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 domingo, 26 de junio de 2005  
Schroeder inicia una incómoda visita a Bush con sabor a despedida
La tensión surgida por el "no" alemán a la guerra en Irak hace prever un encuentro con escasos logros

Washington. - Los neoconservadores norteamericanos no tienen pelos en la lengua. Quienes respaldaron la guerra de Irak en EEUU, Australia o Gran Bretaña han sido reelegidos, mientras que los detractores de la intervención armada en Francia y Alemania están al borde del abismo político, se felicitaba días atrás el ex asesor presidencial David Frum. Uno de aquellos "al borde del abismo", el canciller socialdemócrata Gerhard, Schroeder, inicia mañana la que probablemente sea su última visita como jefe de gobierno germano a Washington.

Las relaciones del gobierno de Schroeder con el mandatario norteamericano George W. Bush pueden ser catalogadas "en el mejor de los casos, de trabajo", opinan observadores diplomáticos.

Las tensiones surgidas por el "no" rotundo de Berlín a la guerra de Irak no han sido del todo superadas y volvieron a quedar patentes cuando Washington rechazó claramente las aspiraciones de Alemania de obtener un escaño permanente en el Consejo de Seguridad. Un comentarista del derechista canal de televisión Fox resumió lo que muchos piensan en el gobierno estadounidense. "A veces uno se pregunta si los europeos están en sus cabales", opinaba el presentador John Gibson, y pensaba en los alemanes. Washington es contrario a un asiento permanente para Alemania porque este país "desde el punto de vista meramente técnico es sólo un amigo", especificó. "¿Se creen que justamente nuestro gobierno, que fue pisoteado sin piedad en la guerra de Irak por políticos alemanes, apoyaría el ingreso de Berlín en el club más exclusivo del mundo?", se preguntaba indignado, recordando "cuán brutal y malvados fueron los alemanes antes de la guerra de Irak".


Mera cordialidad
Este no será el tono que domine las conversaciones entre Schroeder y Bush, pero ni las sonrisas ni la cordialidad que mostrarán ante cámaras lograrán ocultar el hecho de que esta reunión no arrojará resultados. "Schroeder no podía cancelar la visita porque necesita enviar al electorado alemán imágenes que lo muestren como estadista de rango", estima un diplomático germano sobre la situación del canciller, que pretende adelantar las elecciones generales para septiembre próximo tras sufrir su partido la peor derrota en comicios regionales. Ninguno de los dos mandatarios espera mucho del otro. Ni Bush cuenta con más ayuda alemana en Irak, ni Schroeder espera concesiones por parte de Washington en ámbitos como la lucha contra el cambio climático, que será un tema central de la cumbre del G-8 a principios de julio.

Bush y Schroeder abordarán la crisis de la Unión Europea. A este respecto, el ex secretario de Estado Henry Kissinger advirtió que "nunca han sido tan extremas las diferencias" entre EEUU y Europa. "Será difícil revivir el clima de camaradería que se nos perdió", vaticinó. Una de las razones sea, probablemente, el hecho de que Europa ha caído en la escala de prioridades de Washington, que sigue centrado en sus problemas internos.

El ex embajador estadounidense en Alemania John Kornblum se quejaba de la ignorancia de medios de prensa serios como el Washington Post que no había ni siquiera registrado el revés electoral de la socialdemocracia en Renania-Westfalia, que desembocará según las encuestas en un cambio de gobierno en favor de los conservadores.

La visita de Schroeder no tendrá casi resonancia en EEUU, donde muchos la ven como una despedida y esperan el cambio político en Berlín. "Bush se alegrará de ver nuevas caras y un eje franco-alemán menos activo", razona Stephen Szabo, catedrático de la Universidad de John Hopkins. "Sin lugar a dudas que será más fácil trabajar con los demócrata cristianos que con Schroeder", afirma el conservador Washington Times. (DPA)
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Schroeder con Bush en los festejos del 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra.

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