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 domingo, 05 de junio de 2005  
Entre amigos para ver la selección
Sin emoción y elogiando los goles del rival, muchos rosarinos vieron el partido en la mesa del bar

Lucas Vitantonio / Ovación

Si bien la televisión abierta llevaba las imágenes del partido a domicilio (sin excepción), muchos rosarinos se volcaron a los bares para observar el encuentro ante Ecuador en pantalla gigante y, fundamentalmente, entre amigos. La modalidad de compartir los cotejos de la selección nacional con los compañeros de todos los días, mesa de café de por medio, ya se transformó en un ritual, que no varió en la tarde de ayer. En la previa, el cielo gris invitaba a dedicarle un par de horas a los muchachos de Pekerman. Eran las 18, un buen momento para solicitarle al mozo "un cortado con medialunas".

Sin exhibir camisetas albicelestes, ni la de los cuadros de la ciudad, la gente observó el desarrollo del juego con absoluta tranquilidad, sin morderse las uñas ni mucho menos.

En El Paso, Pellegrini y Paraguay, el 95 por ciento de las mesas estaban ocupadas por grupos de amigos. Un par de chicas solas también miraban de vez en cuando las imágenes que provenían de Quito, pero enseguida volvían a hablar de sus cuestiones. Claro que no podía faltar esa pareja de jóvenes acaramelados, a quienes los pases de Maxi Rodríguez o los intentos del Kily González no le preocupaban en lo más mínimo.

Recién a los 36 minutos del primer tiempo hubo una señal de que el motivo convocante era un partido de fútbol. Tévez habilitó a Galletti, pero el ex delantero de Estudiantes no pudo corregir la trayectoria del balón para abrir el marcador. La tribuna rosarina literalmente explotó, como si la bella Pamela David hubiera entrado al bar. Casi todos salieron disparados de sus asientos, se pusieron de pie y se llevaron las manos a la cabeza. El gesto clásico de que un gol así no se puede errar.

Y llegó el final del primer tiempo, algunos se animaron con una cerveza acompañada de papas fritas y otros aprovecharon para ir a ver si los niños todavía estaban en el pelotero.

Pero si la etapa inicial había sido aburrida, lo pero aún no había llegado. Los que rieron por el corte de pelo del pigmeo Lara cuando ingresó para jugar el complemento, un rato después tenían otro semblante. Es que a los 9' el pequeño futbolista rompió la red y del murmullo sobresalió una frase: ¡que golazo!

A continuación y como ocurre en toda derrota de cada mesa del bar salieron reproches. Uno de los más castigados fue Pablito Aimar, que nunca encontró claridad. Claro que luego de la entrada de D'Alessandro muchos comenzaron a extrañar al Payaso de Río Cuarto.

Sin perder los estribos la gente aguardó el epílogo del partido. Pero la historia estaba escrita y sobre el final llegó la segunda conquista ecuatoriana. El responsable fue el corpulento Delgado. Cuando ingresó la pelota al arco argentino hubo un silencio pronunciado, pero luego con la repetición la mayoría elogió el cabezazo del delantero.

Vino la expulsión de Cambiasso y el final. La tarde que había comenzado con la solicitud de "un cortado con medialunas", finalizó con otro pedido al mozo: "la cuenta por favor".
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