría. Por su centro también pasa el eje menor de la plaza según la dirección norte-sur y que más adelante informará sobre su función en el lugar.

En las islas verdes sobre Córdoba, están dos pobres Venus decapitadas que no pertenecían a la plaza. Fueron instaladas ya víctimas de la depredación sobre un eje secundario paralelo al mayor principal. Inútilmente intentan mirarse unidas por una línea invisible paralela a la calle más larga de la ciudad. De vez en cuando un gorrión se asienta en sus hombros, observa extrañado y se va...

La plaza es un vacío entre edificios que ayudan a concretar ese espacio. Actúan como escenografía lateral anclada en la memoria colectiva. Al 1557 de Córdoba un magnífico palacete privado, hoy galería comercial, cuenta con uno de los últimos "bow-windows" cerrados con vitraux en la ciudad. Vecino a él y hacia el oeste, los arquitectos Jacobs, Giménez y Falomir, plantaron el excepcional edificio de "La Continental", que al apartarse de la medianera deja ingresar generosamente el ambiente y la vista de la plaza.

En la ochava noroeste por Presidente Roca, late la memoria de la antigua "Librería Argentina" que atendía el artista plástico Osvaldo Traficante, y en algunos pasos más, en el 782 de la misma calle, está el edificio "Pringles". En los años 70, un desesperado sentado en su cornisa a 30 metros de altura se descerrajó un balazo terminando con su vida. Las piernas se balanceaban en el viento, con la sangre dejando su terrible rastro en la vereda y el recuerdo de aquella visión nos persiguió por mucho tiempo.

En Presidente Roca y Pasaje Alvarez 1596, una vivienda visualmente fresca y sugerente, hoy comercio, fue proyecto de los arquitectos Maisonnave, Durand y Manzella. Al 1582 del pasaje otra obra notable exhibe dos magníficos rostros barbados que en su agobio de piedra, sostienen un balcón. Al 1560 vivió Alberto J. Paz, intendente de Rosario entre 1895-98 en un palacete obra de Eduardo Le Monnier, hoy desaparecido. Por casualidad, en aquellos días fuimos testigos entristecidos. En el Corralón España se embalaban los valiosos vitraux de esa mansión para ser enviados a EE.UU. como nefasto ejemplo del patrimonio dilapidado.

En el 1550 del pasaje que homenajea a su fundador, está la Biblioteca Argentina Dr. Juan Alvarez. Junto al Hospital del Centenario fueron las dos obras levantadas en la ciudad como homenajes, dentro de los fastos alusivos a la gesta de Mayo. En su jardín histórico está la única Venus de Milo de la ciudad en tamaño natural. Es un calco traído desde el Louvre de París cuando la institución fue inaugurada en 1912.

Su abandono actual sólo es comprendido por el canto de los pájaros que ennoblecen el lugar. Finalmente al 1516 una vivienda de gran valor, concebida por Alejandro Christofensen, ha cambiado su primer destino y cobija hoy a la Defensoría del Pueblo.

Dionisio, en un movimiento entre candoroso y colérico, rey en su fuente, da la espalda a la Biblioteca en donde perdura la memoria de Juan Alvarez y el eje que une esos dos puntos enhebra también hacia el sur sobre calle Córdoba, a dos inocentes "putinos" que coronan el comentado palacete del "bow-window".

Pero resta un encuentro final con el horror. Mario Armas, persona notable y de profesión abogado, abandonó un día su estudio del edificio "Gilardoni" en Córdoba 1438. Caminó hasta la esquina con Paraguay y giró hacia el sur para buscar su automóvil estacionado en una cochera de mitad de cuadra sobre la vereda opuesta. Fue el último día en que miró hacia la plaza. Alguien lo esperaba para quitarle la vida junto a su vehículo. El hecho sumido en el misterio, continúa sin ser aclarado a más de 20 años del suceso.

La plaza fue remodelada en detalles generales hace algunos años y se perdieron rasgos constitutivos. Uno valioso era el tablero de ajedrez de gran tamaño sobre el sector frente a la Biblioteca y destinado al uso popular. Fue idea de Gary Vila Ortiz para este y otros puntos de la ciudad durante su gestión en la entonces Comisión de Cultura Municipal. Pero también nacieron otros, que aún deben escribir y construir su propia historia. Si así ocurre, entonces será posible afirmar que continúa alimentándose el alma de la ciudad.

(*) Arquitecto

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Rica en arbolado y florida, es una de las plazas que ocupa sólo media manzana.

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