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 sábado, 24 de diciembre de 2005  
Vacaciones: ¿alivio o preocupación?

En pleno receso escolar de verano, algunos padres se sienten abrumados por la desocupación o reubicación de los niños. En lugar de enfrentar este período como una contrariedad se podrían descubrir en él innumerables oportunidades para enriquecer la formación de nuestros hijos y fortalecer vínculos filio-paternales.

Dentro de las actividades que aunque ya instituidas como propias de vacaciones no dejan de ser valiosas pueden mencionarse:

Actividades al aire libre.

Paseos en familia.

Espacios para escuchar y conversar

Encuentros y juegos con amigos

Acercamiento a la lectura recreativa

Paseos postergados: cine, teatro, museos y parques.



Sin embargo, podríamos proponernos, como padres, algunas metas adicionales. Por ejemplo, que los niños aprendan a disfrutar y valorar el merecido descanso. Asiduamente constatamos los riesgos de esta carencia en adultos inmersos en una vida laboral vertiginosa y asfixiante cargada de obligaciones de las cuales les es difícil desprenderse, y la que los lleva indefectiblemente al estrés con sus consabidas consecuencias. Si como adultos estamos afectados por una situación semejante, esta podría ser una buena motivación para implementar reajustes que promuevan nuestro bienestar y el de nuestros hijos.

Las vacaciones pueden convertirse en momentos oportunos para instalar o cultivar valores que favorezcan una armoniosa vida de relación. No habría que desaprovechar el estar un tanto más distendidos debido a la reducción de obligaciones y deberes escolares para alimentar una buena convivencia. Una forma de valorar lo que otros hacen por nosotros es ponernos en el lugar del otro.

El reconocimiento de lo que implica ser atendido diariamente en sus necesidades básicas se aprenderá con mayor facilidad cuando el niño tome protagonismo en esas tareas de las que recibe beneficios habitualmente. Para que sea eficaz el proceso, las actividades que se les encomendarán deberán ser simples, alcanzables, acordes a la edad y capacidad de los niños. Y, fundamentalmente, se deberán hacer cumplir las consignas encomendadas, de lo contrario, los efectos serán opuestos a los deseados. Es preferible metas acotadas pero que se concreten antes que palabras sin contenido. Para maximizar la situación nunca se deberían olvidar los elogios que reafirman la autoestima.

Este ejercicio simple hará que los niños aprendan a valorar lo que otros hacen por él (el no esperar una actitud servil aliviará tensiones en la vida de relación del grupo familiar.

Lejos de catalogar las vacaciones como una amenaza la podemos convertir en un campo fértil para educar a nuestros hijos lo mejor que podemos y disfrutar con ellos los progresos alcanzados.

Alicia Caporale

Licenciada en educación
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