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 jueves, 03 de mayo de 2007  
No trascendieron, pero se dieron el gran gusto de convertir en un clásico
Alfredo Killer y Ricardo Santillán, ellos pudieron hacerlo
El defensor canalla quedó relegado por sus hermanos, pero hizo su gol frente a Newell’s en 1983. El delantero leproso marcó sólo un tanto, y fue justo ante Central en 1984

Javier Parenti / La Capital

Hay algo mejor que jugar un clásico? Sí, hacer un gol y ganarlo. No es fácil conseguirlo, pero ellos pudieron hacerlo. ¿Quienes? Alfredo Pablo Killer, que marcó el segundo de un 2 a 1 canalla en 1983, y Ricardo Francisco Santillán, que convirtió el tanto que abrió el camino al triunfo leproso por 2 a 1 en 1984.

Veintitrés años pasaron de aquellos clásicos y muchos futbolistas lucieron las camisetas más representativas de la ciudad, y entre todos ellos figuran protagonistas que no quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva. Es que el tiempo, la velocidad con que se vive y el perfil de cada individuo lleva al olvido involuntario.

No por ello sus historias dejaron de ser importantes. Por algo hoy asoma este recuerdo.

Alfredo Killer siempre quedó detrás de las imágenes que proyectaron sus hermanos mayores: Daniel, el Caballo, y Mario, el Colorado. Sin embargo, basta repasar los clásicos para darse cuenta que el Potrillo (por su parecido a Daniel) jugó 8 encuentros oficiales entre 1982 y 1984 (dos triunfos, dos empates y dos derrotas). Además, jugó en selecciones juveniles y también en la mayor, en los primeros partidos de la era Bilardo (1983).

Ricardo Santillán tiene otra historia. Pequeña, pero por demás efectiva. Su historial en la primera de Newell's dice que sólo jugó 8 partidos, nada más que un clásico, pero en ese cotejo gritó su único gol.

"No sabía para dónde correr a gritarlo. El gol fue en el arco que daba espaldas a nuestra hinchada, pero en vez de subirme al alambrado, como me dijo Vargas Ríos, salí para la mitad de la cancha porque estaba mi viejo y se lo fui a dedicar", rememoró Santillán.

Y Killer relató el suyo: "Yo sí encaré para atrás del arco, pero ahí estaban los de Newell's y mis compañeros enseguida me pararon y fuimos para el medio. No te imaginás lo que fue".

Ellos ni se acordaban, pero fueron rivales en el clásico del gol de Santillán, sólo que ese fue el penúltimo de Alfredo, porque cinco meses después fue la revancha del Metropolitano y Ricardo jugó de titular en reserva. Después llegó el descenso de Central y cada uno tomó distintos caminos.

De la Lepra, Santillán pasó por Almirante Brown (31 partidos y 3 goles, en 1985) y Argentino (en el salaíto jugó 14 y marcó 2 goles). De los canallas, Killer fue a Quilmes (6 cotejos y 1 gol, en 1986), pasó por México (Atlante), volvió para ir a Estudiantes (26 partidos en 1988/89), otra vez al exterior Nexa (México) y Toronto (Canadá), para también cerrar su campaña en el salaíto (1991 a 1993).

El Potrillo se dedicó luego a "dirigir las inferiores de Central, con un gran amigo como el Negro Palma, con quien sigo trabajando en Ibarlucea y aún soñamos dirigir al club de nuestros amores". Alfredo además hoy es padre de otro potrillito: "Gabriel juega en la 6ª y tiene futuro, también es marcador central, aunque empezó como 9 y don Angel Zof lo mandó atrás. Dijo que si era Killer y con su altura tenía que ser defensor. Como el más grande, Paulo, que juega en Bulgaria".

El Perro Santillán ("cuando llegué de Cañada de Gómez a todos les decía perro y me quedó a mi") tomó un camino por demás sorpresivo y, aunque suene increíble, vale la pena que lo cuente: "Después de jugar en Argentino mi representante (sí, ya había) prometió llevarme a España, Italia, pero pasaron seis meses y me cansé de esperar. Me fui a Buenos Aires, hice un curso de seis meses y me recibí de oficial fluvial". ¿Qué? "Capitán de barco. Sí, manejé barcos areneros durante 14 años, con recorrido entre Rosario y Fighiera. Eran doce horas por día por el Paraná y me desconecté del fútbol. Ahora dejé de navegar pero sigo en el rubro en Arenas Alzúa, en Pueblo Esther". Cómo será que dejó al fútbol a un costado que "mis hijos son tenistas, tienen 15 y 16 años y están ranqueados".

"Casi ni mis amigos saben que jugué en Newell's. Al principio me dio un poco de bronca que nadie lo supiera, pero enseguida pasó porque no sufrí dejar el fútbol. Ni voy a la cancha, pero claro que miro los partidos por televisión y quiero que siempre gane Newell's", cerró Ricardo.

A su turno, Alfredo dijo: "Yo soy distinto. No creo que pudiera vivir de otra manera que no sea en medio del fútbol. Voy siempre a la cancha a ver a Central, hasta me pierdo los partidos de mi hijo por ir al Gigante".

jparenti@lacapital.com.ar
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Killer y Santillán rememoraron dos clásicos de principios de los 80 en los que marcaron goles.

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