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sábado,
09 de
julio de
2005 |
Los que quedaron al margen
En este proceso judicial cinco policías quedaron absueltos por falta de evidencia o favorecidos por un error durante la instrucción de la causa. Uno de ellos es el agente Cristian Segantini, a quien le imputaban las omisiones en el libro de guardia que luego se adjudicaron a la agente Gabriela Scaravilli, que sí fue condenada.
El sargento Ernesto Oscar Olmedo estaba acusado de ser quien, vestido de civil, mejicaneó al menor -le sacó lo que previamente había robado- antes de que quedara detenido. Este policía trabajó esa noche cubriendo servicios adicionales en el Concejo Municipal. Luego, una colega atestiguó haberle anunciado al jefe de la 1ª, Alfredo Porta Guardia, que Olmedo le había robado el botín a un pibe esa noche.
Pero el sargento fue el único del plantel de la 1ª que no fue reconocido por la víctima en las ruedas judiciales. Además su auto -un Fiat Duna Weekend color gris oscuro- no coincidía con el descripto por la joven y un testigo del arresto. Por eso, para el juez Ramos, las pruebas eran insuficientes. Por derivación también zafó su superior, el comisario Porta Guardia: se entendió que no pudo encubrir a un subordinado al que no se le probó delito alguno.
Otro policía que quedó exento de culpa fue el agente Diego Juárez. Lo habían procesado por golpear al chico detenido, lo que fue elocuentemente señalado por la chica. Pero no le habían atribuido esta conducta en la indagatoria. Cuando esto sucede se considera afectado el derecho de defensa. Por esto terminó absuelto. El mismo error procesal pesó en favor de Carlos Puchot, quien estaba acusado de no haber intervenido ante los gritos de la chica mientras era violada.
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