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 domingo, 07 de agosto de 2005  
Panorama político
El jefe de todos los jefes

Mauricio Maronna / La Capital

Desde el alba de su gestión se escribió en estas páginas que Néstor Kirchner encararía sus dos primeros años de gobierno con un leit motiv extraído de los manuales de marketing político norteamericanos más exitosos: el estado de campaña permanente. Ahora, que se inicia la recta final hacia las inaugurales paradas electorales, se convirtió, además, en el jefe de la tarea proselitista. Con una excepción (¿momentánea?), que es la provincia de Santa Fe.

Quienes deseen auscultar cuál será el futuro de la administración nacional no deberán perder de vista lo que sucede en el distrito geográfico más importante. En efecto, la provincia de Buenos Aires no solamente es la madre de todas las batallas sino el único territorio en el que Kirchner no arriará su deseo de "plebiscitar" su gobierno.

Para el resto del país ya dijo que se conforma con una "victoria digna", sabedor de que muchos argentinos que están de acuerdo con su tarea preferirán a la hora de elegir diputados y/o senadores a representantes de oficialismos provinciales que no encuadran en el Frente para la Victoria.

A los que intentaban poner en duda quién es quién, políticamente hablando, en el matrimonio Kirchner, el presidente les cerró la boca y les secó la tinta de sus lapiceras: él es quien recorre los hasta hace poco impenetrables territorios duhaldistas, encabezando actos que, llave en mano, le ofrendan los barones del conurbano, despotricando contra Duhalde, Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, Jorge Sobisch, los periodistas que no le gustan, el FMI, las corporaciones empresarias, el menemismo residual, Elisa Carrió y tantísimos otros protagonistas de la Argentina que eligió como enemigos a la hora de posicionarse en el centro del ring.

Cristina dedica su tiempo electoral en concederles mohines a los movileros del hoy aburguesado programa Caiga Quien Caiga (CQC) y recorre el mundo dejando suspiros de ocasión entre sus contertulios. Hasta ahora no clavó sus tacos aguja en los pantanosos terrenos bonaerenses; su estrategia pasa por encender su verba desde el escenario de algún teatro o alguna tarima despojada de cualquier símbolo que la emparente con la liturgia peronista de gorro, bandera y vincha. Para eso están los militantes reclutados por los caudillos que han cruzado el Jordán, desentendiéndose de Duhalde, el padrino que los cobijó cuando era el propietario de la billetera más frondosa.

"Es verdad, el jefe de campaña es Kirchner. Se puso al hombro la tarea de abrirle el camino a Cristina, basado en una cuestión pragmática: es él quien tiene altísimos índices de valoración positiva en la provincia", dijo a este diario el consultor político Carlos Germano, el analista más conocedor de los pliegues de ese distrito, aun más oscuro que una letra de Nick Cave.

La Capital accedió en exclusiva a un amplio sondeo encargado por un importante funcionario de la administración bonaerense que muestra un triunfo importante de Cristina sobre Chiche Duhalde, asentado fundamentalmente en los sectores medios. "En el único espacio en el que la intención de voto se equipara es en el que abarca a los más pobres. Ese es el bastión del duhaldismo, pero no le alcanza para igualar a la primera dama", revela el encargado de la encuesta.

Mientras Roberto Lavagna trata de escamondar los obstáculos que preocupan al gobierno (aumento de precios, crecimiento de la pobreza y desplome del dólar), todo lo demás es campaña.

El primer mandatario no trepidó en despojarse de Rafael Bielsa (uno de los mejores ministros con los que cuenta el gabinete nacional) a la hora de salir al combate. El todavía jefe del Palacio San Martín tenía menos ganas de alejarse de la Cancillería que su hermano Marcelo de dirigir a Rosario Central. El eficaz funcionario barrunta que su poco apego a "las cuotas de humillación diaria" que debe soportar cualquier habitante del poder central frente a la pingüinera de Balcarce 50 lo convierte en víctima de operaciones de prensa maquinadas desde algún despacho muy cercano al del presidente.

Como a Bielsa, a Horacio Rosatti lo llamaban despectivamente "el librepensador". Pero el santafesino se dio el gusto de irse antes de que lo echaran.

"Kirchner es mi último jefe", le dijo Bielsa a La Capital cuando adelantó en exclusiva su candidatura a diputado nacional. Esas cinco palabras constituyeron toda una declaración de principios respecto a su estrategia para ganar el afrancesado (Jorge Asís dixit) voto porteño. Luego vendría su equilibrada posición frente a los insultos que recibió Duhalde de parte de Cristina, cuando puso al titular del Mercosur en el mismo escalafón que Don Corleone.

En otro capítulo inédito del rol femenino en la campaña, la presencia de la esposa del canciller, Andrea de Arza, en un acto de solidaridad con los familiares de las víctimas de Cromañón encrespó los ánimos del jefe del Estado, acicateado (dicen) por Alberto Fernández.

En política, no todo lo que se ve es lo que hay. Pese a que el jefe de Gabinete se mostró (y se mostrará) como un fervoroso adherente a la postulación del rosarino, mantiene en alto sus expectativas de ser el sucesor de Aníbal Ibarra en la Jefatura de Gobierno porteña. Sus chances se verían complicadas si el barbado jurista pega el batacazo y derrota el 23 de octubre a Carrió y Macri. Aquí, el único inmortal es Maquiavelo.

Una altísima fuente del Ejecutivo blanqueó ante este diario que, en el orden de prioridades electorales, Santa Fe aparece demasiado lejos. "Ahí (Hermes) Binner siempre ha sido muy conceptuoso con el presidente, y eso se reconoce en los gestos pero también en los hechos. Rosario no va a ser nunca librada a su suerte y cada cosa que nos pide el intendente (Miguel) Lifschitz es cumplida. Nosotros sabemos que la mayoría de los votantes del socialismo jamás elegirán una opción de centroderecha en las presidenciales del 2007. Alguna vez se mencionó la posibilidad de hacer una lista única con Binner, pero (Carlos) Reutemann ha sido leal con Kirchner y no creemos que este sea el momento de hacer un zafarrancho. Ahora, el PJ santafesino tiene que cambiar de una buena vez...".

Sin embargo, las recurrentes apariciones del neblinoso Mario Pontaquarto en un medio de la ciudad de Santa Fe intentando pegar al Lole con los sobornos en el Senado de la Nación pone en alerta al ex gobernador. El arrepentido, antes de hacer su catarsis originaria en la hoy desaparecida revista TXT, visitó a Alberto Fernández para ponerlo al tanto de sus denuncias.

A pocos meses de los cruciales comicios de octubre, los dichos del ex asesor del radical José Genoud amenazan con mandar a la cárcel no solamente a seis ex legisladores sino también al mismísimo Fernando de la Rúa. Una curiosidad: el valijero Pontaquarto deberá estar en la Casa Rosada el 23 de septiembre para recordarle al juez Rafecas cómo fue la reunión en la cual De la Rúa le habría dicho a Augusto Alasino: "Arreglen con De Santibañes". Exactamente un mes después serán las elecciones legislativas en todo el país.

La nueva vuelta de tuerca en el caso de las coimas en el Senado, el anunciado regreso de los fondos de Santa Cruz y la destitución del juez Juan José Galeano forman parte de una sucesión de episodios que generan alivio en la Casa Rosada. Y no serán los únicos.

Mientras la batalla por Buenos Aires mantiene abierto el libro de pases de los intendentes del conurbano, el impresentable Luis D'Elía amaga con sacudir el camino al éxito. "En el kirchnerismo hay intendentes mafiosos", dijo sin pruritos el piquetero-diputado. "D'Elía es un afeminado", le respondió un caudillo territorial. Eso sí que es alta política.

Los cruces verbales, el traspaso de duhaldistas a las filas del oficialismo nacional y la participación de dirigentes que encarnan a la vieja política hacia el camino "transformador" que dibuja el presidente deja otra vez en evidencia la fascinación por Maquiavelo: no importa cómo, lo fundamental es llegar.

Kirchner levantó temperatura cuando el diario La Nación denunció el reclutamiento de beneficiarios de planes sociales para participar en los actos de campaña. Como siempre, a confesión de parte, relevo de prueba: "Yo apoyo al que me da las cosas para el distrito. Y ahora Kirchner me da lo que necesito", dijo a la revista Debate el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, quien durante el 2004 se fue a China y Japón y dejó a su madre, Santa Isabel González, al frente de la Municipalidad.

Tal vez para construir algo nuevo se necesite de lo viejo o, recordando una cita de los 70, no se esté buscando cambiar de perro, sino solamente de collar. Ya se sabrá.

Lejos de los garabatos que, día a día, escribe la vulgar clase política nativa, el 23 de octubre comenzará a delinearse la verdadera historia del gobierno nacional. Si Cristina logra una diferencia de 20 puntos sobre la volcánica Chiche Duhalde, el presidente ya no tendrá complejos de inferioridad y verá legitimado en las urnas el poder de fuego que Carlos Menem le apagó al escapar del ballottage. Esa posibilidad (que parece al alcance de la mano) escalda la piel de muchos peronistas, a quienes el estilo K les resulta pesadillesco.

Una victoria aplastante sobre la estructura duhaldista hará que el sureño tome como propio el estribillo de la canción de un mítico músico chileno: "Soy el jefe de jefes señores, y decirlo no es por presunción: muchos grandes ahora me piden favores, porque saben que soy el mejor. Han buscado la sombra del árbol para que no les pegue duro el sol".
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